Imperios - Alma & Acero

CAPÍTULO 26

La gran plaza de Nova Roma se extendía ante Magno, con el imponente bastión central como telón de fondo. Ante una multitud expectante, Magno se erguía con autoridad, irradiando poder y determinación.

"Hoy, mis queridos encargados, daremos un paso hacia la grandeza", proclamó Magno con voz atronadora, dirigiéndose a los presentes. "Les pido a todos los controlados que busquen refugio, que dejen las calles a los libres. Hoy los purgaremos, nos libraremos de ellos".

Mientras Magno pronunciaba estas palabras, aeronaves se posicionaron sobre la ciudad, eclipsando el cielo. En un espectáculo siniestro, las compuertas de las aeronaves se abrieron, y desde ellas descendieron gladiadores, guerreros controlados con la única consigna de asesinar a los libres.

La multitud, inicialmente expectante, se sumió en un caos de gritos y confusión. Los gladiadores avanzaban con ferocidad, persiguiendo a los libres presentes en la plaza. Algunos vitoreaban la brutal medida, mientras que otros gritaban horrorizados ante la inminente tragedia.

La violencia estalló en las calles de Nova Roma. Los gladiadores, sin piedad, comenzaron a atacar a los libres presentes en la plaza. La sangre manchaba el suelo, y la multitud se dispersaba, corriendo para evitar ser alcanzada por la masacre. Magno, con una sonrisa satisfecha, contemplaba la escena como si fuera una obra maestra. La brutalidad desatada en la plaza era parte de su visión para purgar Nova Roma de lo que consideraba una amenaza: los libres.

Churchill, parado detrás de Magno, observaba la escena con una expresión de sádico deleite. Era un hombre gordo y morboso, con una gran barriga que se balanceaba cuando caminaba. Sus ojos estaban inyectados en sangre, y su boca babeaba mientras hablaba.

"Magno, esto es magnífico", dijo Churchill. "La ciudad está llena de sangre. Pronto, todos los libres serán eliminados, y Nova Roma será un lugar seguro para los controlados".

Magno asintió con satisfacción. "Así es", dijo. "La purga no ha terminado. Esto será así en todo el territorio. Libres, no se oculten. Entreguense, caigan ante los brazos de la especie dominante. Primero será limpiada la capital, después cada uno de ustedes, mis hermosos portadores de almas fuertes. Pronto podrán salir a las calles sin presencia de basura”. La violencia estalló en las calles de Nova Roma. Los gladiadores, sin piedad, comenzaron a atacar a los libres presentes en la plaza. Los gritos de dolor y terror se mezclaban con el sonido de las espadas y los escudos.

Un hombre libre, desesperado, trataba de proteger a su esposa e hijos de los gladiadores. Pero los guerreros controlados eran demasiado poderosos. El hombre libre fue asesinado a golpes, y su familia fue arrastrada a la plaza para ser ejecutada.

Una mujer libre, herida y sangrando, trataba de escapar de los gladiadores. Pero fue alcanzada y apuñalada por la espalda. Su cuerpo cayó al suelo, y su sangre se mezcló con la de los demás caídos.

La masacre continuó durante horas. Los gladiadores no mostraban piedad. Mataban a todos los libres que encontraban, sin importar su edad o sexo.

Cuando la violencia finalmente cesó, la plaza estaba llena de cadáveres. La sangre manchaba el suelo, y el aire estaba impregnado del olor a muerte.

Magno, con una sonrisa triunfal, se dirigió a la multitud. "La purga ha sido un éxito", proclamó. "Los libres han sido eliminados, y Nova Roma es ahora una ciudad segura para los controlados".

La multitud vitoreó a Magno. Algunos lo alababan por su dureza, mientras que otros lo temían.

Pero Magno no estaba satisfecho. Sabía que aún quedaban libres en la ciudad. Y estaba decidido a encontrarlos y eliminarlos a todos.

Churchill se adelantó a Magno. "Ahora, mis queridos controlados", dijo, "quiero que escuchen con atención. Quien entregue un libre que se esté escondiendo será gratificado. Quien esconda un libre será castigado. Será importante el apoyo del pueblo bueno, del pueblo verdadero que coopere en el exterminio de la basura".

Churchill se detuvo para saborear sus palabras. "La sangre de los libres nos purificará", dijo. "Nos hará más fuertes. Nos hará superiores".

La multitud vitoreó a Churchill. Algunos lo alababan por su dureza, mientras que otros lo temían.

Magno sonrió. Sabía que Churchill era un aliado valioso. Era un hombre sin escrúpulos, que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para lograr sus objetivos.

La purga continuó durante días. Los gladiadores recorrieron las calles de Nova Roma, buscando a los libres. Cualquiera que fuera encontrado era asesinado sin piedad.

La ciudad se convirtió en un lugar de terror. La gente vivía con miedo constante, temiendo que en cualquier momento pudieran ser atacados.

Los libres que pudieron escapar de la ciudad se refugiaron en los bosques y montañas. Pero estaban siendo cazados por los gladiadores, que no se detendrían hasta que los hubieran exterminado a todos.

Magno aparece en los aparatos holográficos, vestido con una armadura negra y dorada. Su rostro está lleno de determinación y odio.

Magno: "Mis queridos controlados, La purga de Nova Roma ha sido un éxito. Los libres han sido eliminados, y nuestra ciudad es ahora un lugar seguro para los controlados.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.