Estoy parado frente al tablero del estadio con Megan a mi lado.
Hay muchos nombres pegados en la hoja blanca.
Muchos.
Jugadores hablando, riéndose, algunos nerviosos, otros fingiendo que no les importa.
Pero a todos nos importa.
Mucho.
Siento a Megan a mi lado, su mano rozando la mía.
—¿Estás nervioso? —me pregunta en voz baja.
—Sí.
—Vas a quedar.
No respondo.
Sigo buscando mi nombre.
Línea por línea.
Apellido por apellido.
Hasta que lo veo.
Reed, Ander.
Por un segundo no me muevo.
Solo me quedo mirando el papel.
Ahí está.
Entré.
Megan aprieta mi brazo.
—¿Lo encontraste?
Señalo el papel.
—Ahí.
Ella lee el nombre.
Y de repente me abraza.
—¡Entraste!
No puedo evitar sonreír.
La abrazo de vuelta y la levanto un poco del suelo.
—Entré.
—¡Sabía que ibas a entrar!
La bajo y ella me mira como si estuviera más feliz que yo.
—Estoy muy orgullosa de ti.
—Gracias.
Vuelvo a mirar la lista.
Y entonces veo otro nombre.
Carter, Dylan.
Claro.
Él también entró.
Tiene sentido.
Es bueno.
Muy bueno.
Como si sintiera que estoy pensando en él, Dylan aparece a unos metros, mirando la lista también.
Nuestros ojos se cruzan.
Él asiente una vez.
No es una sonrisa.
No es un gesto amable.
Es más como… respeto.
En ese momento el entrenador entra al pasillo.
—¡Escuchen!
Todos los jugadores se giran.
—Si su nombre está en la lista, felicidades. Están dentro del equipo.
Algunos chicos celebran.
Otros solo asienten.
El entrenador levanta la mano pidiendo silencio.
—Pero no se emocionen demasiado.
El pasillo se queda en silencio.
—Entrar al equipo no significa que van a jugar.
Ahora todos están atentos.
—Hay dos posiciones que todavía no están definidas.
Mira su hoja.
—Delantero izquierdo.
Mi posición.
Siento el estómago tensarse.
—Los que van a competir por esa posición son…
Mira la hoja otra vez.
—Reed.
Lo sabía.
—Y Carter.
También lo sabía.
Algunos chicos hacen un pequeño murmullo.
El entrenador nos mira a los dos.
—Uno será titular.
Hace una pausa.
—El otro se quedará en la banca.
Silencio total.
—Quiero ver quién realmente quiere ese puesto.
Se gira y se va como si nada.
Los jugadores empiezan a hablar entre ellos.
Megan me mira.
—¿Eso es bueno o malo?
—Las dos cosas.
—Vas a ser titular —dice ella segura.
En ese momento Dylan se acerca.
Se detiene frente a mí.
Mira a Megan.
—Hola, Megan.
—Hola —responde ella.
Luego Dylan me mira a mí.
Su expresión es tranquila, pero sus ojos no.
—Felicidades por entrar al equipo.
—Igualmente.
Hace una pequeña pausa.
Luego dice en voz baja, solo para que yo lo escuche:
—Pero en el hielo no somos amigos.
Sostengo su mirada.
—Nunca dije que lo fuéramos.
Dylan sonríe un poco.
Pero no es una sonrisa amable.
Es una sonrisa de competencia.
—Que gane el mejor.
—Siempre.
El primer entrenamiento después de que publican la lista se siente diferente.
Más pesado.
Más tenso.
Ya no estamos intentando entrar al equipo.
Ahora estamos peleando por un puesto.
Y todos lo sabemos.
El entrenador nos divide en dos equipos para un partido de práctica.
—Reed, Carter —dice señalándonos—. Quiero verlos jugar.
Eso solo significa una cosa.
Nos está comparando.
Me ajusto los guantes mientras entro al hielo. Puedo sentir la mirada de Dylan en algún lugar detrás de mí.
Patino hasta mi posición y entonces miro hacia las gradas.
Y la veo.
Megan está sentada en la banca junto a Tyler y otros chicos.
Cuando nuestras miradas se cruzan, ella sonríe y levanta el pulgar.
Eso hace que algo dentro de mí se calme.
El silbato suena.
El partido empieza.
El disco se desliza por el hielo y todo se vuelve rápido.
Patines.
Choques.
Gritos.
Pases.
El hielo raspa bajo mis patines mientras acelero. Recibo un pase, intento avanzar, pero Dylan me bloquea el paso.
Es rápido.
Muy rápido.
Intento mover el puck hacia la derecha, pero él mete el palo y me lo quita.
—Tienes que ser más rápido, Reed —dice mientras se lleva el disco.
Aprieto la mandíbula y patino de regreso.
Esto apenas empieza.
El partido sigue y ambos equipos ya tienen un gol.
Queda poco tiempo.
El entrenador está mirando sin decir una palabra.
Tyler me pasa el disco desde la banda.
Lo controlo y empiezo a avanzar.
Uno de los defensas intenta cerrarme el paso.
Cambio de dirección.
Paso entre dos jugadores.
Escucho un grito desde la banca.
—¡Vamos, Ander!
Miro de reojo.
Megan está de pie.
—¡Vamos, amor, tú puedes!
Eso me hace sonreír en medio del partido.
Dylan se me acerca para bloquearme otra vez.
—Hasta aquí llegas —dice.
Pero esta vez hago un amague, cambio el puck de lado y lo paso.
Quedo frente al arco.
El portero se mueve hacia la izquierda.
Levanto el palo.
Golpeo el disco.
El sonido contra la red es seco.
Gol.
El silbato suena fuerte.
Algunos chicos golpean el hielo con los palos.
Tyler levanta los brazos desde la banca.
Miro hacia las gradas.
Megan está sonriendo como si hubiera sido el mejor gol del mundo.
—¡Sabía que ibas a ganar! —grita.
Patino hacia la banca mientras mi equipo me golpea el casco y los hombros.
El entrenador levanta el silbato.
—¡Reed!
Me detengo frente a él.