Jugada Prohibida

Capítulo 20

Oficialmente me estoy mudando a mi nuevo apartamento.

Todavía se siente raro decirlo.

Ayer estaba viviendo en la casa de mi padre… y hoy estoy sacando cajas de un lugar que ni siquiera recordaba que era mío.

Mi abuela siempre decía que algún día me haría falta.

Supongo que tenía razón.

El apartamento está en el tercer piso de un edificio moderno cerca del centro. No es enorme, pero es perfecto.

Sala amplia.

Cocina abierta.

Un balcón pequeño.

Y dos habitaciones.

Tyler deja caer una caja sobre la mesa de la cocina.

—Hermano… —dice respirando pesado— si vuelvo a cargar otra caja voy a demandarte.

Me río.

—Solo trajiste dos.

—¡Pero eran pesadas!

—Eran almohadas.

Tyler me mira con indignación.

—Eran muchas almohadas.

—Dramático.

Megan está cerca de la ventana organizando unas bolsas.

Se gira hacia nosotros con una sonrisa.

—¿Siempre discuten así?

—Sí —dice Tyler—. Es parte de nuestra amistad tóxica.

Megan suelta una pequeña risa.

Y por un segundo me quedo mirándola.

Su cabello rubio está recogido en una cola alta y lleva una camiseta blanca demasiado grande que probablemente es mía.

Y maldita sea…

se ve increíble.

Tyler me mira.

Luego mira a Megan.

Luego vuelve a mirarme.

—Dios… estás enamorado.

—Cállate.

—No lo niegues.

Megan frunce el ceño.

—¿Qué está pasando?

Tyler señala mi cara.

—Está mirándote como si fueras la última pizza del planeta.

—¡Tyler!

Megan se ríe.

Y ese sonido hace que el apartamento se sienta… lleno.

Vivo.

Tyler levanta las manos.

—Bueno, bueno. Yo solo digo lo que todos vemos.

—¿Todos quiénes?

—Yo —responde.

Niega con la cabeza y luego se deja caer en el sofá.

—Por cierto —dice mirando alrededor— este lugar está increíble.

—Sí —admite Megan—. Es muy lindo.

Camina por la sala observando todo.

—Tu abuela tenía buen gusto.

Sonrío un poco.

—Siempre lo tuvo.

Megan se detiene frente al balcón y abre la puerta.

El viento entra moviendo un poco su cabello.

Se gira hacia mí.

—La vista es hermosa.

Camino hacia ella.

Tyler hace un sonido exagerado desde el sofá.

—Oh no… ya empezó la escena romántica.

Lo ignoro.

Me paro a su lado en el balcón.

—¿Qué opinas?

Ella mira el lugar otra vez.

—Creo que aquí puedes empezar de nuevo.

Sus palabras se sienten más importantes de lo que parecen.

—Eso intento.

Nos quedamos en silencio un momento.

Entonces Megan habla otra vez.

—Aún no estoy segura de lo de mudarme contigo.

Asiento.

—Lo sé.

—Pero quiero ayudarte a arreglar el lugar.

Sonrío un poco.

—¿Eso significa que vendrás seguido?

Ella me mira con esa sonrisa que me vuelve completamente estúpido.

—Tal vez.

Desde el sofá, Tyler levanta una mano.

—Solo una pregunta importante.

Nos giramos hacia él.

—¿Cuál?

—¿Dónde voy a sentarme cuando ustedes dos estén siendo insoportablemente románticos?

Megan se ríe.

—En el sofá.

—Perfecto —dice Tyler acomodándose—. Porque pienso quedarme aquí hasta que pidamos pizza.

Niega con la cabeza.

—Mudanza sin pizza no cuenta.

Megan me mira.

—Tiene razón.

Ordeno la pizza y Tyler toma su chaqueta.

—Voy por ella.

—Solo ve —le digo.

Tyler me señala.

—No hagan nada que no haría yo.

—Entonces sí podemos hacer muchas cosas —respondo.

Tyler rueda los ojos.

—Ya vuelvo.

La puerta del apartamento se cierra y de repente todo queda en silencio.

Solo Megan y yo.

Ella está de pie cerca de la cocina mirando algunas de las cajas.

Camino hacia ella.

—Por fin se fue.

Ella levanta una ceja.

—¿Eso significa que lo estabas esperando?

Sonrío.

—Tal vez.

Me acerco un poco más.

Ella no se mueve.

—Ander…

—¿Sí?

—Estás sonriendo raro.

—¿Raro?

—Sí.

La tomo suavemente de la cintura y la acerco a mí.

—Así.

Megan suelta una pequeña risa.

—Eres imposible.

—Pero te gusto.

Ella intenta mirar hacia otro lado.

—No lo admitas tan rápido.

—Muy tarde.

La beso.

Al principio es un beso suave… lento.

Pero Megan responde de inmediato.

Sus brazos rodean mi cuello mientras sus labios se mueven contra los míos.

Retrocedemos unos pasos sin dejar de besarnos.

Hasta que chocamos con la puerta de mi habitación.

No puedo evitar reír un poco contra sus labios.

—¿Qué pasa? —susurra.

—Nada, preciosa.

Abro la puerta y entramos.

Ella sigue besándome como si hubiera estado esperando hacerlo todo el día.

Nos movemos hacia la cama y nos dejamos caer sobre ella todavía riendo un poco entre besos.

Megan se separa apenas unos centímetros.

—Ander…

Paso una mano por su cabello.

—¿Sí?

—Hoy irás a hablar con Amanda.

Asiento.

—Sí.

—¿Y con sus padres?

—También.

Megan guarda silencio unos segundos.

—Entonces… me iré antes de que vuelvas.

Niego con la cabeza.

—No.

—Ander…

—Quiero que estés ahí.

—¿Qué?

—Cuando termine con todo eso.

Ella me mira confundida.

—No creo que sea buena idea.

—Lo es.

Tomo su mano.

—Esto empezó contigo… y quiero que también estés cuando lo cierre.

Megan duda un momento.

—Puedo esperarte en el auto —dice finalmente.

La miro.

—¿De verdad harías eso?

Asiente un poco.

—Sí.

Aprieto suavemente su mano.

—Por favor —le pido.

Ella suspira.

—Está bien.

La acerco otra vez a mí y beso su frente.

—Gracias, rubia.

Justo en ese momento escuchamos la puerta del apartamento abrirse.




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