Eleanor
—...y recuerden que la correcta dosificación no solo previene complicaciones, sino que es la línea entre una recuperación rápida y un error crítico en el área de urgencias. Con eso cerramos el bloque de hoy. Para la próxima sesión, entraremos de lleno en la hoja de observaciones de signos vitales, así que les sugiero que repasen la lectura previa.
El sonido metálico de las sillas arrastrándose contra el suelo rompe la monotonía del salón en un segundo.
Todos comenzaron a guardar sus cosas a toda prisa, apresurados por huir antes de que el profesor añadiera algo más. Hice lo mismo: deslicé mis cuadernos dentro del bolso antes de ajustar la correa sobre mi hombro, lista para salir junto con Alison entre la multitud de estudiantes.
Pero una voz detuvo mi paso antes de llegar a la puerta.
—Señorita Harris.
Me detuve en seco y miré disimuladamente a ambos lados, asegurándome de que se dirigía a mí.
Era un profesor nuevo y estaba segura de no haber hecho nada para llamar la atención en su primera clase. Al darme la vuelta, lo vi hacer un gesto vago con la cabeza indicándome que me acercara mientras él también se levantaba de su escritorio.
—Ya salgo —le murmuré a Alison, quien asintió antes de cruzar el umbral.
Caminé con paso lento hasta detenerme frente a su lugar. Pararme a solas frente al escritorio de un profesor que no conocía me producía esa típica incomodidad social; esa rigidez tonta de no saber muy bien dónde poner las manos o qué cara poner mientras esperas a que hablen. Me detengo a un metro de distancia, manteniendo las manos dentro de mis bolsillos.
—Señor.
—Oh, dime Alaric. Me haces sentir más viejo de lo que soy —responde con un tono cálido y una sonrisa amable mientras acomodaba su maletín—. Dije bien su apellido, ¿no? Harris. Eleanor Harris.
Asiento ligeramente, manteniendo una postura educada pero neutral.
—Prefiero llamarlo profesor —le contesto con cordialidad—. Y sí, así es mi nombre. ¿Necesita algo exactamente? ¿Hice algo mal en la clase?
El profesor soltó una risa suave y se ajustó las gafas sobre el puente de la nariz. Tenía un aire muy profesional y cercano, del tipo de docente accesible que busca generar confianza desde el primer día. Probablemente tendría la edad de mi padre.
—Para nada, no hiciste nada mal. De hecho, al revisar las actas antes de empezar el semestre, noté que tienes de las mejores notas de la carrera. Quería ponerle cara al nombre de una estudiante tan dedicada.
—Muchas gracias. Trato de dar lo mejor —asentí, un poco más relajada al ver que era un gesto positivo, aunque deseando internamente que la charla terminara.
Él ladeó un poco la cabeza, mirándome con atención meticulosa, como
si estuviera intentando averiguar algo. Mis pies se movieron ligeramente bajo su inspección.
—¿Sabes? Me pareces conocida de alguna parte —comenta con curiosidad genuina—. ¿No nos habremos cruzado antes por la calle o en algún seminario?
—Lo dudo —respondo de forma sencilla, buscando en mi memoria sin encontrar nada—. No suelo olvidar las caras fácilmente. Creo que lo recordaría.
—Ah, claro. Seguro te estoy confundiendo con alguien más —admitió con una sonrisa comprensiva, haciendo un gesto desinteresado con la mano—. Lo siento, no quería hacerte perder el tiempo ni hacer que te sientas acorralada en tu primer día. Seguro tus amigos te están esperando afuera.
—No se preocupe —le dediqué una pequeña sonrisa de cortesía—. ¿Eso era todo?
—Sí, eso era todo —responde amablemente, haciéndose a un lado para dejarme el paso libre—. Que tengas un buen día, señorita Harris.
—Igualmente, profesor.
El aire del pasillo se sintió un poco más ligero apenas dejé atrás la puerta del salón. Alison me espera recostada contra la fila de casilleros, cruzada de brazos y con una ceja ligeramente alzada. Se viene un interrogatorio.
—A ver, dime qué fue todo eso —soltó en cuanto estuve a su alcance, tomándome del brazo para empezar a caminar hacia la salida—. ¿Ya te ganaste el odio del nuevo?
—Para nada —dije, ajustándome la tira de la bolsa sobre el hombro mientras esquivábamos a un grupo de chicos en el pasillo—. Solo quería confirmar mi nombre y decirme que revisó mis notas del semestre pasado. Y... que le parecía haberme visto en alguna parte.
Ella rueda los ojos.
—Típico. El primer día y ya tienes al profesor fichándote como la alumna estrella—se aleja del casillero para pararse a mi lado—. Igual, qué raro eso de que te conoce, ¿no?
—Seguro me confundió con alguien más —murmuro mientras comienzo a caminar con ella a mi lado hacia la salida—. En fin, no importa. ¿Vamos a buscar algo de comer antes de la siguiente clase?
Nunca había ido a almorzar con Allison después de clases en todo el tiempo que llevamos conociéndonos, pero la verdad hoy no me apetecía comer sola.
—¡Por fin dices algo bueno hoy, Elly! —exclama, cambiando el chip al instante mientras se acomodaba los broches del pelo—. Me estoy muriendo de hambre.
***
—Pensé que hoy era día de galletas y no estás en la cocina.
Levanto la mirada un segundo de los libros sobre la mesa para mirar a Sophie, que acaba de entrar a la sala agarrada del brazo de Oliver.
—Y yo pensé que no venías hoy. Además, las galletas eran para cuando no tenía que estudiar.
—¿No entraste a clases apenas esta semana? —pregunta Oliver, acercándose a la mesa. Toma una de mis libretas de anotaciones y su rostro se convierte en una mueca a medida que pasa las páginas—. Esto se ve bastante complicado, Nor.
—Seguro mucho más que hornear galletas —remarca mi hermana, sentándose a mi lado. Al igual que su prometido, toma uno de mis libros de Anatomía.
—Basta de tocar mis cosas —digo, levantándome de la silla. Tantas manos en mis apuntes me dan un tic nervioso que no puedo controlar. Oliver suelta la libreta de inmediato al igual que Sophie, y yo reúno todo para hacerlo a un lado.