Eric
—Vuelvo en un segundo — aviso apenas terminamos de bajar las escaleras. Me detengo en seco y me giro para mirar a Eleanor.
—Eh...vale — asiente ella, aunque me dedica una mirada algo confundida.
—No me tardaré nada, en serio — le aseguro antes de encaminarme hacia la puerta.
Salí de la destilería a paso rápido. El auto estaba estacionado justo al otro lado de la calle y el atardecer ya estaba empezando a ceder terreno. El clima también había cambiado, volviéndose un poco más frío. No me gustaba la idea de dejar a Elle sola ahí dentro mucho tiempo, así que me moví con agilidad.
Agarro una chaqueta que siempre dejo en el asiento trasero y luego peleé un poco con la puerta del maletero, que siempre tardaba en ceder debido a los años y al óxido. Busqué entre las cosas el objeto que necesito hasta que mis dedos dan con el. Aquí esta. Lo guardo en mi bolsillo y cierro el maletero de un golpe, regresando a la destilería.
Cuando entro, la encuentro sentada en el mismo barril, con los brazos cruzados y la mirada perdida en el techo. Observaba cada rincón con atención, fascinada. Amaba eso de ella: esa capacidad de darle importancia a cosas que para otros podían ser insignificantes. Llevaba días queriendo traerla; este lugar era una parte de mi y, por lo tanto, ella tenía que conocerlo.
Me acerco y le extiendo la prenda.
—Ten, Shego. Hace frío.
Me siento en el barril a su lado, apoyando las manos a ambos lados de mi cuerpo, y me quedo observándola.
—¿Solo fuiste a buscarme una chaqueta? —pregunta, arqueando una ceja.
Suelto un bufido y me encojo de hombros con fingida indiferencia.
—Obviamente no —aseguro.
—Lo sé. Lo noto en tu cara, Eric. ¿Qué traes ahí?—insiste, y noto esa ansiedad curiosa que siempre me ha parecido adorable.
—Bien, vale —suspiro, sacando el objeto cuadrado de mi bolsillo con cuidado.
Eleanor clava la vista en mi mano de inmediato.
—¿Qué es eso?
—¿Esto? Una pequeña grabadora —explico. No puedo evitar que mi sonrisa crezca mientras giro el aparato para que aprecie los detalles.
—Parece algo... —empieza, pero se corta. Sé exactamente qué palabra tiene en la punta de la lengua.
—¿Antigua? Sí, exacto. Es una grabadora de casetes portátil.
Es de esas que tienen una fila de botones mecánicos y un micrófono pequeño unido por un cable en espiral. Para cualquiera sería un trasto viejo, pero a mí me fascinan estas cosas; las siento tangibles, especiales.
—Ya...¿Y qué piensas hacer con eso?
—Guardar recuerdos.
—¿Como con una fotografía?
–No, no exactamente —niego con la cabeza—. Las fotos son especiales, si. Pero el sonido es una locura, Eleanor. ¿Alguna vez has escuchado una canción que te recuerde a algo? Que te haga sentir, que te haga pensar...La mejor manera de revivir recuerdos , es escuchándolos.
Eleanor me mira con atención genuina, sus ojos fijos en los míos mientras hablo.
—Y yo, con esta grabadora, voy a registrar momentos que no quiero olvidar. Solo presiono en este botoncito que ves acá y los reproduzco. Así volveré a ese instante. El sonido te transforma de una forma que no puede una imagen, Elle.
Lo que no menciono es que esta grabadora es una de las pocas cosas que me mantiene atado a mi padre. No menciono que me la dio en mi cumpleaños número diez, poco antes de que todo se arruinara. Él la usaba para grabar a mi madre, para tenerla cerca incluso cuando no la tenía al lado.
Por eso es tan especial para mí. Él me regaló esto sin saber que sería su último regalo, que seria el fin de nuestra historia juntos. Y aunque yo no la usaría en un contexto romántico para grabar audios del amor de mi vida como él, la usaría para capturar la voz de la chica más especial que he conocido nunca.
—Tú vas a ser la primera persona en estrenar mi grabadora y mi nueva cápsula de recuerdos. Así que vamos, Elle. Di algo.
Noto cómo se muerde el labio inferior. Sé que está nerviosa; la conozco tanto que puedo ver el engranaje de su cabeza girando, como si le hubiera pedido que pintara la Mona Lisa.
—¿Algo como qué? ¿Quieres un discurso motivacional?
—No lo sé, lo que sea —me encojo de hombros—. Algo que quieras que el Eric del futuro no olvide cuando sea un viejo amargado, o simplemente la mayor estupidez que se te ocurra. Me va a gustar escucharlo igual.
—Pues... eh... —Eleanor titubea, evitando mi mirada. Presiono el botón y el pequeño led rojo se enciende, parpadeando.
—Anda, bonita. Tu puedes.
Ella suspira, rindiéndose, y se acerca un poco al micrófono.
—Hola, soy Eleanor y... estamos en un sitio abandonado. Es un poco tétrico, la verdad, pero tiene algo único —comienza, ganando seguridad.
Le arrebato el micrófono con una sonrisa ladeada.
—Aquí Eric, el mejor amigo de Eleanor. La he traído a este lugar "tétrico", y en este sitio lleno de moho y vete a saber qué más, guardaré mi primera grabación. ¿Algo más que declarar, Shego?
Eleanor sonríe, relajando los hombros.
—Ya no sé qué decir —susurra.
—Vaya, Eleanor se quedó sin palabras. Qué noticia tan decepcionante para la prensa.
Ella suelta una carcajada y me suelta un golpe en el hombro. Finjo un gemido de dolor mientras me sujeto el brazo con dramatismo.
—Pero qué agresividad, Eleanor.
—Eres un dramático de mierda, Eric.
—Y lo seguiré siendo hasta que digas algo que valga la pena.
—¡Vale! Dame eso —me quita la grabadora y se levanta de un salto, alejándose de mí—. Querida grabadora, Eric es un idiota.
—Oye, eso es difamación —me levanto para alcanzarla, pero ella es más rápida y esquiva mis manos mientras caminamos sobre la madera vieja que cruje bajo nuestros pies.
—¿Sabían que se comía los mocos hasta los once años? Es un dato súper importante —sigue hablando, divertida.
—Eso es una mentira y lo sabes.
—Claro que no. Y también se robaba los dulces que yo escondía bajo mi cama. Creía que no me daba cuenta.