—¿Qué carajos le compro a su padre? —le pregunto a Tyler por tercera vez en menos de diez minutos.
Estamos en una tienda del centro llena de cosas elegantes que parecen demasiado caras para mi gusto.
Tyler está mirando una fila de relojes como si estuviera comprando para sí mismo.
—Amigo… tranquilo.
Lo miro incrédulo.
—¿Tranquilo?
—Sí.
—Voy a conocer al padre de mi novia.
Tyler sonríe.
—Todavía suena raro escucharte decir eso.
—No cambies el tema.
Camino por la tienda pasando frente a botellas de vino, cajas de chocolates y cosas que no tengo idea para qué sirven.
—La chica de la cual estoy demasiado enamorado —continúo— y no quiero arruinar nada.
Tyler finalmente deja el reloj y me mira.
—¿Acabas de decir que estás enamorado?
—No empieces.
—Hermano…
—Tyler.
—Ander está enamorado.
—Te voy a golpear.
Él se ríe.
—Lo sabía desde que la miraste en la pizzería como si fuera el sol.
Paso una mano por mi cabello.
—Esto es serio.
—Lo sé.
—Su papá me invitó a cenar.
—Eso es buena señal.
—¿Y si no le agrado?
Tyler me mira como si estuviera exagerando.
—Ander.
—¿Qué?
—Eres el chico más decente que conozco.
—Eso no es verdad.
—Bueno… el segundo.
—Gracias.
—Pero en serio —continúa—. Si Megan está enamorada de ti, su padre lo va a notar.
Sus palabras me hacen quedarme en silencio un momento.
—¿Crees que está enamorada?
Tyler levanta una ceja.
—Hermano… vive prácticamente en tu apartamento.
—Eso no responde la pregunta.
—Sí la responde.
Suspiro.
—Quiero hacerlo bien.
—Entonces deja de entrar en pánico.
Camina hacia una mesa con botellas.
—Compra un buen vino.
—¿Y si no toma?
—Entonces compra flores para su mamá.
—¿Y si su mamá no está?
Tyler me mira.
—Eres imposible.
Señala una botella elegante.
—Esa.
La tomo.
—¿Crees que está bien?
—Perfecta.
La observo unos segundos.
—¿Y si piensa que intento impresionarlo demasiado?
Tyler suspira dramáticamente.
—Ander.
—¿Qué?
—Es una cena.
—Lo sé.
—No es una entrevista para presidente.
—Se siente igual.
Tyler se acerca y pone una mano en mi hombro.
—Escúchame.
—¿Qué?
—Solo sé tú.
—¿Eso funciona?
—Con Megan funcionó.
Sonrío un poco al pensar en ella.
Su risa.
Su cabello rubio.
El collar que ahora lleva siempre en el cuello.
—Sí —murmuro—. Funcionó.
Tyler sonríe.
—Entonces deja de preocuparte.
Miro la botella otra vez.
—Está bien.
—Eso.
Caminamos hacia la caja.
Pero justo antes de pagar, Tyler vuelve a hablar.
—Por cierto.
—¿Qué?
—Cuando estés cenando con su papá…
—¿Sí?
—No menciones que casi te peleas con el padre de tu ex.
Lo miro.
—Definitivamente no pensaba hacerlo.
Tyler sonríe.
—Bien.
Salimos de la tienda.
Y mientras sostengo la botella de vino en mis manos…
solo puedo pensar en una cosa.
Esta noche voy a conocer al padre de Megan.
Y quiero que todo salga perfecto.
Una hora después estoy frente a la casa de Megan.
Con flores en una mano.
Y una botella de vino en la otra.
Miro la puerta.
Luego el jardín perfectamente cuidado.
Luego vuelvo a mirar la puerta.
—Tranquilo —murmuro para mí mismo.
Respiro profundo.
Levanto la mano y toco el timbre.
Unos segundos después la puerta se abre.
Y ahí está Megan.
Lleva un vestido sencillo color crema y su cabello rubio cae suelto sobre sus hombros.
Cuando me ve, sonríe de inmediato.
—Hola.
Sonrío también.
—Hola, rubia.
Sus ojos bajan a mis manos.
—¿Flores?
—Pensé que sería buena idea.
Ella toma las flores con una sonrisa dulce.
—Son hermosas.
Se acerca un poco más y me da un beso rápido.
—Gracias.
—De nada.
—Pasa.
Entro a la casa.
Es cálida.
Acogedora.
Muy diferente a la casa fría donde crecí.
Megan cierra la puerta detrás de mí.
—Mi papá está en la sala.
—Perfecto.
Camino con ella hacia la sala y veo a un hombre levantarse del sofá.
Alto.
Cabello oscuro con algunas canas.
Su presencia es fuerte… pero no intimidante.
Megan sonríe.
—Papá, él es Ander.
Camino hacia él y extiendo la mano.
—Mucho gusto, señor.
Él estrecha mi mano con firmeza.
—Mark.
—Mucho gusto, Mark.
Levanto un poco la botella.
—Traje vino.
Él sonríe.
—Eso siempre es bienvenido en esta casa.
Le entrego la botella.
Megan pone las flores sobre la mesa.
Mark me observa unos segundos… pero su expresión es tranquila.
Amable incluso.
—Megan me ha hablado mucho de ti —dice.
Mi corazón se acelera un poco.
—Espero que cosas buenas.
Megan se ríe.
—La mayoría.
Mark sonríe también.
—Siéntate, Ander.
Nos sentamos en la sala.
Megan se acomoda a mi lado.
—Entonces —dice Mark—. ¿Cómo se conocieron ustedes dos?
Megan me mira.
—Larga historia.
Sonrío.
—Muy larga.
Mark se cruza de brazos con curiosidad.
—Bueno… tenemos toda la noche.
Terminamos en la mesa de la cocina con un plato enorme de nachos en el centro y una bandeja de alitas recién hechas.
El olor es increíble.
—Espero que te gusten las alitas —dice Mark mientras se sienta frente a nosotros.
—Me encantan —respondo.
Megan se sienta a mi lado y me empuja suavemente con el hombro.
—Mi papá cree que las hace mejor que cualquier restaurante.
Mark levanta una ceja.
—Porque es verdad.
Tomo una alita.
—Entonces tengo suerte.