Jugada Prohibida

Capítulo 14

Mamá se fue de viaje esta mañana.

Otra vez.

No dijo exactamente a dónde iba, solo que era “por trabajo”. Algo que últimamente escucho demasiado seguido.

La casa se siente extrañamente silenciosa.

Estoy en la cocina cuando escucho la puerta abrirse.

—¿Megan?

—En la cocina, papá.

Él aparece unos segundos después, todavía con la camisa del trabajo y la corbata un poco floja.

—¿Qué haces?

—Nada… muriéndome de hambre.

Mi papá sonríe un poco.

—Entonces llegué justo a tiempo.

Se arremanga la camisa y abre la nevera.

—Hoy toca cena especial.

Levanto una ceja.

—¿Especial?

—Hamburguesas.

—Eso no es especial —digo riéndome.

—Claro que sí. Son las mejores hamburguesas de esta ciudad.

—Según tú.

Él prende la estufa y empieza a preparar la carne mientras yo me siento en la isla de la cocina.

Por unos minutos solo se escuchan los sonidos de la cocina.

La carne en el sartén.

Los platos.

El cuchillo cortando tomate.

Pero algo se siente diferente.

Mi papá está más callado de lo normal.

—¿Todo bien? —pregunto.

Él se queda en silencio unos segundos mientras voltea la carne.

Luego suspira.

—No lo sé, Meg.

Eso ya es raro.

Mi papá casi nunca habla de cosas serias.

—¿Qué pasa?

Apaga un momento el fuego y se apoya en el mesón.

—Estoy cansado.

Frunzo el ceño.

—¿Del trabajo?

Niega con la cabeza.

—De la relación con tu madre.

Mi corazón se encoge un poco.

Sabía que las cosas entre ellos no estaban bien… pero nunca lo habíamos hablado así.

—Últimamente casi no estamos en casa al mismo tiempo —continúa—. Y cuando estamos… solo discutimos.

Bajo la mirada hacia mis manos.

—A veces siento que ya no sabemos cómo estar juntos —dice con una pequeña risa triste.

Levanto la mirada.

—Papá…

Él suspira.

—No sé qué hacer.

Me quedo callada unos segundos.

Luego me levanto de la silla y camino hacia él.

—Si ustedes se separan…

Se detiene y me mira.

—Yo me voy a vivir contigo.

Sus ojos se suavizan un poco.

—Meg…

—En serio —digo encogiéndome de hombros—. No pienso quedarme en una casa donde todo el tiempo estén peleando.

Él suelta una pequeña risa.

—Gracias por el apoyo.

—Además —añado—, alguien tiene que seguir comiendo tus hamburguesas horribles.

—¿Horribles? —dice fingiendo indignación.

—Terribles.

Sonríe y vuelve a encender la estufa.

—Bueno, entonces será mejor que te prepares… porque te tocará comerlas muy seguido.

Me recuesto contra el mesón mientras él termina de cocinar.

Y por primera vez en días…

no estoy pensando en Ander.

Solo estoy pensando en mi papá.

Nos sentamos en la mesa con las hamburguesas y las papas que preparó papá.

El olor llena toda la cocina.

—Bueno —dice empujando un plato hacia mí—, prueba la mejor hamburguesa del mundo.

Tomo un bocado.

—Mmm… está bien.

Él entrecierra los ojos.

—¿Bien?

—Aceptable.

—Ingrata.

Sonrío un poco y seguimos comiendo en silencio unos minutos.

De repente él me mira con una expresión curiosa.

—Oye…

Levanto la mirada.

—¿Hay algún chico?

Casi me atraganto con la hamburguesa.

—¿Qué?

Papá se encoge de hombros.

—Solo pregunto.

—¿Desde cuándo haces ese tipo de preguntas?

—Desde que mi hija llega a casa con cara de querer asesinar a alguien.

Suelto una pequeña risa.

—No es nada.

Él levanta una ceja.

—Megan.

Suspiro.

—Está bien.

Dejo la hamburguesa en el plato.

—Hay un chico.

Papá sonríe un poco.

—Sabía.

—Pero es complicado.

—Siempre lo es.

Me recuesto en la silla.

—Se llama Ander.

Papá escucha con atención mientras le cuento todo.

La fiesta.

El beso.

La discusión.

Y esta mañana en el salón… cuando lo vi besándose con Amanda.

Cuando termino, papá se queda en silencio unos segundos.

Luego toma un sorbo de su bebida.

—Creo que deberías hablar con él.

Frunzo el ceño.

—¿Hablar con él?

—Sí.

—¿Después de lo que hizo?

Papá se encoge de hombros.

—No creo que un chico que te besa… al otro día diga que está con su ex sin que esté pasando algo más.

Lo miro.

—¿Y si simplemente es un idiota?

Papá sonríe un poco.

—También es una posibilidad.

—Gracias por el apoyo.

—Pero —continúa— si realmente te importa… deberías escucharlo.

Bajo la mirada a mi plato.

—No sé si quiero hacerlo.

—A veces las cosas no son tan simples como parecen.

Juego con una papa frita entre mis dedos.

Terminamos de comer y ayudo a papá a recoger la mesa.

Después de un rato él se va a la sala a ver televisión y yo subo a mi habitación.

Cierro la puerta y me dejo caer en la cama.

Miro el techo unos segundos.

Las palabras de mi papá siguen dando vueltas en mi cabeza.

Deberías hablar con él.

Resoplo.

—Genial…

Tomo mi celular de la mesa de noche.

Abro mis contactos.

El nombre de Ander aparece en la pantalla.

Mi dedo se queda suspendido unos segundos.

Luego, antes de que pueda arrepentirme…

lo llamo.

El teléfono ni siquiera alcanza a sonar dos veces.

—¿Megan?

Contesta de inmediato.

Mi corazón da un pequeño salto.

—Hola.

Hay un pequeño silencio.

—No pensé que me llamarías —dice él.

—Yo tampoco pensé que lo haría.

Escucho cómo exhala del otro lado.

—Me alegra que lo hayas hecho.

Me siento en la cama, jugando con la esquina de la cobija.

—Hoy te vi con Amanda.

—Lo sé.

Su voz suena tensa.

—Entonces supongo que ya no hay mucho que decir.




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