Jugada Prohibida

Capítulo 13

Hoy cenaré con Amanda y sus padres.

Los mismos a los que no soporto.

Cada vez que me ven empiezan con el mismo discurso de siempre: el futuro, las familias, las alianzas… y, por supuesto, casarme con su hija.

—Todo es por tu bien —dice mi padre esta mañana antes de salir de la casa.

No respondo.

¿Mi bien?

Claro.

Porque aparentemente mi vida ya está decidida por todos… menos por mí.

Tomo las llaves del auto, el vino caro que mi padre compró especialmente para la cena y una caja de chocolates.

Un detalle hipócrita para una noche que no quiero tener.

Manejo hasta la casa de Amanda en completo silencio.

El cielo ya está oscuro cuando estaciono frente a la enorme casa blanca.

La misma en la que he estado más veces de las que quisiera.

Respiro hondo antes de bajar del auto.

Toco el timbre.

Unos segundos después la puerta se abre.

—¡Ander! —dice la madre de Amanda con una sonrisa exagerada.

Patricia Walker.

Siempre elegante. Siempre fingiendo cariño.

—Buenas noches, señora Walker.

Le entrego la caja de chocolates.

—Para usted.

—Ay, qué detalle —dice tomándolos con entusiasmo.

Entro a la casa y veo al padre de Amanda levantarse desde la sala.

Richard Walker.

Traje impecable. Mirada calculadora.

Camino hacia él y le entrego la botella.

—Señor Walker.

—Buen vino —dice examinando la etiqueta antes de sonreír satisfecho—. Sabía que tu padre elegiría algo bueno.

Claro.

Esto no es una cena.

Es una reunión de negocios disfrazada.

—Ander —dice Patricia mirando hacia las escaleras—, Amanda ya baja.

Como si la hubieran llamado con magia, Amanda aparece unos segundos después.

Lleva un vestido ajustado y una sonrisa perfecta.

La misma sonrisa que usó esta mañana cuando me besó en el salón frente a todos.

Cuando Megan estaba ahí.

Nuestros ojos se cruzan.

—Hola —dice acercándose y dándome un beso rápido en la mejilla.

—Hola.

Richard se aclara la garganta.

—Bueno, vamos al comedor.

Todos caminamos hacia la mesa perfectamente preparada.

Velas.

Copas de cristal.

Platos caros.

Todo demasiado perfecto.

Me siento en la silla que me indican.

Patricia empieza a servir vino mientras habla sobre trivialidades.

Pero sé que es cuestión de tiempo.

Richard siempre llega al mismo punto.

Y no me equivoco.

Después de unos minutos de conversación, deja su copa sobre la mesa y me mira directamente.

—Ander, tu padre y yo estuvimos hablando hace unos días.

Genial.

Ahí vamos.

—Creemos que ya es momento de empezar a pensar seriamente en el futuro.

Siento a Amanda mirándome con expectativa.

Como si estuviera esperando una respuesta específica.

Como si todo esto ya estuviera escrito.

Aprieto ligeramente la mandíbula.

Porque mientras Richard habla de mi futuro con Amanda…

En mi cabeza solo aparece una imagen.

Megan en la cafetería hoy.

Mirándome con decepción.

Y por alguna maldita razón…

esa mirada me está molestando mucho más que toda esta cena.

—Creemos que ya es momento de empezar a pensar seriamente en el futuro —dice Richard, apoyando los codos sobre la mesa.

Amanda me mira de reojo.

Como si estuviera esperando exactamente este momento.

Como si todo esto ya estuviera planeado.

Mi padre siempre dice que las familias importantes se mueven así.

Como negocios.

—Ander —continúa Richard con una sonrisa tranquila—. Tú y Amanda se conocen desde hace años. Nuestras familias se conocen desde hace años.

Tomo un sorbo de vino, intentando mantener la calma.

—Sería lógico que esa relación… avanzara.

Ahí está.

Amanda baja la mirada fingiendo timidez.

Patricia sonríe encantada.

—Richard y yo creemos que ustedes hacen una pareja perfecta.

Claro.

Perfecta para sus planes.

—Además —añade Richard—, tu padre y yo también hemos estado hablando sobre tu futuro en el hockey.

Levanto la mirada.

Eso sí me interesa.

—¿Mi futuro?

Richard asiente.

—Tengo algunos contactos en equipos importantes. Gente que puede abrir puertas.

Amanda me observa como si supiera que eso es lo que me atrapará.

—Si las cosas entre nuestras familias siguen fortaleciéndose —continúa Richard— podría ayudarte a entrar a un muy buen equipo.

Siento el peso de las palabras.

Un equipo profesional.

El sueño por el que entreno todos los días.

—Podrías vivir del deporte —dice Patricia con entusiasmo—. Viajar, jugar en grandes ligas…

Richard levanta su copa.

—Pero para eso necesitamos estabilidad entre nuestras familias.

Lo miro fijamente.

—¿Estabilidad?

Amanda finalmente habla.

—Papá solo quiere decir que… sería bueno formalizar lo nuestro.

Formalizar.

Traducción: compromiso.

Aprieto la mandíbula.

Toda la mesa me está mirando.

Esperando una respuesta.

Esperando que diga que sí.

Pero en mi cabeza no aparece Amanda.

No aparece esta casa.

Ni esta mesa.

La conversación sigue un rato más.

Richard habla de contactos, de oportunidades, de puertas que pueden abrirse si todo “sale bien”. Patricia sonríe cada vez que menciona la palabra futuro, y Amanda juega con su copa de vino como si ya supiera cuál debería ser mi respuesta.

Yo apenas escucho.

Asiento de vez en cuando.

Digo lo justo para que la cena continúe sin problemas.

Finalmente Patricia se levanta para recoger los platos.

—Ha sido una cena encantadora —dice con esa sonrisa perfecta.

Amanda me acompaña hasta la puerta mientras sus padres se quedan en el comedor.

El silencio entre nosotros es incómodo.

—Mis padres solo quieren ayudarte —dice ella finalmente.




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