Jugada Prohibida

Capítulo 25

El aeropuerto siempre tiene ese ambiente extraño.

Personas corriendo.

Maletas rodando por el suelo.

Anuncios por los altavoces.

Y despedidas.

Estoy abrazando a mi papá frente a la zona de embarque mientras intento no ponerme demasiado emocional.

—Te amo —le digo.

Él me abraza fuerte.

—Yo también te amo, hija.

Se separa un poco y besa mi frente como siempre lo ha hecho.

—Solo serán tres meses.

Asiento.

—Lo sé.

Aunque igual se siente extraño.

Nunca había estado tanto tiempo lejos de él.

Mark mira por encima de mi hombro y luego a Ander, que está a mi lado.

—Ander.

Él da un pequeño paso adelante.

—Sí, señor.

Mi papá pone una mano en mi hombro.

—Cuídala.

Ander sonríe con seguridad.

—Por supuesto que sí.

Mi papá asiente, claramente satisfecho con la respuesta.

Luego vuelve a abrazarme una vez más.

—Llámame cuando llegues al apartamento.

—Lo haré.

—Y nada de saltarte comidas.

—Papá…

—Lo digo en serio.

No puedo evitar reír un poco.

Finalmente toma su maleta.

—Bueno… supongo que es hora.

Lo miro caminar unos pasos hacia la fila de embarque.

Luego se gira una última vez y levanta la mano para despedirse.

Yo hago lo mismo.

Cuando finalmente desaparece entre la gente, siento la mano de Ander tomar la mía.

—Hey.

Lo miro.

—¿Estás bien?

Asiento lentamente.

—Sí… solo es raro.

Él aprieta suavemente mi mano.

—No estás sola.

Sonrío un poco.

—Lo sé.

Salimos del aeropuerto juntos hacia el estacionamiento.

Llegamos al apartamento de Ander cuando ya empieza a oscurecer.

Subimos las escaleras y él abre la puerta.

—Bienvenida —dice con una pequeña sonrisa.

Entro y dejo mi bolso sobre el sofá.

—Creo que nunca había estado tan cansada.

—Eso pasa después de las despedidas.

Va directo a la cocina y saca las bolsas que compramos antes de salir del aeropuerto.

—Pero al menos compramos algo bueno.

Saca dos hamburguesas, papas fritas y un pequeño bote de helado.

—Cena de campeones.

—Totalmente.

Nos sentamos en el sofá con las cajas de comida sobre la mesa de centro.

Tomo una papa frita y la mojo en salsa.

—Tu apartamento siempre huele a comida.

—Eso es porque siempre hay comida.

Le doy un mordisco a la hamburguesa.

—No me quejo.

Ander se recuesta un poco en el sofá mientras come.

—Entonces…

Lo miro.

—¿Entonces qué?

—¿Vas a vivir conmigo estos tres meses?

Levanto una ceja.

—¿Eso fue una invitación oficial?

—Tal vez.

Sonrío.

—Puede ser.

Él sonríe también.

Me acerco un poco más y rodeo su cuello con mis brazos.

—Pero creo que tendría que pensarlo muy bien.

—¿Ah sí?

—Sí.

—¿Por qué?

Me río suavemente.

—Porque podría acostumbrarme demasiado a esto.

—¿A qué?

Acerco mi rostro al suyo.

—A estar contigo.

Y antes de que diga algo más…

lo beso.

Ander sonríe contra mis labios antes de separarse un poco.

Apoya la espalda en el sofá mientras seguimos comiendo.

—¿Sabes algo? —dice de repente.

—¿Qué?

—En el futuro vamos a vivir en una enorme casa.

Lo miro divertida.

—¿Ah sí?

—Sí.

—¿Y cómo sabes eso?

—Porque lo estoy planeando.

Sonrío.

—Muy bien, señor arquitecto del futuro.

Él toma otra papa frita.

—Una casa grande… con un jardín enorme.

—¿Para qué?

—Para nuestro perro.

Levanto una ceja.

—¿Nuestro perro?

—Sí.

—¿Qué tipo de perro?

—Un pastor alemán.

No puedo evitar reír.

—¿Quieres un perro?

—Obviamente.

—¿Y quién lo va a sacar a pasear cuando llueva?

—Tú.

Le doy un pequeño golpe en el brazo.

—Claro que no.

Él se ríe.

—Está bien, lo sacaremos juntos.

Apoyo mi cabeza en su hombro.

—Me gusta ese plan.

—¿El del perro?

—El del futuro.

Ander pasa un brazo alrededor de mí.

—Tranquila.

—¿Por qué?

—Porque algún día todo eso va a pasar.

Levanto la mirada hacia él.

—¿Estás seguro?

Él sonríe con esa seguridad que siempre me calma.

—Contigo… siempre estoy seguro.

Justo cuando termino mi helado, el celular de Ander empieza a sonar sobre la mesa.

Él lo toma y mira la pantalla.

—Es mi mamá.

—¿Vas a contestar?

—Claro.

Responde y se levanta un poco del sofá mientras camina hacia la cocina.

—Hola, mamá.

Lo escucho hablar unos minutos.

Asiente varias veces.

—Sí… claro… mañana entonces.

Hace una pequeña pausa.

—Sí, voy con Megan.

Mi corazón da un pequeño salto cuando dice mi nombre.

—Está bien… nos vemos mañana.

Cuelga y vuelve al sofá.

—¿Todo bien? —pregunto.

—Sí.

Se deja caer a mi lado.

—Mi mamá quiere que vayamos mañana a su casa.

—¿Mañana?

—Sí. Es su cumpleaños.

Abro un poco los ojos.

—Oh.

—Quiere hacer algo pequeño… una cena.

Asiento lentamente.

—Suena bien.

Ander me observa unos segundos.

—Estás nerviosa.

—¿Se nota mucho?

—Un poco.

Suspiro.

—Solo he hablado con ella por celular… nunca la he conocido en persona.

—Le caes muy bien.

—¿Cómo sabes?

—Porque siempre pregunta por ti.

—Eso no ayuda mucho con los nervios.

Él toma mi mano entre las suyas.

—Megan…

—¿Sí?

—Todo va a estar bien.

Aprieta suavemente mis dedos.

—Además, ya le gustas.

—¿De verdad?

—Mucho.

Sonrío un poco.

—Entonces espero no arruinar esa buena impresión mañana.

Ander se acerca y besa mi frente.

—Imposible.

—¿Por qué?

Él sonríe.

—Porque eres tú.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.