Durante las vacaciones de invierno, Garaolla se llena de la energía juvenil de todos los estudiantes que por dos semanas no tendrán que ir a clases. Algunos disfrutarán de todos los días, con frio o días soleados con el colorido paisaje invernal blanquecino, otros, simplemente se quedan en sus hogares disfrutan de las consolas o durmiendo. Típico de adolescente.
Sin embargo, lo que ocurre en una cafetería cerca del centro es digno de un anime japonés. Una multitud de chicas y un grupo de chicos se quedan afuera observando detrás de los vidrios del local. Observan como el ambiente del café se tensiona y envuelve a dos figuras trascendentales.
Luca se reúne con una persona difícil de encontrar y a su vez, difícil de convencer. Su nombre es Elizabeth, alguien por demás famosa en la escuela para señoritas de “Mone Lafertte Saint-Etiene”, institución conocida por ser una escuela que busca reincorporar a señoritas con malos historiales y que se puedan emplear entre otras cosas, en la industria textil, así como decoración de interiores, cocina y por supuesto, artes marciales.
Joel observa como las chicas a su izquierda tiemblan, peor hay una en particular que se queda firme con sus manos juntas y la mirada fija en Elizabeth. Mientras que, por el lado de ellos, todos se quedan confiados de que saldrá todo bien.
El joven sostiene una duda legítima y que ninguno de los dos grupos deja escapar:
-¿Por qué hay tanta tensión? Ellos parecen conocerse ¿verdad? -pregunta Joel sin dejar de mirar como incluso los meseros intentan no acercarse mucho.
-El…hecho de que estén juntos en el mismo lugar, es un indicativo de que Eli ha accedido a eso. No porque sean amigos. -responde una de las chicas de nombre Sofia.
-Joel. -exclama Pablo.
-¿Huh? -se da media vuelta Joel.
-Cuando éramos pandilleros, había tantas bandas que si nos cruzábamos se podría convertir en una batalla sin cuartel. Nosotros fuimos los demonios del sur. Fuimos temidos y gobernamos Garaolla pero…había alguien que incluso era más fuerte que Sebastián y podía rivalizar con Luca en batalla. -explica Pablo.
-¿Es ella? -pregunta Joel.
Pablo asiente.
-Cada vez que ellos dos se encontraban en el mismo lugar, era un indicativo de que las cosas podrían irse de las manos. No solo ella es tan salvaje como cuando Luca era pandillero…-continúa explicando Pablo.
-Era. -interrumpe una chica pequeña, pero con la firmeza que incomoda a todos a su alrededor de nombre Ana.
-¿Cómo? -pregunta Palbo.
-Elizabeth era así. Ahora es una chica asombrosa, gentil, amorosa y leal. No la compares con su yo anterior, por favor. -responde Ana.
Pablo se queda observando unos momentos, hasta que sonríe y dirige la mirada hacia Luca.
-Con que ella también transitó por el mismo camino que tú, amigo. -piensa Luca.
-Es algo muy bueno ¿verdad? -pregunta Joel, volviendo a llevarse las miradas de todos incluso la de Ana. -Es decir, cambiar y ser mejor persona. Incluso aquellos que para los demás no tienen esperanza, es cuando más se esfuerzan por mejorar. Ese es el valor que merecen ¿no? -añade con la sonrisa y cálida mirada que no pasa desapercibida por nadie.
La firmeza de Ana se quiebra y libera una sonrisa cómplice y asiente con su cabeza.
Dentro de la cafetería, el gerente se queda expectante ya que los clientes se sienten incómodos por la presión que emiten esos dos adolescentes.
Elizabeth sostiene su taza de café amargo y una medialuna a su derecha la cual agarra con delicadeza y mantiene lejos del pequeño palto blanco junto a la taza. Luca, por su parte, se había pedido un chocolate caliente con tostado de jamón y queso.
Ninguno de los dos intercambia miradas y eso es lo que más pesa.
Nadie sabe si habrá pelea o una conversación, lo que sí es seguro es que no será un intercambio amistoso. La rivalidad mantenida durante años es tan fuerte que cuesta liberarse de ello, hasta que un leve gesto retrocede toda animosidad:
-¿Quieres probar mi tostado, Elizabeth? -pregunta Luca.
Elizabeth levanta su mirada llena de sorpresa y allí ve una mirada distinta en Luca. Ya no es una mirada de ojos filosos, llenos de fuego y oscuridad violenta, sino de alguien con brillo, esperanza y puro amor, y por, sobre todo, desprendido de todo aquello que alguna vez lo apartó de la vida normal.
Durante unos largos segundos, Elizabeht se queda prendida de la mirada de Luca, buscando un ápice de aquella ferocidad que lo volvió una leyenda, pero nada encuentra.
-¿Elizabeth? -exclama Luca y vuelve a ofrecer la mitad de su tostado el cual sostiene en una mano.
-Oye, nunca la ofrezcas comida a una dama con las manos sucias ¿si quiera te lavaste las manos? No olvides que antes fuiste al baño. Qué horror. -responde Elizabeth con una marcada distancia.
-Oh, pero sí, me las lavé. -responde Luca mientras ríe a carcajadas.
Los ojos de Elizabeth se abren de par en par cuando ve reír a ese chico con quien enfrentó incontables veces, acabaron ensangrentados y destruidos sobre el barro. Ahora lo ve sonreír como un chico normal.
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Editado: 14.06.2026