Hoy es el cumpleaños de mi mamá.
Y por primera vez desde que me invitó… empiezo a pensar que ir es una pésima idea.
Estoy en la cocina del apartamento mirando mi café mientras Megan sigue dormida en mi habitación, usando una de mis camisas.
La escena de anoche vuelve a mi cabeza.
El tipo tocándola.
Mi golpe.
La cara de Megan tratando de calmarme en el auto.
Aprieto la mandíbula.
Pero no es solo eso lo que me tiene tenso.
Es otra cosa.
Mi mamá.
Su nueva vida.
Su nueva familia.
Respiro hondo y paso una mano por mi cabello.
No quiero verla con ellos.
No quiero ver la forma en que sonríe como si todo fuera perfecto.
Como si los últimos años no hubieran pasado.
Y mucho menos quiero ver a Jack.
Solo pensar en él me irrita.
Tiene mi misma edad.
Demasiado confiado.
Demasiado encantador.
Y estoy seguro de que en cuanto vea a Megan…
va a intentar coquetearle.
Y eso no va a pasar.
No con mi novia.
Escucho pasos suaves detrás de mí.
—Buenos días.
Me giro.
Megan está en la puerta de la cocina, todavía con mi camisa puesta y el cabello un poco desordenado.
Y maldita sea…
se ve hermosa.
—Buenos días —digo.
Ella se acerca y me rodea la cintura con los brazos.
—¿Estás pensando demasiado otra vez?
—Tal vez.
Levanta la mirada hacia mí.
—¿Por tu mamá?
Asiento un poco.
—Empiezo a pensar que fue mala idea aceptar ir.
Megan apoya su cabeza en mi pecho.
—¿Por qué?
Suspiro.
—Porque no quiero verla con su nueva familia.
Ella se queda en silencio.
—Y tampoco quiero ver a Jack.
—¿Jack?
—El hijo de su esposo.
—Ah.
Me mira con curiosidad.
—¿Qué pasa con él?
La miro directamente.
—Tiene mi misma edad.
—¿Y?
—Y estoy seguro de que va a intentar coquetear contigo.
Megan abre los ojos sorprendida.
Luego se ríe suavemente.
—Ander…
—No es gracioso.
—Un poco sí.
Tomo su mentón suavemente para que me mire.
—No me gusta la idea.
Ella sonríe con ternura.
—Relájate.
—¿Por qué?
Megan se pone de puntillas y besa mis labios.
—Porque el único chico que me interesa…
—¿Sí?
Apoya su frente contra la mía.
—Eres tú.
Y por alguna razón…
eso hace que me calme un poco.
Megan se separa un poco de mí y me mira con esa expresión decidida que pone cuando ya tomó una decisión.
—Ve a bañarte.
Levanto una ceja.
—¿Qué?
—Ve a bañarte —repite empujándome suavemente hacia el pasillo—. Yo voy a hacer el desayuno.
—¿Desayuno?
—Sí.
—No tienes que…
—Ander —dice cruzándose de brazos—. Ve.
No puedo evitar sonreír.
—Está bien, jefa.
Camino hacia el baño mientras ella vuelve a la cocina.
Unos minutos después estoy bajo el agua caliente tratando de despejar la cabeza.
Quizás Megan tiene razón.
Tal vez estoy pensando demasiado.
Termino de bañarme, me arreglo rápido y vuelvo a la cocina con una camiseta limpia y el cabello todavía un poco húmedo.
Y entonces lo veo.
La mesa está servida.
El apartamento huele increíble.
—Wow.
Megan está de espaldas a mí terminando de poner algo en los platos.
Cuando se gira, sonríe.
—Justo a tiempo.
En la mesa hay pancakes con banano, un poco de miel y huevos revueltos.
La miro impresionado.
—¿Hiciste todo eso?
Se encoge de hombros.
—No fue tan difícil.
Me siento frente a ella.
—Creo que estoy enamorado.
Ella levanta una ceja divertida.
—¿Creo?
—Bueno… ahora estoy más seguro.
Megan se ríe y se sienta frente a mí.
Tomo un pedazo de pancake y lo pruebo.
—Ok… esto está increíble.
—Te dije que sabía cocinar.
—Definitivamente deberías mudarte conmigo.
Ella me mira con una pequeña sonrisa.
—¿Otra invitación oficial?
—Tal vez.
Megan toma un poco de su desayuno y me observa por un momento.
—¿Te sientes mejor?
Asiento.
—Sí.
La verdad es que sí.
Tal vez no por el desayuno…
sino porque ella está aquí conmigo.
Después de terminar el desayuno, Megan recoge los platos mientras yo preparo café.
—Voy a bañarme —dice mientras deja el último plato en el lavaplatos.
—Está bien.
La veo desaparecer por el pasillo hacia el baño.
Aprovecho para ordenar un poco la cocina y servirme otra taza de café.
Unos veinte minutos después escucho la puerta del baño abrirse.
Levanto la vista.
Y por un segundo me quedo completamente en silencio.
Megan sale del pasillo con el cabello aún un poco húmedo, cayendo suavemente sobre sus hombros.
Lleva un vestido corto color crema, muy femenino, que se ajusta delicadamente a su cintura y cae con una tela ligera sobre sus piernas. El vestido tiene pequeñas mangas suaves y un escote sencillo que la hace ver elegante sin esfuerzo.
En sus pies lleva sandalias delicadas y su maquillaje es apenas natural.
Se ve… hermosa.
—¿Qué? —pregunta cuando nota que la estoy mirando demasiado.
Dejo la taza sobre la mesa.
—Wow.
Ella se ríe un poco.
—¿Eso es bueno o malo?
Me acerco lentamente.
—Muy bueno.
La observo de arriba abajo.
—Te ves increíble.
Megan acomoda un poco su cabello detrás de la oreja.
—Es el cumpleaños de tu mamá… tenía que verme presentable.
Pongo una mano en su cintura y la acerco un poco.
—Créeme… más que presentable.
Ella sonríe.
—¿Listo para ir?
La miro un segundo.
Respiro hondo.
—Ahora sí.
Salimos del apartamento unos minutos después.