Intenté no amarte...fallé

Capítulo 2

Mi primer día de trabajo ha sido duro. Sobre todo con lo de los despistaje médicos y atendiendo a todos aquellos que tienen algún problema neurológico. Pero increíblemente se ha sentido bien. Me mantengo ocupado y mi mente no trae a colación, el pasado.

 

Salgo del consultorio médico y comienzo a dirigirme a la otra actividad que realizare, es construcción. Tenemos que construir varios refugios y casas a personas que no tengan y aunque nunca lo he hecho, fue la siguiente actividad en donde quise participar.

 

Cuando estoy saliendo del consultorio me tropiezo con alguien. Una chica de cabello oscuro. —Buenas tardes, Kat. —sonrío cuando el apodo que le di, sale de mis labios.

 

Me da una mirada fulminante y lo que me hace es causarme más risa, trata de intimidarme pero lo que parece es un gatito miedoso tratando de hacerse el fuerte. Por ello el apodo.

 

—No me llames así. —espeta. —Además no sé qué tienen de buenas.

 

No entiendo porque me odia tanto pero es divertido hacerla enojar. Ella se está comportando como una porquería, pero lejos de molestarme, me llama más la atención.

 

— ¿Eres así con todo el mundo o conmigo nada más? —pregunto tratando de entenderla.

 

—Creo que solo soy así con los zopencos que lo merecen. —ella se quita del miedo y antes de que pueda responder, se va y me deja solo.

 

Llego a la zona de construcción y uno de los encargados me explica que voy a hacer. Y luego de un tiempo voy entendiendo y me dejo llevar por la actividad que estoy haciendo.

 

***

 

Ha pasado una semana desde que llegué a Puerto Príncipe, he increíblemente me ha ido bien. En estos días me he sentido más relajado, es como cuando iba a la universidad y todo era bromas y risas. No tengo que preocuparme por el pasado ni por el futuro, solo en el presente

 

Vivo haciendo enfadar a Katya. Ella no soporta que le diga ese sobrenombre que le puse. Y aunque no me soporte y se esté comportando como una perra, ella es una de las mejores cosas que me ha pasado desde que estoy aquí.

 

Cuando llegó hoy. Su cabello negro estaba es una coleta desordenada, se veía joven como de veinte años pero su madurez al hablar me hace pensar que tiene más. Sin embargo hay ocasiones en donde actúa como una niña de tres añitos.

 

Es de noche y estoy aburrido como una ostra. No todo es lo más perfecto. Es sábado y hay algunos que se reunieron para festejar el fin de semana yo no quise por lo que decidí salir a caminar a una playa cercana para despejarme y buscar una manera de entretenimiento. Me llevo mis audífonos y recuerdo el tiempo que bromeaba con Amelia por su obsesión a escuchar música a toda hora, pero de alguna manera la comprendo. Te libera. Mis gustos musicales son de todo un poco y no tengo preferencia por ningún artista. Solo sé que escucho una canción y si me gusta la obtengo.

 

Veo el mar y hacía mucho tiempo que no estaba en una playa. Prácticamente desde mi adolescencia. Esta iluminada por la luna y es fácil la visibilidad, por lo que decido quitarme los zapatos y caminar sobre la arena. Esta esta tibia y suelta por lo que se siente bien en mis pies.

 

Sigo distraído hasta que noto una figura en la playa, su pelo se mueve con el viento y sé que es una mujer. Ella se queda mirando con la vista fija hacia la marea y no se percata que la estoy mirando. Desde la distancia se ve que es hermosa y es una vista casi hipnótica. Pareciera que salió de un cuento de hadas.

 

No sé en qué instante tome la decisión de ir hacia allá, pero me acerco a ella y me siento a su lado a hacerle compañía, no sabía de mi hasta que voltio hacia mí y la vi. Katya.

 

Ella no dice nada y devuelve la vista hacia el frente, no está llorando. Solo esta como recordando y aunque no lo crea, sé cómo se siente. Los recuerdos nos golpean cuando menos lo esperas.

 

Antes de quitar su mirada pude notar un rastro de tristeza, de esa que se llevan en fondo de nuestro ser, que nos persiguen en todo instante. Me pregunto ¿Qué pudo haberle robado la felicidad de su mirada?

 

Estamos ambos en silencio e inexplicablemente es un silencio cómodo. No hay que rellenar con palabras vacías, solo estar callados. Y el único que se encarga de romperlo es el sonido de las olas.

 

Su pelo golpea mi cara y desprende un olor delicioso a rosas. Ella lo nota y comienza a hablar. —Lo siento. —se recogió el pelo con una coleta que tenía en su muñeca.

 

—Descuida. —hago un ademan con la mano para quitarle importancia. — ¿Qué te trae por acá, Katya?

 



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En el texto hay: perdon, amor, dolor

Editado: 07.01.2023

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