NIKOLAS
El aire de afuera se adentra al interior del auto cuando Bryan abre la puerta. Lukas entra en silencio aferrado a su mochila. El silencio se propaga, pero no es incómodo. Esta ha sido nuestra rutina y la he respetado por él.
Pongo una mano en su hombro y él voltea a verme. Una mirada melancólica, con pequeños vestigios de expectativa. Mirada que mantiene desde que perdió a sus padres y yo a mi hermano.
—Tuve una reunión en otra ciudad. Fue una emergencia —explico.
Él asiente con la cabeza indicando que comprende, pero no quita la pena.
—Ordenaré tu comida favorita hoy —procuro recompensarlo, aunque soy consciente que todavía debo resolver el asunto del personal. Debido al mi agenda apenas tengo tiempo de prepararme algo y un niño en crecimiento no calma su apetito con lo mismo.
Después de unos minutos el auto se detiene frente a las verjas lisas. Estas se deslizan cuando Bryan aprieta el botón del auto e ingresamos a la propiedad. El silencio y la ausencia de domicilios cercanos, cumple con las expectativas de privacidad que tenía cuando compre la casa.
—Ve a tu habitación y empieza tu tarea —indico y este sale corriendo escaleras arriba.
Esta vez tengo que percatarme de que cumpla con sus responsabilidades académicas. Tuve que pagar un generoso adicional para que el director de esta escuela hiciera vista gorda de sus bajas notas del segundo grado. Imagina, segundo grado y un mal promedio.
Bryan aparece en la entrada para anunciarme que el pedido está listo y debe salir para recogerla. Sabe muy bien que no me simpatiza la presencia de extraños en mi propiedad.
—Volveré en treinta minutos —avisa.
—Perfecto.
—Y aquí tiene lo que me pidió —me pasa el sobre café que llevo esperando desde ayer —. Lamento la demora, fue difícil conseguir cierta información.
—Tienes la excusa de la mudanza esta vez, pero de ahora en adelante debes volver a ser puntual.
—Lo sé. Debo marcharme.
Dejo el sobre en mi oficina sintiendo el poder balanceándose en mis manos. Subo las escaleras hacia el segundo piso y me acerco a la habitación de Lukas. Está sentado frente a su escritorio haciendo tareas. Hace lo que entiende y el resto me tocara a mí más tarde.
Jamás pensé en tener hijos y aquí estaba. Haciendo malabares entre mis negocios y Lukas.
Siempre solucionando los desastres de mi hermano.
La última vez que nos vimos fue hace dos años. Le dije que debía asumir las consecuencias de su vida y me fui por mi lado. Pensamos que, con el matrimonio finalmente cambiaría, pero por lo que dijeron los investigadores, y sabiéndose solo, nuevamente tomo la salida fácil.
Lukas no lo sabe.
Y prefiero que sea de esa forma.
Tomo una ducha y cambio mi ropa. Bryan ha regresado a tiempo y deja la comida en la cocina. Llamo a Lukas e indico al hombre que se retire. Mañana tenemos otro día ocupado.
Lukas baja y se sienta en silencio. No pide, tampoco se queja. Mantiene la vista baja y come como si hacer ruido fuera ilegal. Apenas pruebo mi comida y espero a que él se termine la suya.
—¿Tienes tarea pendiente? —cuestiono —. ¿Matemáticas? ¿Ciencias?
Niega con la cabeza.
—Francés —es lo único que responde.
Ni como ayudarlo.
—Procura terminar lo que comprendas. Si alguna otra clase se te dificulta puedo buscarte reforzamiento en alguna academia privada.
—No quiero ver personas. Ya no quiero ir a la escuela.
—Lukas ya lo hablamos. Necesitas desenvolverte…
Corta mis palabras dejando abruptamente el tenedor sobre el plato para marcharse. Mi paciencia se agota y solo lo dejo pensar que no voy detrás de él. Espero un tiempo y como lo esperaba ha regresado a su escritorio.
Por lo menos no busca meterse en problemas. Toco la puerta y sin ingresar le doy instrucciones.
—A la cama en una hora —él asiente y vuelve a lo suyo sin siquiera mirarme directamente a los ojos.
Cierro la puerta y suspiro.
Recuerdo que era un niño alegre y muy elocuente, demasiado. La pérdida abrupta de sus padres claramente le afectaría y las visitas al psicólogo parecen no estar teniendo un buen resultado.
He estado pensando en contratar una ama de llaves, una niñera, pero la soledad en los últimos años me ha hecho demasiado hermético. Pensé que tendría que dejar a Bryan en la ciudad y hacerme cargo de las emergencias por mí mismo. Era la única alternativa visible por el momento. Nos mudamos hace un mes y cuando de mi privacidad se trata tengo mis exigencias.
Me dirijo a mi estudio y tomo asiento frente a este. Observo el sobre con ironía y lo abro encontrando información de quien pensé era un fantasma.
Busco las fotos de inmediato y confirmo que es ella. Su rostro no ha cambiado mucho. Recuerdo detallar en secreto en la forma de sus labios y admirar la suavidad en sus gestos. Sin embargo, su mirada, definitivamente, no es como antes. Parece que decidió dejar de vivir entre la duda y la vergüenza.