El lugar al que me trae Ander es una pequeña heladería cerca del campus.
Es uno de esos sitios tranquilos donde siempre huele a azúcar, chocolate y vainilla.
Entramos y pedimos en la caja.
—Dos waffles de Nutella con banano y helado de vainilla —dice Ander.
La chica asiente y nos entrega un número para la mesa.
Nos sentamos cerca de la ventana mientras esperamos.
El lugar está bastante vacío, lo que hace que todo se sienta extrañamente tranquilo.
Ander se recuesta un poco en la silla frente a mí y me observa.
—Entonces… —dice después de unos segundos—. Cuéntame algo.
—¿Sobre qué?
—Tyler.
Levanto una ceja.
—¿Tyler?
—Sí.
Apoya los brazos sobre la mesa.
—Parecen conocerse bastante bien.
Sonrío un poco.
—Nos conocemos desde pequeños.
Él espera a que continúe.
—Somos vecinos —le explico—. Nuestras casas están en la misma calle. Crecimos jugando juntos.
Ander asiente lentamente.
—Con razón sabía tantas historias tuyas.
—Sí… básicamente conoce todos mis momentos vergonzosos.
Eso lo hace sonreír apenas.
—Me di cuenta.
Lo observo un segundo.
—¿Por qué preguntas?
Él se encoge de hombros.
—Solo curiosidad.
Inclino la cabeza.
—Ajá.
Se queda en silencio.
Lo miro con atención unos segundos más y entonces digo:
—¿Acaso estás celoso?
Ander me mira directamente.
No parece incómodo.
Ni sorprendido.
Solo piensa un segundo.
Y luego responde con total tranquilidad:
—Sí.
Parpadeo.
—¿Qué?
Se encoge de hombros.
—Un poco.
No puedo evitar reírme.
—¿En serio?
—No mucho —dice—. Solo lo suficiente.
Apoyo el codo sobre la mesa, divertida.
—¿Y por qué exactamente?
Sus ojos se fijan en los míos.
—Porque parecía que se divertían demasiado.
Justo en ese momento la mesera llega con nuestros waffles.
Dos platos llenos de Nutella, rodajas de banano y una bola grande de helado de vainilla.
Apoyo el codo sobre la mesa mientras corto un pedazo del waffle.
—Dime algo —le digo.
Ander levanta la mirada hacia mí.
—¿Qué cosa?
Dudo un segundo antes de preguntar:
—¿Sigues todavía muy enamorado de Amanda?
Por un momento se queda en silencio.
Juega distraídamente con el tenedor mientras piensa.
—No… —dice finalmente.
Levanto una ceja.
—¿No?
Niega con la cabeza.
—Ya no tanto.
Toma un poco de su waffle y luego añade con tranquilidad:
—De hecho, ya no me interesa recuperarla.
Sus palabras me sorprenden más de lo que esperaba.
—Ok… —digo lentamente.
Me encojo de hombros.
—Entonces podemos terminar el trato.
Ander levanta la vista inmediatamente.
—No.
Frunzo el ceño.
—¿No?
—Sigamos con el trato.
—¿Para qué?
Él se recuesta un poco en la silla.
—Para que tú puedas estar con Hudson.
Lo miro confundida.
—¿Recuerdas? —continúa—. Ese era el punto de todo esto.
Me quedo en silencio unos segundos.
—Cierto…
Tomo otro pedazo del waffle, intentando ignorar el pequeño nudo extraño que se forma en mi estómago.
Después de unos minutos terminamos el helado y Ander me lleva a casa.
El camino es tranquilo. La música suena baja en el auto y ninguno de los dos habla demasiado.
Cuando se detiene frente a mi casa, apaga el motor.
—Gracias por el helado —le digo mientras me desabrocho el cinturón.
—De nada.
Abro la puerta del auto, pero antes de bajar él dice:
—Nos vemos mañana, Megan.
Lo miro un segundo.
—Sí… mañana.
Salgo del auto y camino hacia la entrada. Cuando miro hacia atrás, Ander todavía está ahí unos segundos antes de irse.
Entro a la casa.
—¿Mamá? —llamo.
Silencio.
—¿Papá?
Nada.
Dejo mi bolso sobre la mesa y miro alrededor.
La casa está completamente vacía.
Suspiro.
Saco mi teléfono y marco el número de Sophie.
Contesta casi de inmediato.
—¿Qué pasó? —dice con emoción—. ¿Sobreviviste a tu cita con el capitán de hockey?
Ruedo los ojos aunque ella no puede verme.
—Ven a mi casa.
—Eso suena serio.
—Solo ven.
Sophie no tarda en responder:
—Dame quince minutos.
Cuelgo y dejo el celular sobre el sofá.
Porque necesito contarle absolutamente todo lo que pasó hoy.
Quince minutos después suena el timbre.
Abro la puerta y Sophie entra casi corriendo.
—Ok —dice dejando su bolso en el sofá—. Empieza desde el principio.
Nos sentamos en la sala y empiezo a contarle todo.
Absolutamente todo.
El trato con Ander.
El beso en el rink.
La escena en el comedor.
Cuando me llevó a su mesa con el equipo.
La conversación en la heladería.
Y cómo dijo que ya no quería recuperar a Amanda.
Sophie me escucha con los ojos cada vez más abiertos.
Cuando termino, se queda mirándome unos segundos.
—Wow.
—¿Qué?
—Esto es mejor que cualquier serie de drama.
Me río un poco.
—No es gracioso.
—Un poco sí.
Tomo un cojín y se lo lanzo.
—Sophie.
Ella se recuesta en el sofá pensativa.
—Ok… pero tengo una pregunta importante.
—¿Cuál?
Me mira directamente.
—¿Qué tal si te enamoras de Ander?
La miro como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo.
—¿Qué?
—Lo digo en serio.
—Eso nunca pasará.
Sophie levanta una ceja.
—¿Segura?
—Completamente.
Cruzo los brazos.
—Esto es solo un trato. Nada más.
Ella sonríe de lado.
—Nunca digas nunca, amiga.
Sacudo la cabeza.
—Créeme.
Pero Sophie solo se recuesta más en el sofá con esa sonrisa que dice que no me cree ni un poco.
Y por alguna razón…