Llegamos a la casa donde es la fiesta y la música se escucha incluso antes de entrar.
Las luces de colores iluminan el jardín y hay gente por todas partes riendo, bailando y hablando.
Ander estaciona el auto y me mira antes de bajar.
—¿Lista?
—Lista.
Bajamos del auto y caminamos hacia la entrada.
En cuanto entramos, siento varias miradas girarse hacia nosotros… o más bien hacia mí.
Más de un chico se voltea a verme mientras caminamos.
Puedo sentir cómo la mano de Ander aprieta un poco más fuerte la mía.
Cuando lo miro, su mandíbula está ligeramente tensa.
Sonrío.
—Tranquilo, amor.
Me acerco y lo beso suavemente.
—Estoy contigo.
Su expresión se suaviza un poco.
—Lo sé.
Pasamos entre la gente buscando caras conocidas.
La música retumba en las paredes y alguien está gritando algo cerca de la cocina.
Entonces los veo.
—Allá están —digo.
Sophie y Tyler están cerca de la sala.
Pero cuando llegamos… Tyler tiene las manos en la cintura de Sophie y se están besando.
Me quedo mirando la escena con los ojos abiertos.
Ander se ríe un poco.
—Bueno… eso fue rápido.
Justo en ese momento Sophie se separa y nos ve.
Sus ojos se abren.
—¡Megan!
Tyler también nos ve y sonríe como si nada.
—¡Llegaron!
Sophie se pone un poco roja.
—No es lo que parece.
Ander levanta una ceja.
—Parece exactamente lo que es.
Tyler rodea los hombros de Sophie con un brazo.
—Ok… sí es lo que parece.
No puedo evitar reír.
—Así que al final sí te gustaba.
Sophie se tapa la cara un segundo.
—No empieces.
Tyler sonríe orgulloso.
—Creo que soy irresistible.
—No exageres —dice Sophie empujándolo.
Ander aprieta mi mano mientras mira a Tyler.
—Más te vale tratarla bien.
Tyler levanta las manos dramáticamente.
—Siempre.
La música retumba en toda la casa.
La sala está llena de gente bailando y riendo mientras las luces de colores se mueven por el techo.
Ander toma mi mano.
—¿Bailas conmigo?
Sonrío.
—Siempre.
Me lleva hacia el centro de la sala y pone sus manos en mi cintura mientras empezamos a movernos al ritmo de la música.
El ambiente está caliente, lleno de energía.
Yo rodeo su cuello con mis brazos mientras bailamos.
—Esta fiesta no está tan mal —le digo cerca del oído.
—Porque estás conmigo.
Río.
—Qué confiado.
Seguimos bailando un rato.
Ander me gira suavemente y vuelvo a quedar frente a él.
Sus manos se apoyan otra vez en mi cintura.
Pero en ese momento alguien se acerca demasiado por detrás.
Un chico que claramente ha bebido más de la cuenta.
—Hola, preciosa —dice con voz arrastrada.
Intento ignorarlo y sigo bailando con Ander, pero el chico se acerca más.
—¿Quieres bailar conmigo?
—No, gracias —digo intentando ser amable.
Pero antes de que pueda moverme, el chico se atreve a tocarme el trasero.
Todo pasa muy rápido.
Siento cómo Ander se queda completamente rígido.
Su expresión cambia en un segundo.
—Oye —dice con voz fría.
El chico apenas alcanza a mirarlo cuando Ander lo empuja con fuerza.
—¿Qué demonios te pasa?
—Relájate, amigo —dice el chico riéndose.
Ese fue el peor error que pudo cometer.
Ander pierde completamente la paciencia.
Da un paso adelante y le lanza un golpe directo al rostro.
El chico cae hacia atrás entre la gente.
Alrededor de nosotros se escuchan gritos y murmullos.
—¡Ander! —digo agarrando su brazo.
Pero él está furioso.
Su respiración es pesada y sus ojos están llenos de rabia mientras mira al chico en el suelo.
Tyler aparece corriendo entre la gente.
—¡Hermano! ¡Tranquilo!
Sophie también llega a mi lado.
—¿Qué pasó?
Miro a Ander, que todavía está tenso.
—Ese idiota me tocó.
Tyler mira al chico en el suelo y luego a Ander.
—Ok… sí, se lo merecía.
Pero Ander todavía aprieta los puños.
Tomo su rostro entre mis manos para que me mire.
—Ander.
Sus ojos finalmente se posan en mí.
—Estoy bien —le digo suavemente.
Poco a poco su respiración se calma.
—Vámonos —murmura.
Asiento.
Y mientras salimos de la fiesta juntos…
puedo sentir que su mano no suelta la mía ni un segundo.
El auto está en silencio.
Solo se escucha el sonido del motor y la carretera bajo las llantas.
Ander conduce con la mandíbula apretada, mirando al frente.
Sus manos sujetan el volante con fuerza.
—Ander… —digo suavemente.
No responde.
Sigo mirándolo.
—Hey… estoy bien.
Nada.
Ni siquiera me mira.
Suspiro.
—De verdad, no fue nada.
Él sigue en silencio, claramente todavía furioso.
—Ander, mírame un segundo.
Pero sigue conduciendo como si no hubiera escuchado nada.
Empiezo a sentir cómo la frustración crece dentro de mí.
—Ander.
Nada.
—¿Vas a seguir ignorándome?
Silencio.
Cruzo los brazos.
—Ok… genial.
Él sigue mirando la carretera.
—Déjame en mi casa.
Eso hace que finalmente gire un poco la cabeza.
—¿Qué?
—Que me dejes en mi casa.
—Megan…
—No —lo interrumpo—. No quiero estar contigo si me vas a ignorar.
Ander frunce el ceño.
—No te estoy ignorando.
—Entonces habla conmigo.
El silencio vuelve a llenar el auto por unos segundos.
—Estoy tratando de calmarme —dice finalmente.
—Lo sé —respondo—. Pero no puedes simplemente cerrarte.
Ander pasa una mano por su cabello con frustración.
—Ese tipo te tocó.
—Y tú lo golpeaste.
—Porque nadie te toca así.
Lo miro.
—Ander…
Su voz baja un poco.