Jugada Prohibida

Capítulo 19

Estamos en mi habitación viendo una película.

O bueno… la película está puesta.

Pero dudo mucho que alguno de los dos esté prestando atención.

La luz del televisor ilumina la habitación con tonos azules y suaves, y el sonido de fondo llena el silencio entre nosotros.

Ander está sentado a mi lado en la cama, apoyado contra el respaldo.

Después de que le limpié la herida, insistí en que se quedara un rato. Mis padres no están en casa esta noche, así que no había problema.

Al menos eso me dije.

Pero ahora que estamos aquí… todo se siente diferente.

Demasiado cercano.

Demasiado íntimo.

Miro de reojo a Ander.

Tiene los ojos fijos en la pantalla, pero puedo notar que su mente tampoco está en la película.

Su cabello oscuro cae un poco sobre su frente y la luz del televisor resalta el color de sus ojos.

Y entonces lo pienso.

Mierda.

Estoy enamorada de Ander.

La idea me golpea tan fuerte que tengo que apartar la mirada hacia la pantalla.

Porque esto es un desastre.

Ander tiene novia.

Bueno… técnicamente.

Amanda.

La chica perfecta.

La chica que todos creen que es ideal para él.

Y aun así… aquí está.

En mi habitación.

Conmigo.

Como si siempre hubiera pertenecido aquí.

—¿Estás bien? —pregunta de repente.

Su voz grave me saca de mis pensamientos.

—Sí… claro.

Pero él me está mirando ahora.

Y Ander no es tonto.

—No lo parece.

Suelto una pequeña risa nerviosa.

—Solo estaba pensando.

—Eso suena peligroso.

Lo miro.

—¿Por qué?

Se encoge ligeramente de hombros.

—Porque cuando Megan piensa demasiado… algo pasa.

Arqueo una ceja.

—¿Ah sí?

—Sí.

—¿Cómo qué?

Sus ojos bajan a mis labios por un segundo.

Mi corazón se acelera.

—Como que me besa de repente.

Siento el calor subir a mis mejillas.

—Eso fue culpa tuya.

—Claro —dice con una pequeña sonrisa.

Intento concentrarme en la película otra vez.

Pero entonces siento algo.

La mano de Ander.

Buscando la mía sobre la cama.

Nuestros dedos se rozan primero.

Y luego se entrelazan.

Mi respiración se vuelve un poco más lenta.

Miro nuestras manos.

Y luego lo miro a él.

—Ander…

Él también me está mirando.

Muy serio ahora.

—¿Sí?

Trago saliva.

—Esto… se está complicando.

—Lo sé.

—Tienes novia.

Su mandíbula se tensa.

—No por mucho tiempo.

Lo observo con atención.

—¿De verdad vas a terminar con ella?

—Sí.

—¿Por qué?

Ander no aparta la mirada de la mía.

—Porque no es a ella a quien quiero.

Mi corazón late más rápido.

—Entonces… ¿a quién?

Ander se acerca un poco más.

Tan cerca que puedo sentir su respiración.

—¿De verdad necesitas que lo diga?

No respondo.

Porque creo que si lo dice en voz alta…

mi corazón va a explotar.

Pero entonces él levanta su mano y aparta un mechón de cabello de mi cara.

Sus dedos rozan mi mejilla.

—Siempre fuiste tú, Megan.

Y antes de que pueda pensar en todas las razones por las que esto es una mala idea…

vuelvo a besarlo.

Ander no rompe el beso de inmediato.

Nuestros labios se separan despacio, como si ninguno de los dos quisiera alejarse demasiado.

Su frente queda apoyada contra la mía.

Mi corazón sigue latiendo demasiado rápido.

Lo miro a los ojos y de repente recuerdo algo.

Algo importante.

—Ander…

—¿Sí?

Dudo un segundo.

—No quiero que vuelvas a tu casa.

Sus cejas se fruncen un poco.

—Megan…

—Tu papá… —susurro— no quiero que vuelva a golpearte.

Por un momento él no dice nada.

Solo me mira.

Entonces junta su frente con la mía otra vez y suelta una pequeña risa suave.

—No me va a golpear.

—Ander…

—En serio —dice—. No voy a volver.

Parpadeo.

—¿Qué?

Se recuesta un poco contra la cabecera de la cama y pasa una mano por su cabello.

—Tengo un apartamento.

—¿Un apartamento?

Asiente.

—Está vacío.

Lo miro confundida.

—¿Desde cuándo?

—Mi abuela me lo dejó hace un par de años —explica—. Dijo que algún día me serviría cuando quisiera independencia.

—¿Y nunca me habías dicho?

Sonríe de lado.

—Nunca salió el tema.

Lo observo unos segundos.

La idea empieza a tomar forma en mi cabeza.

—Entonces… ¿puedes quedarte ahí?

—Sí.

—¿Solo?

—Sí.

Hay un pequeño silencio.

Luego Ander me mira con una sonrisa traviesa.

—A menos que quieras mudarte conmigo.

Abro los ojos.

—¡Ander!

Él se ríe.

—Estoy bromeando.

Le doy un pequeño golpe en el hombro.

—No es gracioso.

—Un poco sí.

Niega con la cabeza y luego su expresión se vuelve más seria.

—Pero no te preocupes por mí, rubia.

Ese apodo hace que mi estómago dé un pequeño salto.

—Voy a estar bien.

—Prométemelo.

Me mira a los ojos.

—Te lo prometo.

Hay algo en su mirada que me tranquiliza… pero también me hace sentir algo más.

Algo profundo.

Porque ahora sé que Ander realmente se fue de su casa.

Y por alguna razón… siento que esta noche cambió todo entre nosotros.

Ander toma mi mano otra vez.

—¿Sabes algo?

—¿Qué?

Sonríe un poco.

—Este día empezó horrible.

—Sí…

Sus dedos aprietan suavemente los míos.

—Pero terminó contigo besándome en tu habitación.

No puedo evitar sonreír.

—Supongo que no fue tan malo entonces.

—Para nada.

Se inclina otra vez hacia mí.

Y esta vez el beso es más lento.

Más dulce.

Como si los dos supiéramos que…
a partir de ahora…

nada va a volver a ser igual.

—Mis padres van a separarse —le digo de pronto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.