Jugada Prohibida

Capítulo 21

Han pasado tres semanas.

Tres semanas desde aquella noche en la que Ander apareció en mi puerta con el labio roto y la vida hecha pedazos.

Y de alguna manera… todo cambió.

Ahora casi todos los días terminan igual.

Yo en su apartamento.

A veces viendo películas.

A veces estudiando.

A veces simplemente hablando durante horas sobre cualquier cosa.

El apartamento de Ander ya no se ve tan vacío. Hay plantas en el balcón que compré, un par de cuadros que Tyler insistió en colgar mal, y una manta enorme en el sofá porque siempre termino quedándome dormida ahí.

Aunque la mayoría de las veces termino en su cama.

No de la forma escandalosa que Tyler imagina… sino porque nos quedamos hablando hasta las dos de la mañana.

O riendo.

O besándonos.

Demasiado.

Hoy estamos caminando por el parque cerca de su apartamento.

El aire es fresco y las hojas se mueven con el viento.

Ander lleva mi mano entrelazada con la suya mientras caminamos.

—Te ves nerviosa —dice de repente.

Lo miro.

—¿Se nota mucho?

—Muchísimo.

Suelto un pequeño suspiro.

—Es que…

—¿Qué pasa, rubia?

Lo miro a los ojos.

—Mi papá quiere conocerte.

Se detiene.

—¿Qué?

—Mi papá quiere conocerte —repito.

Ander parpadea.

—¿Por qué?

—Porque le hablé de ti.

—¿Le hablaste de mí?

—Sí.

Se pasa una mano por el cabello.

—Eso suena peligroso.

No puedo evitar reír un poco.

—No lo es.

—Megan… los padres no invitan a los novios de sus hijas solo porque sí.

Mis mejillas se calientan.

—No eres oficialmente mi novio.

—Eso no es lo que parece —dice él.

Sigo caminando.

—De todos modos quiere conocerte.

—¿Hoy?

—Mañana en la cena.

Se queda en silencio unos segundos.

Luego me mira.

—Tengo nervios.

Levanto una ceja.

—¿Por qué?

Ander se detiene frente a mí.

—Porque voy a conocer a tu papá.

Sonrío un poco.

—Relájate.

—¿Relajarme? Megan… el último padre con el que hablé casi me golpea.

—Mi papá no es así.

—¿Estás segura?

Asiento.

—Completamente.

Ander me observa unos segundos más.

Luego suspira.

—Está bien.

—¿Está bien?

—Sí.

—¿Vendrás?

Sonríe un poco.

—Claro que iré.

Aprieta suavemente mi mano.

—Si voy a estar contigo… quiero que tu familia me conozca.

Mi corazón late un poco más rápido.

—Entonces mañana a las siete.

—Perfecto.

Seguimos caminando.

Y por primera vez desde que le dije…

Ander parece más nervioso que yo.

Seguimos caminando unos minutos más, pero puedo notar que Ander está más callado de lo normal.

—¿En qué piensas? —le pregunto.

—En tu papá.

Suelto una pequeña risa.

—Deja de pensar en eso.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque quiero que le agrade.

Mi corazón se derrite un poco al escucharlo.

—Le vas a agradar.

Ander no responde.

En cambio, aprieta un poco más mi mano mientras caminamos de regreso a su apartamento.

Cuando llegamos al edificio subimos las escaleras y entramos.

El lugar huele a café y a la pizza que Tyler dejó olvidada en la cocina ayer.

—Tu casa cada vez parece más una casa —digo mirando alrededor.

—Es culpa tuya.

—¿Mía?

—Sí. Tú trajiste las plantas, la manta, los cuadros…

Sonrío.

—Alguien tenía que hacerlo.

Dejo mi bolso en el sofá, pero cuando me giro para decir algo más noto que Ander está parado frente a mí… mirándome de una forma distinta.

—¿Qué pasa? —pregunto.

Él se mete la mano en el bolsillo de su chaqueta.

—He estado pensando en algo.

—Eso suena peligroso.

Sonríe un poco.

—Tal vez.

Entonces saca una pequeña caja.

Parpadeo.

—Ander…

—No es lo que crees.

La abre.

Dentro hay un collar delicado… una cadena fina con un pequeño dije plateado.

Mi corazón empieza a latir más rápido.

—Es hermoso —susurro.

—Lo vi hace unos días y pensé en ti.

—¿En mí?

Asiente.

Se acerca un poco más.

—¿Puedo?

Levanto mi cabello mientras él coloca el collar alrededor de mi cuello.

Sus dedos rozan mi piel cuando lo cierra.

Un pequeño escalofrío recorre mi espalda.

Cuando termino de acomodarlo, Ander se queda mirándome.

Sus ojos están completamente serios ahora.

—Megan.

—¿Sí?

Toma mis manos entre las suyas.

—Estas últimas semanas… han sido las mejores que he tenido en mucho tiempo.

Siento mi corazón golpear fuerte en el pecho.

—Para mí también.

Él sonríe apenas.

—Pero quiero algo más que esto.

—¿Más?

Asiente.

Da un pequeño paso más cerca.

—Quiero que seas mi novia.

El mundo parece detenerse por un segundo.

—Ander…

—De verdad.

Acaricia suavemente el collar que acaba de ponerme.

—Quiero poder decir que eres mía… y que yo soy tuyo.

Mis ojos se llenan de lágrimas pequeñas de felicidad.

—Pensé que nunca me lo ibas a pedir.

Él frunce el ceño.

—¿Por qué?

—Porque todo pasó tan rápido.

Sonríe un poco.

—Las mejores cosas pasan rápido.

Me acerco y rodeo su cuello con mis brazos.

—Sí, Ander.

Sus ojos brillan.

—¿Sí?

—Sí… quiero ser tu novia.

Ander sonríe como un idiota completo.

Y luego me besa.

El beso dura unos segundos más.

Hasta que de repente…

gruñido.

Nos separamos.

Parpadeo.

Ander también.

Y entonces su estómago vuelve a sonar.

Esta vez más fuerte.

No puedo evitar reír.

—¿En serio? —digo entre risas.

Ander se pasa una mano por el cuello, un poco avergonzado.

—Ignóralo.

—Creo que todo el edificio lo escuchó.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.