Injusticias (№1)

∆Capitulo 1∆

Después de la tediosa clase de química, el chico de cabellos castaños oscuros decidió limpiar sus lentes. El pañuelo iba con lentitud por el vidrio, aunque extrañamente las gafas estaban pulcras. Alguien a distancia podía darse cuenta que aquella acción era solamente para ganar tiempo, siendo que sus dos amigos lo esperaban afuera del curso.

—¡Vamos, Lennox! —Apuraba uno de los dos. Era rubio de ojos verdes. Mantenía una postura despreocupada contra el marco de la puerta.

Lennox levantó su mirada hacia él, guardando el pañuelo. Pronto se puso sus lentes, para luego levantarse e irse con ellos. Salieron hacia los pasillos. Muchos jóvenes se paseaban por ahí, hablando cotidianamente con sus amistades. El chico castaño no podía evitar notar la desastrosa vestimenta del rubio. Lenny no tiene mucho criterio sobre moda pero su amigo –con esa actitud tan despreocupada– podía ponerse cualquier cosa antes de ir a estudiar. La bermuda con medias un poco grandes como las de futbolistas, con un diseño ciertamente extraño. No llevaba el uniforme completo, junto con el cabello desordenado.

—Por estas cosas nadie se junta con nosotros, Helen —Se resignó el chico.

—Sí, lo sé. Además de que ustedes dos sean bestias.

La palabra pegaba duro en el pecho.

—Y tú eres un mamarracho —Dijo Lennox en defensa.

Helen se rió bajo, para luego mirar al único que no estaba hablando aquél instante: Lois. Era el perfecto contraste de Helen. Pelinegro con cabello que cubría un poco sus orejas, de rasgos delicados y ojos oscuros. Un caminar tan felino, tanto que cautivaba a primera vista. No llevaba zapatillas, solo zapatos marrones bien lustrados. Uniforme completo, impecable. Tenía una hermosa acentuación en sus palabras.

En aquellos momentos, se encontraba pensativo. Taciturno, consumido por pensamientos que no decía.

—¿Qué decían? —Preguntó Lois de pronto, mirando a ambos.

—¿Qué te ocurre? —Cuestionó Helen.

Ojos verdes se encontraron con ojos oscuros. El pelinegro no supo responder ante semejante pregunta.

—Yo... Simplemente no estoy de buenos ánimos estos últimos días.

Contestó de una vez. Lennox entendía a qué se refería, así que debería hablar después con él. Desvió su atención hacia un chico que estaba sentado en un banco sin respaldo, dando pataditas al aire. Empezó a detener muy de a poco sus pasos, y Helen se dió cuenta de inmediato, mirando al punto en que su amigo fijó como próxima travesura...

—Será épico —Comentó el rubio, sonriendo de lado.

Lois miró a ambos, deteniéndose también.

—Es una muy mala idea —Advirtió. Pronto, tomó del hombro a Lennox —. Lenny, no por favor.

El castaño asintió, poniendo una cara de inocencia inmediatamente. Así, decidieron continuar su marcha. Pero el muchacho no borró sus intenciones: poseía Telequinesis, y a niveles difíciles de imaginar. Su picardía de adolescente hizo que, con ayuda de su poder, casi sin concentrarse utilizara aquella fuerza sobrenatural para empujar al chico que estaba sentado, haciéndolo caer para atrás.

El golpe se oyó fuerte contra el mármol, dándose cuenta inmediatamente que utilizó más de su poder del requerido.

—Lennox... —Murmuró Helen mirando hacia atrás —. Lo acabas de desmayar, idiota...

Lois agarró de los hombros a su amigo de cabello castaño oscuro, observando como se formaba un enjambre de gente alrededor del inconsciente.

—Eres demente —Repetía el pelinegro, agarrando con fuerza a Lenny.

«Lo sé»

Quiso decir el chico antes de que la directora se acercara allí. Helen y Lennox comenzaron a correr a toda velocidad, mientras que Lois se desvaneció como sombra, desplazándose por el suelo con rapidez.

Umbraquinesis.

La directora, por su lado, observó a los muchachos corriendo. Supo tan de inmediato que ellos causaron el desastre.




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