Jugada Prohibida

Capítulo 16

Llego a la escuela un poco más temprano de lo normal.

No dormí bien.

La noche de ayer no deja de repetirse en mi cabeza. Amanda, el helado, la discusión… y Ander.

Cierro la puerta de mi casillero y camino por el pasillo.

Pero algo se siente raro.

Demasiada gente mirando sus celulares.

Demasiados susurros.

Cuando paso al lado de un grupo de chicas, una de ellas levanta la mirada hacia mí y rápidamente vuelve a bajar la vista.

Frunzo el ceño.

¿Qué está pasando?

Sigo caminando hasta que veo a Sophie cerca de los casilleros.

—¡Sophie!

Ella levanta la cabeza.

Y su expresión cambia inmediatamente cuando me ve.

Mierda.

Esa cara nunca significa nada bueno.

—Megan… —dice acercándose rápido.

—¿Qué pasa?

Ella duda.

—Nada.

—Sophie.

Suspira.

—No te enojes conmigo.

Mi estómago se aprieta.

—¿Por qué todos me están mirando?

Ella mira alrededor y luego saca su celular.

—Tienes que ver esto.

Me muestra la pantalla.

Y el mundo se detiene.

Es una foto.

Una foto mía.

Estoy frente al espejo de mi habitación.

En ropa interior.

No es una foto provocativa… pero definitivamente no es algo que debería estar en internet.

Siento que la cara se me queda sin sangre.

—¿Qué… es esto?

Sophie baja la voz.

—Alguien la subió anoche.

—¿Dónde?

—En un grupo de estudiantes.

No puedo respirar bien.

—Eso… eso estaba en mi teléfono.

—Lo sé.

—Yo nunca la envié.

Sophie asiente.

—Lo sé.

Antes de que pueda decir algo más, escucho una voz familiar.

—Vaya… parece que ya lo vio.

Levanto la mirada.

Amanda está al otro lado del pasillo.

Con su mejor amiga.

Y con una sonrisa venenosa en la cara.

Varias personas alrededor están mirando la escena.

Amanda da unos pasos hacia mí.

—Aunque debo admitir algo —dice cruzándose de brazos—. Tienes más valor del que pensaba.

La miro con rabia.

—¿Qué hiciste?

Amanda finge sorpresa.

—¿Yo?

—La foto.

Ella se encoge de hombros.

—Internet es un lugar muy peligroso, Megan.

Aprieto los puños.

—Eres una enferma.

Amanda sonríe.

—Solo pensé que todos merecían ver lo desesperada que estás por llamar la atención.

La sangre me hierve.

—No sabes de lo que estás hablando.

Ella se inclina un poco hacia mí.

—¿Segura?

Su mirada baja brevemente a mi ropa.

—Aunque ahora entiendo por qué Ander te mira tanto.

Siento que estoy a punto de perder el control.

Sophie pone una mano en mi brazo.

—Meg…

Pero Amanda sigue hablando.

—Tal vez deberías empezar a cobrar por las fotos. Al menos así sacarías algo de esto.

Eso es suficiente.

Doy un paso hacia ella.

—Te voy a...

—¿Qué está pasando aquí?

La voz viene detrás de nosotras.

Y la reconozco inmediatamente.

Ander.

—Nada… no pasa nada.

Lo miro con los ojos llorosos.

—Megan, ¿qué pasó? —pregunta Ander, preocupado.

—Tenemos que ir con las porristas —digo, tomando a Sophie de la mano.

Llegamos a la cancha; el equipo de fútbol americano ya está calentando para el partido.

Voy con las porristas y comenzamos a arreglarnos, repasando los pasos de la rutina. Después de unos minutos, salimos al campo y todos los estudiantes nos miran, junto con el equipo.

Empezamos la rutina y, mientras salto y muevo los pompones, veo a Ander en las gradas. Me observa atentamente, y mi corazón se acelera.

Terminamos la rutina y nos colocamos al borde del campo, respirando agitadas por la emoción.

Liam, el mariscal del equipo rival, se acerca con esa sonrisa confiada que siempre me hace sonreír sin darme cuenta.

—Vaya, Megan —dice, acercándose un poco más de lo necesario—. Nunca dejas de sorprenderme.

Me mira a los ojos, y hay algo en su forma de sonreír que me hace sentir mariposas.

—Gracias, Liam —respondo, tratando de sonar tranquila, pero mi corazón late más rápido.

Él se inclina ligeramente hacia mí, sus dedos rozan los míos mientras me entrega una botella de agua.

—Siempre he pensado que las porristas como tú deberían recibir aplausos extra… después del partido, podríamos entrenar juntos —coquetea, guiñándome un ojo.

No puedo evitar reír suavemente y mirarlo con picardía.

Me siento en las gradas, intentando calmar mi corazón que aún late rápido después de la rutina.

Ander llega detrás de mí, con el ceño fruncido y los puños apretados.

—Megan, ¿qué estabas haciendo con Liam? —su voz tiembla un poco de celos.

Lo miro, sorprendida por la intensidad en sus ojos, y mi pecho se aprieta un poco.

—Ander, no tienes derecho de decirme nada —le respondo, con firmeza, pero puedo sentir cómo sus celos se clavan en el ambiente entre nosotros.

Él da un paso más cerca, bajando la voz.

—No me gusta que otros te miren así… ni que tú les sonrías de esa manera.

El partido comienza y todo parece ir demasiado bien; la energía en el estadio es electrizante y nosotras animamos con todas nuestras fuerzas.

Pero para nuestra mala suerte, el equipo pierde. La derrota pesa en el ambiente y los jugadores caminan hacia los vestuarios cabizbajos.

Liam se acerca a mí mientras recojo los pompones, su sonrisa sigue ahí a pesar del resultado.

De repente, se quita la camiseta para limpiarse el sudor, y no puedo evitar que mis ojos se claven en sus malditas abdominales perfectamente definidos.

Liam se acerca con esa sonrisa confiada y me dice al oído:

—Te escribo para salir más tarde, ¿quieres?

Antes de que pueda contestarle, Ander aparece frente a mí, cruzándose y frunciendo el ceño.

—No puede —dice con voz firme, mirándome como si tuviera derecho a decidir por mí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.