Jugada Prohibida

Capítulo 11

Llego a casa todavía con la cabeza llena de todo lo que pasó hoy.

El beso de Megan.

La cara de Hudson cuando lo tiré al hielo.

La voz del entrenador sacándome del entrenamiento.

Abro la puerta y entro, esperando subir directo a mi habitación… pero me detengo en seco cuando veo a mi padre sentado en la cocina.

Está apoyado contra la isla, con los brazos cruzados.

Y se ve demasiado molesto.

Genial.

—Hola, papá —digo, dejando las llaves sobre la mesa.

Él no responde al saludo.

Solo me mira fijamente.

—Ander… ¿por qué te suspendieron del entrenamiento?

Aprieto la mandíbula.

Así que ya se enteró.

—No fue nada.

—No me mientas.

Su tono es firme.

—El entrenador me llamó hace una hora.

Respiro hondo.

—Solo fue un golpecito.

Mi padre suelta una risa corta, pero no tiene nada de divertida.

—¿Un golpecito?

Se endereza, mirándome con una mezcla de decepción y enojo.

—Eres el capitán del equipo, Ander. Se supone que debes dar el ejemplo.

—Lo sé.

—Entonces explícame por qué estás golpeando a tus propios compañeros en medio de un entrenamiento.

No digo nada.

Porque sé perfectamente por qué lo hice.

Y eso solo lo molestaría más.

Mi padre me observa unos segundos en silencio.

Luego suspira.

—Dime la verdad.

Paso una mano por mi cabello.

—Fue por Megan.

Su expresión cambia de inmediato.

Y no para bien.

—¿La porrista?

—Sí.

Mi padre niega lentamente con la cabeza.

—Increíble.

—Papá…

—No, Ander. Escúchame tú a mí.

Se acerca un poco más.

—Tú no tienes que pelear por mujeres.

Aprieto la mandíbula.

—No estaba peleando.

—Y mucho menos por una mujer como Megan.

Levanto la mirada de golpe.

—¿Qué se supone que significa eso?

Mi padre suspira, como si la respuesta fuera obvia.

—Significa que ese tipo de chicas solo traen problemas.

Siento cómo la irritación vuelve a subir por mi pecho.

—No sabes nada de ella.

—Sé suficiente —responde con frialdad—. Popular, bonita, rodeada de drama… exactamente el tipo de distracción que un capitán de equipo no necesita.

Aprieto los puños.

—No es así.

—Entonces demuéstralo —dice con firmeza—. Empieza por comportarte como el capitán que se supone que eres.

El silencio llena la cocina.

Finalmente tomo mis cosas.

—Buenas noches, papá.

No espero respuesta.

Solo subo las escaleras hacia mi habitación con una sensación incómoda en el pecho.

Subo a mi habitación y cierro la puerta detrás de mí.

Dejo la mochila en el suelo y me dejo caer en la cama, pasando una mano por mi rostro.

El día ha sido demasiado largo.

El entrenamiento, la pelea con Hudson… y ahora mi padre diciendo que Megan es “ese tipo de chicas”.

Resoplo.

Saco mi celular del bolsillo y abro nuestros mensajes.

Dudo un segundo… pero igual escribo.

Ander:
¿Cómo estás?

No tarda mucho en responder.

Los tres puntitos aparecen en la pantalla.

Megan:
Bien.

Un segundo después llega otro mensaje.

Megan:
Voy a ir a casa de Sophie.

Frunzo un poco el ceño.

Ander:
¿La de las porristas?

Megan:
Sí.

Me quedo mirando la pantalla unos segundos antes de escribir otra vez.

Ander:
¿Te sientes bien?

Esta vez tarda un poco más en responder.

Luego aparece su mensaje.

Megan:
Sí… solo quiero distraerme un rato.

Asiento para mí mismo, aunque ella no pueda verme.

Ander:
Está bien.

Los tres puntitos aparecen otra vez.

Megan:
¿Y tú?

Miro el techo de mi habitación unos segundos antes de responder.

Ander:
Mi padre ya sabe que me sacaron del entrenamiento.

Su respuesta llega casi de inmediato.

Megan:
¿Está muy enojado?

Resoplo.

Ander:
Un poco.

Pasan unos segundos.

Luego llega otro mensaje suyo.

Megan:
Lo siento.

Frunzo el ceño.

Ander:
¿Por qué?

Megan:
Porque fue por mi culpa.

Me incorporo un poco en la cama mientras escribo.

Ander:
No fue tu culpa.

Esta vez la respuesta tarda más.

Cuando finalmente llega, solo dice:

Megan:
Igual… ten cuidado.

Me quedo mirando ese mensaje unos segundos.

No sé por qué…
pero me gusta que se preocupe por mí.

Miro el último mensaje de Megan unos segundos más antes de bloquear el celular.

No sé por qué, pero estar encerrado en mi habitación pensando en todo esto no está ayudando.

Así que me levanto de la cama.

Tomo las llaves de mi auto del escritorio y bajo las escaleras sin hacer ruido. Mi padre sigue en la cocina, pero no tengo ganas de otra conversación.

Salgo de la casa y unos minutos después ya voy conduciendo.

Solo hay una persona con la que puedo hablar de todo esto sin que me dé un sermón.

Tyler.

Aparco frente a su casa y toco la puerta.

No tarda mucho en abrir.

—Capitán —dice con una sonrisa—. Pensé que estabas castigado o algo así.

—Cállate —respondo entrando.

Tyler cierra la puerta detrás de mí.

—Ok… eso suena serio —dice mientras camina hacia la sala—. ¿Qué pasó?

Me dejo caer en el sofá y paso una mano por mi cabello.

—Me sacaron del entrenamiento.

Tyler se deja caer en la silla frente a mí.

—Sí, eso lo sé. Hudson no deja de quejarse en el chat del equipo.




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