I’m Still Here

Capitulo 16

Eleanor

Besé a Eric.

Lo repetí en mi mente al menos unas cien veces desde que abrí los ojos, esperando desesperadamente que fuera solo una pesadilla producto del alcohol. Pero no lo era. Besé a mi mejor amigo. Y no sabía qué era peor: haber actuado como una tonta anoche, o el martilleo insoportable que amenazaba con partirme el cráneo en dos partes.

Apreté los dientes y batí con más fuerza la mezcla de pancakes, haciendo que el metal del batidor resonara con rabia contra los bordes del tazón.

¿Cómo se supone que voy a mirar a Eric a la cara después de lo que hice?

—¿Puedo saber qué haces despierta a las seis de la mañana?

Oliver aparece en el marco de la cocina arrastrando los pies como un oso perezoso que acaba de salir de su cueva. Se pasa una mano torpe por el cabello revuelto mientras me habla con voz pastosa por el sueño. Lleva puesta su pijama de cuadros y tiene los ojos tan hinchados que parece que la cama se levantó junto a el.

Lo ignoro al principio, clavando con más fuerza el batidor en la mezcla.

—Eleanor, llegaste hace apenas unas horas. No es momento de hacer desayuno. ¿Qué te pasa?

Se acerca a la encimera y toma el tazón para alejarlo de mí, haciendo que algunas gotas de la mezcla de pancakes salten a todos lados. lLevanto la vista por fin, aunque cierro los ojos un momento, enterrando las manos en mi cabello cuando el dolor de cabeza desea aparecer más fuerte. En esa misma posición, comienzo a hablar.

—¿Nunca has hecho algo estando borracho? ¿Algo de lo que te arrepientas totalmente porque es una completa locura y porque nunca lo hubieses hecho sobrio? Algo tan... tan malo que podría ocasionar un desastre del tamaño de un puto elefante. Algo terrible que podría arruinar años, Oliver. Algo tan... tan...

—¿Mataste a alguien? —me interrumpe, tomando una de las fresas que había sacado para los pancakes.

—¿Qué? Obviamente no.

—¿Y recuerdas cada detalle?

Me pongo a pensar un segundo. Recordaba la mayoría de la noche, sí. Aunque en fragmentos algo borrosos y sin sentido, como pequeños saltos de un lado a otro.

—Pues sí.

—Entonces no fue tan malo —asegura—. Estas fresas están deliciosas. Haz esos pancakes.

Lo observo llevarse el tazón de fresas con tanta tranquilidad que siento la necesidad de pegarle con algo sin detenerme a pensar en si Sophie me mataría después.

—Besé a alguien —suelto.

Oliver abre los ojos de más al instante, con una fresa a medio camino de la boca, mirándome como si le hubiera dicho que, efectivamente, sí maté a alguien.

—Oh, mierda. Te besaste con Eric.

El cuchillo al lado de la tabla se ve absolutamente tentador.

—Eso no... claro que-... no fue... —tartamudeo antes de, en un impulso, pegarle el batidor de metal en el hombro—. ¿Cómo estás seguro de que fue con él?

Él se sujeta el hombro con la otra mano, soltando una risa entre una mueca de dolor.

—O sea que sí fue con él. Tampoco estaba tan seguro, solo me arriesgué a que cometieras homicidio.

Estoy desesperada.

—¡No te rías! No lo entiendes. Me emborraché de más, canté una canción de Katy Perry y luego bajé a besarlo. Me le tiré encima como una... una...

—Gata.

—¡Y lo besé! No nos besamos. Yo lo besé... Y él se alejó.

Eso lo recuerdo perfectamente. No sé de dónde mierda se me pasó por la cabeza que tenía que besarlo en ese momento, pero lo hice. Y él solamente me tomó de la cintura y se alejó de mí como el caballero que siempre ha sido.

Seguro debe estar enojado conmigo. Seguro no volverá a hablarme nunca.

—Oye, si te preocupa que Eric esté enfadado contigo o algo parecido, lo dudo —me asegura como si leyera mis pensamientos—. Cuando te trajo a casa no parecía estar enfadado. Creo que estaba algo... descolocado.

Me quedo en silencio, procesando las palabras de Oliver.

—¿Descolocado? ¿Eso se supone que es bueno? —cuestiono.

De repente, él frunce el ceño y da un par de pasos hacia atrás, alejándose de mí.

—No lo sé, Nor. Ni siquiera debería estar hablando de esto contigo. Si tu hermana se entera, va a extorsionarme hasta que le suelte todo. No sé guardarle secretos.

—¿Cómo te extorsionaría? —pregunto antes de poder contenerme. Pero al instante en que miro su expresión, me arrepiento—. Olvídalo, no me lo digas. Y por favor, no le digas nada a Sophie.

—Trataré. Solo porque me caes bien y se volvería loca si se lo digo.

No es que no confíe en Sophie, claro que lo hago. Pero sé que si le cuento lo que pasó, se volvería loca y comenzaría a conspirar al respecto. Además, tampoco planeo contárselo a nadie más, ni siquiera a Genevieve.

Si ella no hubiera desaparecido anoche, nada de esto hubiera pasado y ahora estaría tranquila, solo sobreviviendo a la resaca.

Decidí contárselo a Oliver por puro impulso. Él inspira una confianza inmediata, aunque no sé exactamente por qué. Seguro es porque, en cuanto lo ves, te das cuenta de que es un chico amable, con un aura tan simple y tan lejos de malas intenciones que es imposible no llevarse bien con él. Sé que no le contará nada a Sophie, diga lo que diga.

—Deberías emborracharte más seguido. Me gusta este desayuno —dice Sophie mientras come un pedazo de pancake.

Todos estábamos alrededor de la mesa, disfrutando del desayuno que preparé tan temprano por la mañana. Que, por cierto, era una cantidad exagerada porque perdí la cuenta de cuántos hice en medio de mi pánico.

—No digas esas cosas—la reprende mi madre aunque no puede disimilar una sonrisa divertida. Bien. Ahora se burlaban de mí.

—No lo van a olvidar fácil —asegura mi padre, logrando que la mesa quede en silencio. Se limpia la comisura de los labios con la servilleta antes de mirarme—. ¿Cómo va la universidad, cariño? Casi no nos has contado nada.

Suelto un suspiro contenido. Odiaba hablar de la facultad, pero hablarlo con mi padre era peor. La conversación siempre se volvía rígida, como si caminara sobre cristal: cada palabra tenía que ser calculada para no decepcionarlo.




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