Capítulo 28
LOS VI A TODOS IRSE POR CAMINOS SEPARADOS. Robert, primero, caña en mano, tomó el sendero hacia la playa. Luego Víctor se marchó en su coche, y un poco después, Sally se alejó pedaleando en una de las bicicletas de la cabaña con una cesta de alambre colgada de la rueda trasera.
Regresé a la cabaña. En mi día de compras en Margate me había comprado un bikini; no una prenda tan sensual como la que había llevado en mi primer día en Watamu, pero aun así una pieza escandalosa y sin sentido. Algo para ponerme cuando estuviera a solas con Víctor.
Decidí ponérmelo ahora.
Con atención, miré la hora. Una hora, había dicho Sally. El tiempo era crucial. Sally no debía llegar ni demasiado temprano ni demasiado tarde.
Los nervios me atenazaban. Todas las mujeres eran seductoras; eso pensaban los hombres de esta familia. Era un papel que yo nunca había interpretado.
Por fin llegó la hora de ir a la playa.
Robert estaba de pie sobre unas rocas, con la caña en la mano. Lo observé un momento antes de quitarme la camisa ligera que cubría el bikini.
—¡Robert! —grité.
Él se giró y sonrió al verme.
—Hola, Erika.
Intenté adoptar una pose segura, como una modelo. Robert me miró fijamente, y su expresión cambió.
Le hice un gesto.
—Baja.
—¿Has pescado algo? —pregunté cuando se acercó.
—Aún no.
—Voy a tomar el sol. Me siento sola sin Víctor y Sally. ¿Por qué no me acompañas?—La mirada de Robert recorrió lentamente mi cuerpo.
—No parece mala idea.—Extendí la toalla sobre la arena y me tumbé. ¡Funcionaba! Pero no sentía triunfo, era mas incomodidad. Gracias a Dios, Víctor no estaba allí.
Cuando Robert se sentó junto a mí, percibí el interés en sus ojos.
—Así que no te gusta estar sola —comentó.
—A ninguna chica le gusta.
—Pensé que desde que te casaste no tendrías oportunidad de sentirte sola.
Su tono era amable, pero había algo más debajo de sus palabras.
—¿Por qué no me hablas de ti, Erika? —preguntó.
Aquello me desconcertó.
Yo había imaginado otra escena. Sally apareciendo mientras Robert intentaba besarme. Todo claro, rápido, definitivo. Pero la realidad nunca seguía un guion perfecto. Me giré boca abajo sobre la toalla.
—Hay aceite bronceador en mi bolso —murmuré—. ¿Quieres ponerme un poco?
Hubo un pequeño silencio.
—Como quieras.
Desató el bikini por la espalda y sentí el roce de sus dedos sobre mi piel.
Un escalofrío de rechazo me recorrió.
Víctor debería estar haciendo aquello.
Solo Víctor.
—No llego a los tirantes —susurré.
Robert los bajó lentamente de mis hombros.
Date prisa, Sally.
Los dedos de Robert comenzaron a extender el aceite por mi espalda.
—¿Así es como te gusta? —preguntó en voz baja.
Cada segundo me hacía sentir peor. Pero seguí adelante...Tenía que hacerlo por mi hermana.
Los dedos sobre mí eran expertamente sensuales; no era la primera chica a la que Robert había aceitado, ni sería la última. Podía sentir sus muslos rozando mi piel desnuda, y no hacía ningún esfuerzo por hablar; de alguna manera, su silencio me desconcertaba.
Porque os lo habéis ganado...
Mañana, doble actualización. Dos capítulos consecutivos.xx
Editado: 12.06.2026