Impío

44.

Capitulo 44

POV: Caleb

El crujido constante de las pisadas sobre la grava de la entrada me tenía con los nervios a flor de piel desde hacía al menos dos horas. Asomé la cabeza con cautela por la esquina del gran ventanal del salón. Había dos hombres Corpulentos con traje oscuro y auriculares de cable trenzado patrullando el perímetro del jardín, y otros dos apostados justo al lado del portón principal.

Llevaba la mano aferrada al teléfono, a punto de llamar a la policía o de bloquear las puertas con todo lo que encontrara a mano, cuando la pantalla se iluminó en mis manos con un mensaje de Mila.

Mila: Caleb, le dispararon a Lucien. Está grave en la UCI. Ocurrió anoche.

Apreté los dientes, sintiendo que un frío helado me recorría la espalda. Mis dedos volaron sobre el teclado.

Caleb: Eso explica por qué la casa está llena de seguridad. Me asusté, pensé que era un asalto.

Mila: Iré en unas horas... ¿Crees que puedas...?

Caleb: Mila, créeme que me siento tranquilo aquí con ellos, de otra forma no pudiera estar en paz. Si alguien le hizo daño a Lucien, ¿quién quita que no quiera dañar a los niños?

Mila: ¿Tú crees que eso pueda pasar?

El pánico de Mila traspasaba la pantalla. Pude imaginarme perfectamente su rostro pálido al otro lado de la línea.

Caleb: Si Erik Vance molestó a quien no debía, y empezaron con el hermano, Alexander y Bianca son los próximos.

Mila: Voy para allá...

Caleb: No, encárgate de averiguar qué está pasando realmente. Estamos en contacto.

Mila: Por favor no los pierdas de vista... Nadie entra.Te llamo apenas sepa algo.

Bloqueé el teléfono y me lo guardé en el bolsillo de los vaqueros. Exhalé una bocanada de aire lenta, intentando recomponer la postura y suavizar las facciones del rostro antes de girarme.

Al fondo del pasillo, las risas amortiguadas de Alexander y Bianca resonaban desde la sala de juegos. Estaban ajenos a todo: a los cirujanos peleando por la vida de su tío en un quirófano, a los guardias armados que custodiaban el césped y a la sombra invisible que parecía estar devorando a la familia Vance pedazo a pedazo.

Caminé hacia ellos, cerrando la puerta del jardín con un clic definitivo y echando el cerrojo por dentro.

No iba a quitarles el ojo de encima ni un solo segundo.

****

POV: Sofía Blackwood (tercera persona)

La sala de entrevistas de la Jefatura de Policía de los Cotswolds era pequeña, fría y completamente impersonal.

Una mesa metálica.

Tres sillas.

Una grabadora.

Y el sonido constante del reloj de pared marcando unos segundos que parecían no avanzar nunca.

Sofía permanecía sentada con la espalda recta.

Las muñecas aún rodeadas por las esposas.

No había pronunciado una sola palabra desde que la habían llevado hasta allí.

Ya no pensaba en la acusación.

Ni siquiera pensaba en ella misma.

Solo en Lucien.

En si habría empeorado.

En si habría abierto los ojos.

En si alguien estaría acompañándolo.

Porque ella no podía hacerlo.

La puerta se abrió de golpe.

—Mi clienta no responderá ni una sola pregunta más.

Sofía levantó la cabeza.

Durante un instante creyó que estaba imaginándolo.

—¿Isaac...?

Su hermano cruzó la habitación sin detenerse. Llevaba el traje arrugado, la corbata mal anudada y el cabello revuelto, como si hubiera salido de casa sin preocuparse por nada más que llegar hasta allí.

Dejó el maletín sobre la mesa.

Sus ojos descendieron inmediatamente hasta las esposas.

La expresión de su rostro se endureció.

—Quítenselas.

Uno de los agentes carraspeó.

—Señor Blackwood...

—Mi clienta ha colaborado en todo momento. No ha intentado huir, acaba de recibir el alta médica tras sufrir un accidente y ustedes mismos la trasladaron desde un hospital. No existe riesgo procesal que justifique mantenerla esposada durante esta entrevista.

El inspector sostuvo su mirada unos segundos.

Finalmente hizo un gesto al agente.

El clic metálico de las esposas resonó en la habitación.

Sofía se masajeó lentamente las muñecas.

Isaac tomó asiento a su lado.

Durante unos segundos no dijo absolutamente nada.

La observó.

Tenía el rostro lleno de pequeños hematomas, un corte sobre la ceja y una sudadera azul demasiado grande para ella.

Parecía una niña perdida.

No la mujer que la policía acababa de señalar como sospechosa.

—¿Cómo estás?

Ella sonrió con tristeza.

—¿Tú cómo crees?

Isaac desvió la mirada.

No respondió.

Porque no existía una respuesta que sirviera.

Volvió a convertirse en abogado.

—Quiero ver el expediente.

El inspector deslizó la carpeta sobre la mesa.

Isaac comenzó a leer.

Informe médico.

Cronología.

Fotografías.

Declaraciones.

Su rostro permanecía completamente inexpresivo.

Hasta que llegó al apartado de testimonios.

Frunció ligeramente el ceño.

Pasó otra página.

Y volvió a detenerse.

—¿Qué ocurre? —preguntó Sofía.

Isaac no respondió inmediatamente.

Leyó otra vez el mismo párrafo.

Después levantó la vista hacia el inspector.

—¿Esta declaración ya fue verificada?

—¿Cuál?

Isaac giró lentamente la carpeta hacia él.

—La de la señora Beatrice Blackwood.

El inspector bajó la vista.

—Sí.

Fue tomada esta mañana.

Isaac volvió a leer en voz alta.

—"Desde aproximadamente las cuatro de la tarde hasta el comienzo de la gala benéfica permanecí junto a lady Nora Vance supervisando los preparativos del evento."

La sala quedó en silencio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.