Al día siguiente, Luca le cuenta acerca de su reunión con Elizabeth a Soledad. Ella, en un principio, no se lo toma a gusto puesto que representa de muy mal gusto tener que decidir cosas a sus espaldas, pero en cierta forma valora que se lo diga.
-Cielos, Luca. ¿Entonces judo? ¿es necesario? -pregunta Soledad.
-En vista de lo que pasó, no quisiera que corras más peligro. Por favor, entiende. -pide Luca.
-Es que cuanto más lo pienso, más me parece que no es necesario. Tengo que mantenerme en mi palabra de no usar la violencia para absolutamente nada. Luqui, no es por aparentar ni nada de eso, sino que represento un símbolo. -explica Sole en la comodidad del escritorio en su cuarto.
-Si, lo entiendo, créeme. -dice Luca y se sienta en el borde de la cama de Soledad. Pero cuando recuerdo lo que pasó, yo no puedo evitar…sentirme destruido. Me siento culpable de lo ocurrido.
La mirada de Luca baja hasta el suelo. Frota sus manos muy nerviosamente.
Soledad nota ese cambio de ánimo en su pareja, así que sonriendo avanza hasta él. Se agacha y toma sus dos manos mientras apoya suavemente la frente contra la cabeza de él.
-Te preocupas demasiado por mí, amor. -exclama ella.
El chico solo asiente con su cabeza.
-Me llena de alegría saberlo. -dice Soledad.
-Se que te pido mucho, pero solo haz el intento ¿sí? -pide Luca.
Sole extiende sus dos manos hacia las mejillas de Luca y lo besa brevemente. Luego se pone de pie y lo impulsa a levantarse para dirigirse a la cocina que se encuentra bajando por las escaleras.
En el camino, se encuentran con Beatriz quien intenta ofrecerles gaseosa, pero los dos jóvenes se apresuran antes de que la madre pudiera terminar la frase. La mujer ve con expresión feliz de ver tanta juventud desparramarse por toda la casa. Y ver feliz a su hija, es un hecho que le llena de gratificación.
Ya en la cocina, un lugar espacioso con una mesa central de marfil con sillas estáticas, Soledad busca en el refrigerador algunos bocadillos que consisten en brochetas de la noche anterior, un poco de ensalada y algunas albóndigas y una botella de cola. Luca ayuda con lo más pesado.
El chico busca dos vasos de vidrio para servir el contenido dentro.
Una vez se preparan para comer en la cocina, Soledad continua con la conversación.
-Haaa, creo que tienes razón, amor. Lo mejor es aprender judo para seguridad. -dice Soledad.
-¿Segura? No te sientas obligada. -exclama Luca.
-No quisiera, esa es la verdad, pero al mismo tiempo ¿Cómo podría ser tan irresponsable al preocupar a las chicas, mis padres y a ti? Tengo que aprender a defenderme. Pero lo haré con una condición -reconoce Sole.
-¿Cuál? -pregunta Luca.
-Solo voy a aprender a defenderme. Nada más que eso. No quiero usar la violencia para herir a la gente sino evitar que yo o cualquier persona sufra. Como tú. -eso último hace que ella se sonroje de solo decirlo.
-Claro, no podría ser de otra manera. -dice Luca muy feliz.
-¿Cuándo empiezo? -pregunta ella.
Luca siente un gran alivio al escuchar esas palabras.
Toma con su mano derecha el vaso de vidrio lleno de gaseosa cola y da un sorbo corto.
-Leila quiere que vayamos mañana al parque “Leonel Lazza”. -responde Luca.
-¿Cómo es ella? ¿será dura? ¿o quizás menos exigente? -pregunta Soledad.
-Que buena pregunta. -suelta Luca.
-¿He? ¿no la conoces? -pregunta Soledad con expresión de preocupación.
-Si, conozco a Leila, pero no como instructora. -responde Luca.
-Ahora sí que estoy preocupada. -suspira ella.
-Tranquila, solo concéntrate lo que te diga y todo saldrá bien. -consuela Luca.
Luca extiende su mano hasta la de ella y la aprieta con dulzura. Ambos intercambian una cálida sonrisa antes de continuar con el almuerzo.
Al día siguiente por la tarde fresca y ventosa, Soledad se reúne con Leila mientras que Luca decide dejarlas solas a ambos para entrenar. Leila ya se presenta con ropa de judoca junto a una estatua en el centro del parque. Soledad con un conjunto de gimnasia que consiste en un buzo y jogging.
-H-Hola, soy Soledad. Mucho gusto. -se presenta con nerviosismo.
-Igualmente Sole. Espero que puedas aprender de mí. -exclama Leila. Una brisa revolotea su cabello obligándola a acomodárselo.
Soledad observa la belleza natural de una chica poco femenina pero que en su vestimenta de judoca ve una mujer fuerte y decidida.
-Antes que nada, quiero que me respondas unas preguntas, si te parece. -exclama Leila.
-Si, pregunta. -dice Soledad.
-¿Es esto lo que en verdad quieres? -pregunta Leila.
-¿Qué? -pregunta Soledad confundida.
La pregunta descoloca a la chica.
No sabe que responder. Quizás sea alguna prueba. Quizás sea la curiosidad de Leila. Nada es seguro. Abre su boca para poder responder.
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Editado: 23.06.2026