Dios.
Lo único en lo que he pensado todo el día es en el trato que tengo con Ander.
Fingir ser su novia.
Cada vez que lo recuerdo siento una mezcla rara entre vergüenza y nervios.
No puedo creer que acepté algo así.
Suspiro mientras camino hacia la pista de hockey. A esta hora casi siempre está vacía porque el equipo ya terminó de entrenar.
Cuando entro, el aire frío del hielo me envuelve de inmediato.
Mis ojos recorren las gradas.
Y ahí está.
Ander.
Está sentado solo en una de las filas, con el uniforme todavía puesto, los codos apoyados en las rodillas mientras mira la pista como si estuviera pensando en mil cosas.
Camino hacia él.
Cuando escucha mis pasos levanta la cabeza.
—Pensé que ya te habías ido —dice con tranquilidad.
Cruzo los brazos frente a él.
—Tenemos que hablar.
Una pequeña sonrisa aparece en su cara.
—Eso nunca suena bien.
Ignoro su comentario y me siento a su lado.
—Habrá reglas.
Ander gira la cabeza hacia mí, divertido.
—Claro que habrá reglas.
Lo miro directamente.
—Primera regla. Solo besos cuando Hudson esté cerca.
Él levanta una ceja.
—¿Solo Hudson?
—O Amanda.
Su sonrisa desaparece apenas menciono ese nombre.
Amanda.
La exnovia que quiere recuperar.
—Si no están cerca —continúo— no hay besos.
Ander asiente lentamente.
—Tiene sentido.
Levanto otro dedo.
—Segunda regla. Nada de comportarnos como novios cuando estemos solos.
—Eso también suena razonable.
Respiro hondo antes de decir lo último.
—Tercera regla. Tenemos tres semanas.
Ander frunce el ceño.
—¿Tres semanas?
—Si en tres semanas Hudson no se interesa en mí y Amanda no vuelve contigo… terminamos nuestra relación falsa.
El silencio se instala entre nosotros por unos segundos.
Ander me observa con esa mirada intensa que tiene cuando está pensando.
Luego extiende la mano hacia mí.
—Trato hecho.
Miro su mano unos segundos antes de estrecharla.
—Trato hecho.
Pero justo cuando voy a soltar su mano, Ander dice:
—Hay una cosa más.
Lo miro confundida.
—¿Qué?
Su sonrisa vuelve.
—Vamos a tener que actuar muy bien.
—¿Por qué?
Ander inclina la cabeza ligeramente hacia la pista.
Sigo su mirada.
Y mi estómago se tensa.
Hudson acaba de entrar al rink.
Y nos está mirando.
En un segundo se inclina hacia mí, toma suavemente mi rostro con una mano y presiona sus labios contra los míos.
Y mi cerebro…
simplemente se queda en blanco.
No era un beso corto.
Ni incómodo.
Ni falso.
Es un beso lento, seguro… demasiado real para ser parte de un trato ridículo.
Mis manos se quedan inmóviles un segundo.
Solo un segundo.
Porque después, sin pensarlo demasiado… le sigo el beso.
Cuando finalmente nos separamos, Ander no se aleja del todo.
Su frente casi toca la mía.
Y entonces susurra contra mis labios:
—Creo que deberíamos cambiar el trato.
Lo miro confundida.
—¿Qué?
Su sonrisa aparece, peligrosa.
—Tres meses.
Abro los ojos.
—¿Qué? ¡No!
Él suelta una pequeña risa.
—Vamos, Megan. Tres semanas no son nada.
—Ese no era el trato.
—Podría ser más divertido.
Niego con la cabeza inmediatamente.
—No.
Pero algo traiciona mi intento de ser seria.
Porque termino riéndome.
—Eres imposible.
Ander se encoge de hombros, todavía demasiado cerca.
—Y aun así aceptaste fingir ser mi novia.
Ruedo los ojos.
—Solo por tres semanas.
—Ya veremos.
Él me mira.
—¿Qué pasa?
Levanto un dedo.
—Otra regla.
—Claro… más reglas.
—Vamos a tener exclusividad.
Ander frunce ligeramente el ceño.
—¿Exclusividad?
—Sí. Si vamos a fingir ser novios, tiene que parecer real.
Se inclina un poco más hacia mí, curioso.
—Continúa.
—Tú no coqueteas con otras chicas.
Sus ojos brillan con diversión.
—¿Celosa?
—No —respondo rápido—. Y yo tampoco voy a coquetear con otros chicos.
—¿Ni siquiera con Hudson?
—Especialmente con Hudson.
Ander se queda pensándolo unos segundos.
Luego asiente lentamente.
—Está bien.
—¿Está bien?
—Acepto la regla.
Unos minutos después salgo del rink intentando parecer normal.
Lo cual es bastante difícil cuando hace menos de cinco minutos estaba besando al capitán del equipo de hockey frente a medio campus.
Perfecto.
Camino rápido hacia el edificio de ciencias hasta llegar a mi clase de química.
Cuando entro al salón, Sophie ya está sentada en nuestro lugar de siempre.
En cuanto me ve, entrecierra los ojos.
—Tú.
Dejo mi mochila sobre la mesa.
—Hola.
Sophie se inclina hacia mí.
—No me digas “hola”. Explícame por qué acabo de ver un video tuyo besando a Ander Reed en el rink.
Genial.
Ya hay videos.
Me dejo caer en la silla.
—Porque… técnicamente ahora soy su novia.
Sophie abre la boca.
—¿Perdón?
Miro alrededor para asegurarme de que nadie esté escuchando demasiado cerca.
Luego me inclino hacia ella.
—Es falso.
—¿Cómo que falso?
—Es un trato.
Sophie parpadea varias veces.
—Necesitas empezar desde el principio.
Suspiro.
—Ander y yo vamos a fingir que somos novios.
Sophie se queda mirándome en completo silencio durante unos segundos.
—Voy a necesitar más café para procesar esto.
—Es para poner celoso a Hudson —continúo—. Y para que Amanda vuelva con Ander.
Los ojos de Sophie se agrandan.
—Espera… ¿Amanda?
Asiento.
—Sí. Su exnovia.
Sophie se recuesta en la silla lentamente.
—Oh, Dios mío.
—¿Qué?