Isabella

6. La Loca-Lucy

Loca-Lucy era el apodo que Lolita utilizaba para referirse a su tía Lucy cuando esta no estaba presente y este nombre, sin exagerar, era la definición exacta de su espíritu y modales. Era la hermana mayor de Augusto y vivía en un pequeño apartamento en el pueblo; a pesar de que su hermano le había proporcionado una habitación completamente amueblada en Piedra Azul, pero ella prefería quedarse en su pequeño cubo, como lo llamaba cariñosamente, en lugar de vivir bajo la estricta vigilancia de los severos ojos de Augusto, la misma vigilancia que sufríamos Lolita y yo. Así que la expectativa de estar con Loca-Lucy un día entero en una selva lúgubre infestada de mosquitos, por decir lo menos, era lo peor que podía pasarme. Y la argumentación de la abuela sobre la conveniencia de involucrarme con mis raíces era tan poco tentadora a mis intereses como mi deseo de caer en la pobreza.

Me negué con ahínco a ambas cosas. Pero la anciana, cuyo espíritu incansable tenía años de experiencia en el trato de niñas rebeldes y mimadas como yo, rechazó mis berrinches y dejó claro que no aceptaría un no por respuesta, convencida como estaba de que su nieta volvería del viaje curada de todas sus trivialidades y tan dócil como una monja de monasterio.

La alarma del reloj sonó a las cinco y media de la mañana y, protestando, ahogué el sonido cubriéndolo con una almohada, Seguidamente, tiré de la manta hasta taparme la cabeza para intentar dormir unos minutos más. Siempre he tenido problemas para sacar mi cuerpo de la cama cuando el sol aún no ha nacido. Un fuerte golpe en la puerta me convenció de que ya era hora de levantarme.

—¡Abre, Isa! —era la voz de Lolita, y tenía un toque de urgencia.

Me obligué a arrastrar mis pies hasta la puerta y, bostezando, la abrí. Lolita estaba allí, todavía en pijama, con una expresión pícara en su cara, y entrando apresuradamente en mi dormitorio, dijo:

—¡Apúrate! Loca-Lucy nunca llega tarde. Tengo noticias.

Se arrojó sobre mi cama y tomó un libro que siempre guardo en mi mesita de noche. Mientras tanto, me dirigí al baño para una ducha rápida. Abrí el grifo, al tiempo que la escuché decir:

—Más vale que te arregles bien, ya que ayer por la noche Ricky me dijo que Maximiliano estaría hoy en un campamento indígena entregando una dotación de medicinas y alimentos, y resulta que es el mismo campamento a donde Loca-Lucy piensa llevarte.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza, y de repente, la expectativa del peor día de mi vida se convirtió en el más feliz.

—¿Estás segura? —pregunté, mientras el agua caía sobre mi cuerpo y trataba de recuperar mi compostura.

—Por supuesto que sí. Existe la posibilidad de que lo veas hoy ¿No es lo que quieres? Pero, ten cuidado, mi tía odia a Maximiliano tanto como mi padre. No te dejará estar cerca de él, y mucho menos hablar.

Pero ninguna Loca-Lucy me impediría separarme de Maximiliano, así que empecé a esbozar un plan que me permitiera zafarme de su yugo y escapar de la interferencia de esta molesta tía, que no conocía pero que ya empezaba a odiar. Terminé de ducharme y salí del baño a buscar mi mejor atuendo, pero primero me acerqué a la ventana para comprobar si había buen tiempo. Lolita se puso de pie y se sentó en una silla cerca de la ventana para ver el camión de Lucy a su llegada.

—-¿Por qué no me avisaste ayer? —le reproché, viendo que pasaban los minutos, temiendo no tener tiempo suficiente para vestirme de acuerdo con la ocasión. Corrí al armario y fui seleccionando prendas que tiraba sobre la cama, indecisa sobre qué ponerme.

—Vine a medianoche tan pronto lo supe, pero debes haber estado dormida tan profundamente como un oso hibernando, porque toqué a tu puerta muchas veces, pero no recibí respuesta. Me fui cuando oí a mi abuela tosiendo en el pasillo.

—¿Cuál será el adecuado para la selva? —le pregunté levantando dos vestidos, uno en cada mano.

—Ninguno, a menos que quieras que te coman los mosquitos ¿Es eso lo que quieres? Usa un pantalón y una blusa fresca, y toma una chaqueta para proteger tus brazos. El clima en la selva es impredecible. Puedes tener un día muy soleado por la mañana, y por la tarde una completa inundación por lluvias.

Eran casi las seis de la mañana y estaba medio desnuda, descalza, hurgando todavía en la pila de ropa que estaba sobre mi cama, cuando oí el rugido de un camión que llegaba. Lolita gritó, sin dejar la ventana.

—¡Ahí está! ¡Apúrate! Esperar no es uno de los puntos fuertes de mi tía.

No encontraba mis zapatos en aquel desorden, pero Lolita me ayudó y finalmente aparecieron cubiertos por una sábana en el armario.

—¿Qué está haciendo? —pregunté, tratando de ponderar cuánto tiempo me quedaba.

—Está arreglando algunas cajas en la parte trasera del camión. Ella considera el desorden y la desorganización como fallas de la naturaleza humana, así como la falta de puntualidad. ¡Apúrate! —continuó gritando Lolita, poniéndome más nerviosa.

Ya vestida, con los zapatos a medio calzar, corrí con Lolita hacia la entrada. La abuela y Gloria estaban junto al camión saludando a Lucy, que seguía moviendo cajas del asiento del pasajero a la parte de atrás. Augusto estaba junto a ellas, ya que había retrasado su ida a la plantación para saludar a su hermana. Cuando Lolita y yo aparecimos, estaban conversando sobre el nuevo trato ofrecido por Maximiliano Fontaine, y la negativa de Augusto a aceptarlo:




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