I’m Still Here

Capitulo 12

Eric

— Llegó la policía, Elena. La policía —remarca Daniel, gesticulando con los brazos con un dramatismo ridículo.

Ruedo los ojos mientras Eleanor sonríe, escuchando la anécdota del chico... una que yo he tenido que aguantar unas mil veces desde que este idiota llegó a la ciudad. Ni siquiera parece inmutarse por el hecho de que Daniel insista en llamarla «Elena».

— Así que tan malo fue —responde ella, apoyando las manos sobre la mesa.

— Mucho. Por eso estoy aquí. La fiesta fue un desastre monumental y mis padres me castigaron enviándome con mi tío.

— ¿Por cuánto tiempo? —inquiere ella con curiosidad.

— Indefinido —respondo yo antes de que Daniel pueda abrir la boca para inventar una versión más poética.

Él me dedica una mirada de indignación fingida, pero yo solo me limito a darle un trago a mi bebida, observando de reojo la dinámica entre los cuatro. O entre ellos dos exactamente, ya que Genevieve apenas y ha abierto la boca.

— Yo nunca he hecho una fiesta en casa —comenta Eleanor mientras se lleva una cucharada de helado de vainilla a la boca.

— ¿Tienes amigos para eso?

Mi pie choca con fuerza contra su tobillo por debajo de la mesa, sacándole un quejido seco de dolor.

La pregunta de Daniel no sonó malintencionada. Solo curiosa y sin filtro alguno, pero de igual manera nadie con sentido común pregunta cosas así.

Así que intenta arreglarlo al instante, abriendo los ojos de más al notar mi amenaza silenciosa.

— Me refiero a que... perdón si soné mal —se apresura a decir, alzando las manos en son de paz—. Es solo que, como eres vecina de Eric y ya sabes, ustedes dos paran juntos para todos lados, supuse que no tenías muchos...

— La estás cagando más, idiota —lo interrumpe Genevieve, rompiendo por fin su silencio con una voz fría y tajante.

Eleanor se remueve ligeramente en su sitio. Sin embargo, termina dedicándole a Daniel una sonrisa pequeña y cargada de ironía.

— Tienes razón, no soy muy sociable como tú —responde con total tranquilidad—. Aunque si me preguntas, prefiero eso a tener amigos que tengan sexo en la cama de mis padres.

No puedo evitar sonreír de lado, apoyando la espalda contra el asiento. Cómo adoro a esa chica.

Daniel, lejos de ofenderse, suelta una risotada ruidosa que hace que un par de personas en la heladería se volteen a mirarnos.

— Me caes tan bien, Elena —admite, negando con la cabeza entre risas.

— Debo irme.

Genevieve se levanta de la mesa de golpe, sin siquiera haber terminado la mitad de su helado. Frunzo ligeramente el ceño, intrigado por su reacción repentina, mientras Eleanor se gira hacia ella de inmediato.

Noto cómo sus labios se fruncen ligeramente, divididos entre la preocupación y el deseo silencioso de que su amiga se quede un poco más. Conozco a Ele como la palma de mi mano; sé que, aunque a veces pretenda mostrarse distante o fuerte ante los demás, se vuelve profundamente apegada a la gente que aprende a apreciar. Siempre ha sido así.

— ¿Está todo bien? —pregunta Eleanor, haciendo el ademán de ponerse de pie—. Te acompaño a afuera.

Apenas las chicas salen de la heladería, me vuelvo hacia Daniel.

— Explícame qué fue eso.

Él ni siquiera se inmuta. Mantiene la mirada fija al frente, llevándose una cucharada de helado a la boca con parsimonia.

— No sé de qué hablas —responde con una simpleza extraña de el.

— Y yo soy Elvis Presley —resoplo. ¿En serio me toma por tonto?

Daniel suelta una sonrisa ligera, sin perder la compostura en ningún momento.

— ¿Él no está muerto? Mi tío se la pasa viendo documentales de ese señor.

— Somos amigos, ¿no?

— Cuando te conviene —apunta con suave ironía.

— Exactamente —asiento—. Así que explícame. ¿Eran amigos? ¿Exnovios? ¿Se liaban?

Él parece pensarlo un segundo, dando vueltas a la cuchara en la taza antes de mirarme con total serenidad. Su tono es tranquilo, casi divertido.

— Conocidos —repite con firmeza, adoptando la misma palabra que usó ella—. Tal como dijo. No sabía que eras tan curioso, bonito.

—Aja.

Decido no preguntar más al respecto, aunque la curiosidad me picaba. Y es normal: literalmente la primera amiga que me presenta Eleanor conoce a mi amigo y parece que lo odia. Obviamente quiero saber qué mierda pasó entre ellos, pero ya me lo dirá luego. Daniel a veces habla de más sin darse cuenta.

— Mejor dime, ¿Elena tiene novio?

Oh, eso sí que no.

De todo lo que puede pedirme o preguntarme, eso no entra en la lista.

— Eleanor —lo corrijo de inmediato, endureciendo el tono—. Y a ella ni la mires.

— ¿Por? —pregunta Daniel, arqueando una ceja con diversión.

— Genevieve te miró como si fuera a asesinarte solo por respirar cerca de ella. Me caes bien, pero no me fío de ti.

— En todo caso, tendría que fiarse ella, ¿no? —responde él, desviando la mirada hacia afuera donde Eleanor habla con Genevieve en la cera—. Y creo que le caigo bien.

Sonrío de lado, apoyando los antebrazos sobre la mesa y acomodándome un poco más cerca de él.

— No juegues con el poco aprecio que te has ganado, Daniel —digo en voz baja, sin perder la calma pero mirándolo fijamente—. Con Eleanor no te

equivoques. Mueves un pie hacia donde no debes y se me acaba la paciencia rapidito.

— Bromeaba —asegura él de inmediato.

Y antes de que pueda reaccionar, me da un toque rápido en la punta de la nariz con el índice. Un toque. Me quedo rígido un segundo, frunciendo el ceño por completo mientras lo miro con cara de ¿en serio acabas de hacer eso?

— No es mi tipo —añade con una sonrisa de lado, alzando las manos—. Toda tuya, bro.

Echo la cabeza hacia atrás y arrugo la frente, pasando de la advertencia a la pura confusión en menos de un segundo.

— ¿Me acabas de tocar la nariz?

— Es una linda nariz —dice sin más, tomando otra cucharada de helado como si nada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.