CAPÍTULO 8: EL TRIBUNAL DE LOS PECADOS
POV: SOFÍA BLACKWOOD
El estrado de madera de la corte de Gloucester se siente como un patíbulo. El juez Harrison, un hombre de setenta años con ojos que han visto demasiadas ruinas familiares, observa los expedientes con una indiferencia que me aterra.
A mi derecha, el Sr. Hedges, nuestro abogado, ajusta sus gemelos con nerviosismo. Frente a nosotros, el Sr. Sterling, el representante de los Vance, es una extensión de la misma Nora: impecable, costoso y letal.
—Señoría —comienza el Sr. Sterling, levantándose con la parsimonia de quien ya sabe el veredicto—. No estamos aquí para discutir sentimientos, sino documentos. La Sra. Blackwood firmó voluntariamente una cesión de tutela absoluta a favor de mi cliente, la Sra. Vance. Una firma ratificada ante notario. Cualquier alegato de "confusión" es un insulto a la inteligencia de esta corte.
—¡Protesto! —exclama Hedges sin levantarse—. Mi cliente fue inducida a error bajo la premisa de acuerdos sucesorios. Fue un fraude procesal.
—¿Tiene pruebas, Sr. Hedges? —interrumpe el juez sin levantar la vista—. ¿Grabaciones? ¿Testigos independientes?
—No, Señoría, pero...
—Entonces ahorre tiempo al tribunal. Procedamos con el interrogatorio de las partes. Sra. Vance, al estrado.
Nora camina hacia el estrado. No me mira. Jura decir la verdad con una mano firme sobre la Biblia.
—Sra. Vance —pregunta el Sr. Sterling—, ¿obligó usted a la Sra. Blackwood a firmar?
—En absoluto —responde Nora, su voz es seda fría—. Se le explicó que, dada su situación de insolvencia y la inestabilidad que ha demostrado, la seguridad de Bianca requería una tutela blindada. Ella aceptó.
Hedges se levanta para el contrainterrogatorio. —Sra. Vance, ¿es cierto que usted expulsó a la madre de la menor de su hogar apenas horas después de obtener la firma?
—Expulsé a una mujer que ya no tenía vínculos legales con la propiedad y cuya conducta emocional ponía en riesgo la paz de la menor —sentencia Nora, mirando al juez—. Bianca sufre terrores nocturnos. Dice ver "regalos" que no existen. Necesita orden, no una madre que solo busca asegurar un lugar en el testamento de mi hermano fallecido.
—Gracias. Puede bajar. Sr. Blackwood, al estrado.
Isaac se levanta. Su presencia es el último clavo ardiendo al que me aferro.
—Sr. Blackwood —dice Hedges—, ¿cuál es su posición respecto a la custodia de su sobrina?
—Mi posición es que la Mansión Vance es un mausoleo —dice Isaac con voz ronca pero firme—. Nora Vance es una gestora eficiente, pero Bianca es una niña, no un activo financiero. Ofrezco la residencia Blackwood para equilibrar esa rigidez. Mi hermana Sofía está cometiendo errores, sí, pero está bajo tratamiento.
—Sr. Blackwood —interrumpe el abogado de Nora, Sterling, con una sonrisa depredadora—, ¿está usted ofreciendo una casa donde vive una mujer —Sofía— que, según los informes policiales, intentó agredir a la Sra. Vance hace apenas cuarenta y ocho horas? ¿Es ese el entorno "seguro"?
Isaac aprieta la mandíbula. —Eso es mentiral, los informes han sido manipulados.
—¿Tiene pruebas, Sr. Blackwoods? —interrumpe el juez sin levantar la vista—. ¿Grabaciones? ¿Testigos independientes?
—No, pero los encontrare. Con mas razón Bianca necesita un entorno familiar. Mejor que un búnker de cristal.
—Sra. Blackwood, al estrado —ordena el juez.
Siento que las piernas me fallan. Camino hacia el lugar donde mi dignidad terminará de morir.
—Sra. Blackwood —dice Sterling, acercándose a mí—, sea honesta. Usted firmó ese documento porque creía que le garantizaba acceso a la herencia de Erik Vance, ¿verdad?
—Yo... yo quería proteger a Bianca —balbuceo.
—Responda a la pregunta. ¿Leyó el documento o estaba demasiado ocupada calculando los ceros de su cuenta bancaria?
—¡No es así! —sollozo—. ¡Nora me engañó!
—Lo que es "así", Señora Blackwood, es que usted es una mujer desheredada, divorciada y, según su propio hermano, en tratamiento psiquiátrico —Sterling se gira hacia el juez—. Una madre que vende la custodia por dinero y luego se retracta cuando el cheque no llega no es una madre. Es una oportunista.
El juez golpea el mazo. El silencio es sepulcral.
—Dada la validez legal de la firma, la tutela principal queda ratificada a favor de Nora Vance. Sin embargo —el juez hace una pausa, mirando a Isaac—, este tribunal no permitirá que una menor sea usada como botín de guerra. Se concede una custodia compartida temporal entre Nora Vance e Isaac Blackwood. Bianca residirá en períodos alternos de quince días en cada propiedad. La Sra. Sofía Blackwood tendrá derecho a visitas diarias únicamente en la residencia Blackwood, supeditadas a la entrega mensual de sus informes psiquiátricos.
Salgo de la sala sintiendo que el techo se me cae encima. He pasado de ser la dueña de los Cotswolds a ser una madre bajo vigilancia, una indigente emocional que depende de su hermano y de un informe médico.
Nora sale poco después. Se detiene un segundo frente a mí, mientras su abogado le abre la puerta del coche.
—Felicidades, Sofía —susurra Nora, con una voz que solo yo escucho—. Ya tienes tus quince días. Asegúrate de que el psicólogo no descubra que tu única enfermedad es la ambición.
El coche de Nora arranca, levantando el polvo del camino. Me quedo sola en el frío de la tarde, entendiendo que he recuperado a mi hija por la mitad, pero me he perdido a mí misma para siempre.
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POV: MILA
Mis manos tiemblan mientras recojo los restos de la nota de Erik. La he hecho pedazos, tan pequeños que las palabras "estoy decepcionado" ya no son más que confeti de papel. Tomo el jarrón y la rosa roja y los lanzo al contenedor exterior antes de que las luces de un coche iluminen la entrada. No voy a permitir que esto entre en mi casa. No voy a dejar que Erik Vance gane hoy.