Su madre, que ya se ha ido a la cocina, deja a su hija sola en su habitación con ese brote aún pinchándole con una fuerza terrible. Ella va debajo de su cama, donde guarda sus zapatos, para alistarse antes de que llegue el transporte de la escuela.
Se agacha tocando el brote, el cual ya está completamente rojo por tanta insistencia. Abre la caja de sus zapatos; los guarda como si fueran nuevos, los limpia todos los días, los pule y les quita cualquier granito de tierra que se les pegue.
En cuanto la va abriendo, nota algo brillante dentro. Ahí están los zapatos, relucientes como con una brillantina blanca o fosforescente en la oscuridad. Se los coloca uno a uno, solo que en el derecho siente una molestia, como si una cucaracha estuviera dentro o, quizá, solo una pequeña piedra. Al meter su mano para sacar el objeto, sus ojos se quedan mirándolo fijamente como si fuera un tesoro. Bueno, es un tesoro a sus ojos.
Es un collar hermoso, transparente, sin color ni luz. Solo la cadena y el objeto: un pequeño diamante con la forma de lo que parece ser una diminuta persona. Se queda observándolo detenidamente mientras el collar gira o se mueve. El pitido de un coche marca la hora de irse a la escuela. Se coloca el collar; una rareza encontrada en su casa. Más tarde preguntaría de quién era o qué hacía ahí, pero eso sería después, porque ahora tenía que ponerse el zapato e irse corriendo a la puerta.
Su madre le da su lonche en la mano, dándole un abrazo y una bendición para que todos los santos la protejan hoy y que todo salga bien. Ella se despide de su mamá con mucha alegría, con una sonrisa de oreja a oreja. Abre la puerta de su casa para ver el transporte de color amarillo, con la cara de una persona desconocida observándola y saludándola.
—Buenos días —saluda Shimer.
—Primer día, ¿estás nerviosa? —pregunta la mujer que está al volante, mientras las puertas del transporte se cierran detrás de ella.
—Un poco.
—No es tan difícil, solo diviértete y los días se pasarán volando. Cuando abras los ojos, verás que ya estás cerca de la universidad —chasquea los dedos y comienza a conducir—. Eres la primera que recogeré, eres la que vive más lejos.
—¿De verdad? Eso me gusta un poco —sonríe y se acomoda en su asiento, justo detrás de la conductora.
Ve a las personas caminando afuera en la carretera, comprando la verdura del día o la carne que comerán hoy; las señoras están ahí comprando líquidos para limpiar el hogar, otras agarradas del brazo, seguramente chismorreando sobre algún vecino.
La luz de día parece ser tan bueno para aprovecharlo siempre.
Un pinchazo en el cuello la hace reaccionar. Toma su collar para verlo de cerca. No brilla, no tiene luz, solo es transparencia, pero no parece de plástico y mucho menos un diamante común. ¿Cómo podrían costearse una joya tan hermosa si apenas pueden tener la despensa llena de comida?
Los otros estudiantes entran. La observan y luego saludan a la conductora; parecen mucho mayores que ella. Para Shimer es su primer día; para las demás, solo otro día después de unas vacaciones largas.