Megan
Algo muy raro pasa en el campus.
Lo veo desde el momento en que cruzo la entrada principal.
Todas las miradas van hacia mí.
Dos chicas que pasan a mi lado bajan la voz cuando me ven. Un grupo de chicos cerca de las escaleras se queda mirándome como si esperaran que hiciera algo espectacular.
Frunzo el ceño.
¿Qué demonios…?
Aprieto más fuerte la correa de mi bolso y sigo caminando por el pasillo intentando ignorarlo.
Tal vez estoy imaginando cosas.
Tal vez tengo cara de “besé al capitán del equipo de hockey frente a medio campus”.
Genial.
Doblo la esquina hacia los casilleros y el murmullo aumenta un poco.
Ahora sí estoy segura.
Algo saben.
Respiro hondo y me acerco a mi casillero.
Pero cuando levanto la mirada…
me quedo completamente congelada.
Ander Reed está apoyado contra mi casillero.
Alto.
Uniforme del equipo.
Chaqueta negra del hockey.
Y en sus manos…
hay una caja de fresas cubiertas de chocolate.
Mi cerebro tarda unos segundos en procesarlo.
¿Qué…?
Ander levanta la vista cuando me ve acercarme.
Y entonces sonríe.
No es su sonrisa habitual de “soy el capitán y voy a ganar el campeonato”.
Es una sonrisa peligrosa.
La de alguien que está disfrutando demasiado de algo.
Se endereza y camina hacia mí como si todo el pasillo no estuviera mirando.
—Buenos días, preciosa —dice con total tranquilidad.
Mi cerebro deja de funcionar.
—¿Qué…?
No termino la frase.
Porque Ander Reed me toma suavemente por la cintura…
y me besa.
Ahí.
En medio del pasillo.
Frente a todo el mundo.
Mi mente grita ¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO?
Pero mis labios…
no parecen recibir el mismo mensaje.
Porque por un segundo completamente absurdo…
le devuelvo el beso.
El murmullo alrededor explota.
Alguien literalmente dice:
—¿ESTÁN SALIENDO?
Cuando Ander se separa apenas unos centímetros, sus labios rozan los míos mientras susurra muy bajo, solo para mí.
—Sígueme el juego.
Parpadeo.
—¿Qué juego?
La sonrisa de Ander se ensancha.
—El de que somos novios.
Miro alrededor.
Todo el pasillo nos está mirando.
Todos siguen murmurando.
Demasiados celulares apuntando en nuestra dirección.
Esto se está saliendo completamente de control.
Así que reacciono antes de pensarlo demasiado.
Agarro a Ander del brazo.
—Ven conmigo —susurro entre dientes.
El deja que lo lleve conmigo hasta una esquina donde podenos estar tranquilos.
Cuando estamos solos, lo suelto inmediatamente.
—¿Qué estás haciendo? —le susurro, mirando alrededor para asegurarme de que nadie esté escuchando.
—Pues… —dice— tú dijiste que fingieramos ser novios.
Parpadeo.
—¡Sí, pero no así!
Él arquea una ceja.
—¿Cómo entonces?
Abro la boca y la cierro porque no se que decir.
—¡No sé! —murmuro frustrada—. Pero no tenías que aparecer con fresas y besarme frente a todo el mundo.
Ander cruza los brazos, divertido.
—Funcionó.
—¿Funcionó para qué?
—Para que todos lo crean.
Lo miro fijamente.
—Todavía no entiendo por qué aceptaste.
—Porque también me conviene hacer esto.
Frunzo el ceño.
—¿Cómo?
Ander se pasa una mano por el cabello.
—Así tú consigues que Hudson finalmente te mire.
Mi corazón da un pequeño salto incómodo al escuchar ese nombre.
Pero no digo nada.
—Y yo —continúa— recupero a mi exnovia.
Ahora soy yo la que parpadea.
—¿Perdón?
—Ella cree que no soy capaz de comprometerme con nadie —dice—. Si me ve en una relación… se dará cuenta de que estaba equivocada.
—Entonces —digo lentamente— tú finges salir conmigo para poner celoso a tu ex.
—Exacto.
—Y yo finjo salir contigo para poner celoso a Hudson.
Ander asiente.
—Exacto.
Un silencio corto se instala entre nosotros.
Luego niego con la cabeza, soltando una pequeña risa incrédula.
—Esto es una pésima idea.
Ander sonríe.
—Totalmente.
—Podría salir horriblemente mal.
—Definitivamente.
Lo miro otra vez.
—Entonces… ¿lo hacemos?
Ander no duda ni un segundo.
—Lo hacemos.
El entrenamiento de hockey siempre ha sido mi parte favorita de los martes.
Las porristas tenemos práctica justo después, así que normalmente nos sentamos un rato en las gradas mientras el equipo termina en el hielo.
Hoy, sin embargo…
todo se siente distinto.
Tal vez porque medio campus cree que estoy saliendo con el capitán del equipo.
Genial.
—Te están mirando otra vez —murmura Sophie a mi lado.
Finjo no escucharla mientras nos sentamos en las gradas del rink.
El aire frío del hielo sube desde la pista y el sonido de los patines raspando la superficie llena el lugar.
Levanto la mirada hacia el hielo.
Los jugadores están entrenando.
Casco.
Uniformes negros.
El ruido seco de los sticks golpeando el puck.
Y entonces lo veo.
Ander.
Es imposible no hacerlo.
Incluso con el casco, destaca.
Es más rápido que los demás.
Más preciso.
Más concentrado.
Se mueve por el hielo como si todo lo demás desapareciera cuando juega.
Capitán en cada movimiento.
Un pase rápido cruza la pista y Ander lo controla sin esfuerzo.
Un segundo después dispara.
El puck golpea la red con un sonido seco.
—Gol —dice una de las chicas a mi lado.
Pero mis ojos ya se movieron a otra parte.
Hudson.
Está en el otro extremo de la pista.
Más relajado.
Más espectacular.
Hace un giro rápido, roba el puck a otro jugador y avanza con esa confianza que siempre tiene.