Han pasado tres meses.
Tres meses desde que empezamos la universidad.
Tres meses desde las pruebas de hockey de Ander.
Tres meses viviendo en el campus, corriendo de clases en clases, estudiando hasta tarde, comiendo demasiada comida rápida y tratando de entender cómo funciona realmente la vida universitaria.
Y honestamente…
han sido los mejores meses de mi vida.
Lily se ha convertido en una de mis mejores amigas.
Incluso Scarlett y yo hemos logrado convivir sin matarnos.
Aunque todavía hay momentos incómodos.
Pero lo más importante…
Ander y yo estamos bien.
Muy bien.
Nos vemos casi todos los días.
A veces estudio en su dormitorio, otras veces él viene al mío.
Y muchas noches terminamos caminando por el campus hablando de todo y de nada.
Hoy es uno de esos días importantes.
Porque estamos buscando apartamento.
No quiero seguir viviendo en el dormitorio de la universidad y Ander tampoco quiere seguir compartiendo habitación con Tyler.
Así que decidimos empezar a buscar un lugar para los dos.
Estoy sentada en el sofá del pequeño lobby del edificio donde vamos a ver el apartamento cuando escucho la voz que conozco perfectamente.
—Llegué.
Levanto la mirada.
Ander entra por la puerta con su mochila colgada en un hombro.
Su cabello está un poco desordenado y todavía lleva la chaqueta del equipo de hockey.
Sonrío.
—Pensé que no ibas a llegar.
—El entrenador decidió matarnos hoy en el entrenamiento.
Se acerca y deja un beso rápido en mis labios.
—Hola.
—Hola.
Se deja caer a mi lado en el sofá.
—¿Hace mucho llegaste?
—Diez minutos.
Ander mira alrededor del edificio.
—¿Qué tal se ve el lugar?
—Bonito.
—Eso es una buena señal.
En ese momento una mujer aparece desde el pasillo.
—¿Megan y Ander?
Nos levantamos.
—Sí.
—Soy Carla, la agente inmobiliaria.
Nos sonríe.
—¿Listos para ver el apartamento?
Miro a Ander.
Él me mira a mí.
Y sonríe.
—Más que listos.
Carla nos guía por un pasillo largo y luminoso.
El edificio es más bonito de lo que esperaba. Las paredes son blancas, hay cuadros modernos y todo se ve limpio y tranquilo.
Ander camina a mi lado con una mano apoyada suavemente en mi espalda.
—Está bien el lugar —murmura.
—Mucho mejor que los dormitorios —le respondo.
Él se ríe.
—Eso no es difícil.
Carla se detiene frente a una puerta.
—Este es el apartamento.
Saca una llave y abre.
La puerta se abre lentamente y entramos.
Lo primero que veo es una sala amplia con una ventana enorme que deja entrar mucha luz.
—Oh… —digo sin poder evitarlo.
Ander también mira alrededor.
—Está bonito.
Carla sonríe.
—Tiene una habitación, un baño, cocina abierta y un pequeño balcón.
Camino lentamente por la sala.
Puedo imaginar un sofá aquí.
Una pequeña mesa allá.
Libros en una repisa.
Nuestro espacio.
Ander abre la puerta del balcón.
—Ven a ver esto.
Camino hacia él.
La vista da directamente al campus.
Se ven los árboles, algunos edificios de la universidad y varios estudiantes caminando por los senderos.
—Es lindo —digo.
Ander apoya los brazos en la baranda.
—Podríamos desayunar aquí.
Sonrío.
—O estudiar.
—O ignorar que tenemos que estudiar.
Me río.
—Eso también.
Volvemos al interior y caminamos hacia la habitación.
Es sencilla pero cómoda.
Hay espacio para una cama grande y un escritorio.
Ander mira alrededor.
—Aquí podría poner mi equipo de hockey.
—Siempre y cuando no ocupe todo el apartamento.
—No prometo nada.
Le doy un pequeño golpe en el brazo.
Carla nos deja recorrer el lugar unos minutos mientras revisa algo en su tablet.
Me acerco a la ventana del cuarto.
Ander se para detrás de mí y rodea mi cintura con los brazos.
—¿Te gusta? —pregunta.
—Mucho.
—A mí también.
Me giro un poco para mirarlo.
—¿Te imaginas viviendo aquí?
Ander sonríe.
—Contigo… sí.
Apoyo la cabeza en su pecho por un momento.
—Sería nuestro primer lugar.
—Nuestro hogar.
Levanto la mirada.
—Suena serio cuando lo dices así.
Él se encoge de hombros.
—Estamos comprometidos.
—Eso también suena serio.
Ander ríe.
—Un poco.
Carla vuelve a acercarse.
—¿Qué les parece?
Miro a Ander.
Luego vuelvo a mirar el apartamento.
—Creo que… me encanta.
Miro otra vez el apartamento.
La sala.
La ventana enorme.
El balcón.
La habitación.
Intento imaginar nuestras cosas aquí. Mis libros de literatura, la chaqueta de hockey de Ander tirada en una silla, noches estudiando juntos en la mesa de la cocina.
Y de repente la decisión se siente muy fácil.
Miro a Carla.
—Queremos el apartamento.
Ander gira la cabeza hacia mí.
—¿Así de rápido?
Me encojo de hombros.
—Sí.
Carla sonríe.
—¿Están seguros?
—Muy seguros —respondo.
Ander me observa unos segundos.
Luego empieza a sonreír.
—Bueno… eso fue fácil.
—¿No lo quieres?
—Claro que lo quiero.
Carla abre su carpeta.
—Entonces podemos empezar con los papeles.
Ander levanta una ceja.
—¿Hoy?
—Si quieren, sí.
Miro a Ander.
—Hagámoslo.
Él suelta una pequeña risa.
—Megan, eres peligrosa tomando decisiones.
—¿Por qué?
—Porque acabamos de decidir dónde vamos a vivir en menos de cinco minutos.
—Confía en mí.
—Siempre lo hago.
Carla saca algunos documentos y los coloca sobre la mesa de la pequeña cocina.
—Solo necesito algunas firmas y datos básicos.