Isabella

7. EL PUB

Era viernes por la noche y el pub del pueblo estaba abarrotado de trabajadores que, habiendo terminado una semana de arduo trabajo, se relajaban emborrachándose y apostando para olvidar sus tareas diarias. Casi todo el mundo se conocía, lo cual no era sorprendente si se tiene en cuenta que era el único pub en las cercanías de la zona industrializada y, por lo tanto, el de más fácil acceso. Llamaba la atención la presencia de dos caballeros de buen vestir en una de las mesas, pues a leguas se notaba que venían de otro ambiente.

—Dos wiskis, por favor —ordenó el Sr. Alejandro Fontaine, mientras encendía un cigarrillo y aspiraba una bocanada que luego soltó en una larga y constante ráfaga.

Damián Suárez era el otro tipo sentado con el magnate, quien hasta hace poco era uno de los tantos trabajadores que solía ir a beber los viernes a la taberna. Pero el mundo de la política le había permitido amasar una considerable fortuna en poco tiempo, no precisamente por negocios lícitos. La camarera volvió con las bebidas y las puso sobre la mesa. Justo entonces, Alejandro abrió la conversación:

—Mis intentos para conseguir que Augusto Sulbarán venda sus tierras han sido infructuosos. No hay forma de que el tipo atienda a razones. Ni siquiera Maximiliano ha sido capaz de doblar la obstinación de ese hombre.

La mirada irónica de Damián Suárez le permitió a Alejandro Fontaine entender que el hombre intuía lo que se requería de él. En Villa Hermosa, todo el mundo sabía que cuando se necesitaba algún trabajo sucio, el gobernador Suárez era el hombre a quien llamar.

—Sólo pídelo, Alejandro, y el trabajo estará hecho.

El aludido sorbió un poco de su bebida y le hizo señas a la camarera para que le trajera otro.

—Hagámoslo lo antes posible, Damián. No hace falta que te diga que mi nombre debe ser excluido de todo este asunto. No quiero que me relacionen con nada de lo que le pase a Augusto.

El otro lo miró con una mueca de complicidad.

—No tienes nada por qué preocuparte. ¿Pero qué vas a hacer con Maximiliano? Está tan involucrado en la negociación que seguramente objetará nuestro método.

—Yo me ocuparé de mi hijo. Tú concéntrate en hacer el trabajo.

Comenzó a sonar una música estridente y el consumo de alcohol aumentó a medida que avanzaba la noche. El ajetreo propio de la taberna hizo que surgiera un altercado por la sospecha de trampa de un jugador de póker, y el personal de seguridad tuvo que intervenir en el asunto. Pero a pesar de la pelea, los dos hombres se quedaron una hora más, aspirando el humo de los cigarrillos y el fuerte olor a licor.




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