Jugada Prohibida

Capítulo 6

Megan.

Esa chica es realmente atractiva.

Su cabello rubio cae sobre sus hombros de una forma que llama la atención incluso cuando intenta pasar desapercibida. Y esos ojos verdes… son imposibles de ignorar.

No soy el único que lo piensa.

Medio campus la mira cuando entra a cualquier lugar.

Pero a pesar de todo eso…

mi corazón le pertenece a otra persona.

Amanda.

Mi exnovia.

La chica que arruinó mi paciencia, mi orgullo y aun así sigue siendo la única que quiero.

La veo al otro lado del comedor.

Sentada con sus amigas, fingiendo que no le importa nada de lo que pasa aquí.

Pero la conozco demasiado bien.

Amanda siempre mira.

Siempre analiza.

Siempre quiere ganar.

Y justo ahora está mirando hacia nuestra mesa.

Hacia Megan.

Y hacia mí.

Perfecto.

Ese es exactamente el punto de todo esto.

Apoyo un brazo en el respaldo de la silla de Megan, acercándome lo suficiente para que cualquiera que mire piense que estamos completamente cómodos el uno con el otro.

Tyler suelta una risa frente a nosotros.

—Todavía no me creo que estés saliendo con Megan Carter.

Le lanzo una mirada tranquila.

—Acostúmbrate.

Los demás chicos del equipo empiezan a hacer comentarios.

—El capitán consiguió a la capitana de las porristas.
—Eso sí es poder.
—Hudson debe estar furioso.

Ante ese nombre, mis ojos se mueven automáticamente hacia la otra mesa.

Hudson Blake.

El chico dorado del campus.

Está sentado con unos amigos, pero su atención está aquí.

Observándonos.

Especialmente a Megan.

Inclino la cabeza un poco hacia ella.

—¿Te incomoda?

Ella gira apenas su rostro hacia mí.

—¿Qué cosa?

—Que todo el mundo esté mirando.

Megan se encoge de hombros.

—Soy capitana de las porristas. Estoy acostumbrada.

Tyler suelta otra risa.

—Eso no es lo que quiso decir.

Ignoro su comentario y vuelvo a mirar a Amanda.

Sigue observando.

Su expresión es fría.

Pero sus ojos dicen otra cosa.

Celos.

Exactamente lo que quería.

Entonces Megan se inclina un poco hacia mí.

—Tu exnovia sigue mirando.

Sonrío apenas.

—Lo sé.

—¿Eso es bueno o malo?

La miro directamente.

—Eso significa que el plan está funcionando.

Pero cuando vuelvo a mirar a Amanda, noto algo más.

Hudson también nos está mirando.

Después de unos minutos en la mesa, Megan y yo seguimos rodeados por el ruido del comedor.

Tyler sigue molestando con comentarios y los otros chicos del equipo también.

Megan parece tranquila, pero sé que todo esto es nuevo para ella.

—Voy por algo de comer —le digo.

Ella asiente.

—Gracias.

Me levanto y camino hacia la fila del comedor. Tomo dos bandejas y empiezo a escoger algo rápido para los dos.

Estoy tomando una botella de agua cuando siento a alguien detenerse a mi lado.

Ni siquiera necesito mirar para saber quién es.

Amanda.

—Así que ahora sales con esa zorra.

Sus palabras hacen que mi mandíbula se tense al instante.

Me giro hacia ella, molesto.

—Amanda.

Mi voz sale más fría de lo que esperaba.

—Ninguna mujer merece ser llamada así.

Ella cruza los brazos.

—Oh, por favor. ¿En serio vas a defenderla?

La miro directamente.

—Sí.

Se queda en silencio un segundo.

—Megan no es ninguna zorra.

Amanda suelta una pequeña risa incrédula.

—Claro… y ahora también es tu novia.

Sostengo su mirada.

—Sí. Ahora salgo con ella.

Por un segundo veo algo en su expresión.

Algo que conozco demasiado bien.

Celos.

Pero entonces su orgullo aparece.

—No durarás ni una semana.

Sus palabras me hacen pensar.

Hace apenas unos días…

yo estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para recuperarla.

Incluso fingir una relación con otra chica.

Pero ahora, mientras Amanda me mira con ese desprecio…

algo dentro de mí ya no se siente igual.

Megan aparece en mi mente.

Su risa en las gradas.

La forma en que me siguió el beso sin dudar.

Y cómo, a pesar de todo, está haciendo esto conmigo.

Trago saliva.

—Tal vez te equivoques.

Amanda levanta una ceja.

—¿Perdón?

La miro por última vez antes de tomar las bandejas.

—Si antes quería recuperarte…

Hago una pequeña pausa.

Porque por primera vez no estoy completamente seguro.

—Creo que ya no estoy tan seguro.

La dejo ahí sin esperar respuesta y camino de regreso a la mesa.

Cuando llego, Megan levanta la vista hacia mí.

—Te tardaste.

Dejo la bandeja frente a ella.

—Había mucha gente.

Pero mientras me siento a su lado…

no puedo evitar pensar que este juego que empezamos para recuperar a otras personas…

podría terminar cambiándolo todo.

—¿Te acuerdas cuando intentaste subirte a mi bicicleta y te caíste en medio de la calle? —dice Tyler riéndose.

Megan abre los ojos.

—¡Eso no pasó así!

—Claro que sí —insiste Tyler—. Tenías como ocho años y querías demostrar que podías manejarla sin las manos.

Los demás chicos empiezan a reír.

—Y te caíste justo enfrente de la casa de la señora Martínez —continúa Tyler—. Pensó que te habías roto algo.

Megan se tapa la cara con las manos.

—Dios… había olvidado eso.

—Yo no —dice Tyler divertido.

Los observo mientras hablan.

Se ven cómodos.

Demasiado cómodos.

Como si hubieran hecho esto mil veces antes.

Tyler sigue contando historias.

—También estaba la vez que Megan intentó hacer una coreografía en mi patio…

Ella lo interrumpe.

—¡No cuentes esa!

—Y terminó cayéndose dentro de la piscina.

Las risas en la mesa aumentan.

Megan también se ríe.




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