Jugada Prohibida

Capítulo 38

La habitación está en silencio.

Lily no está y Scarlett está sentada en su cama mirando su celular, pero sé que no está haciendo nada realmente.

Se siente raro estar las dos solas.

Estoy guardando unos apuntes en mi mochila cuando ella habla.

—¿Tú lo amas mucho?

Levanto la mirada.

Sé que habla de Ander.

—Sí.

Ella asiente lentamente, como si esa respuesta fuera exactamente la que esperaba.

Se queda en silencio unos segundos.

Luego dice:

—Ander siempre quiso vivir con alguien. Tener un apartamento, una vida tranquila, alguien que lo esperara después de entrenar.

Me quedo quieta.

—Me alegra que lo tenga contigo.

No sé si eso fue un cumplido o algo más.

—Gracias —respondo.

Scarlett juega con el borde de su almohada.

—Él siempre fue muy intenso cuando amaba a alguien.

Eso me incomoda un poco.

—Lo sé.

Ella sonríe apenas.

—Cuando está enamorado, lo está de verdad.

El silencio vuelve.

Siento que hay algo que quiere decir y no dice.

—No te preocupes —dice de repente—. No quiero volver con él.

La miro.

—Nunca dije que…

—Pero lo pensaste —me interrumpe suavemente.

No respondo.

Porque tal vez sí lo pensé.

Scarlett suspira y mira hacia el techo.

—Solo hay algo que debes saber.

Siento el estómago apretarse.

—Ander nunca me dejó de un día para otro porque dejó de amarme.

La miro.

Ella ahora sí me mira directo a los ojos.

—Se fue porque su papá lo obligó a mudarse y él pensó que una relación a distancia iba a arruinar mi vida.

No sabía eso.

—Así que decidió por los dos.

Trago saliva.

—Muy típico de él.

El silencio se vuelve pesado otra vez.

—Solo te digo esto —continúa Scarlett—. Ander siempre protege a las personas que ama.

Se levanta de la cama y pasa a mi lado para salir de la habitación.

Antes de abrir la puerta dice:

—La pregunta es…
si algún día decide protegerte de él mismo.

Y sale.

Y yo me quedo sola en la habitación…

con una sensación horrible en el pecho que no sé explicar.

Camino directo al edificio de deportes.

No pensé mucho antes de venir, solo sentí que necesitaba verlo.

Necesitaba a Ander.

Cuando entro al estadio, algunos chicos están entrenando, otros están en las gradas. Busco con la mirada hasta que lo veo en el hielo, patinando solo, practicando tiros al arco.

Me siento en la banca a esperar.

Después de unos minutos me ve.

Se quita el casco y patina hacia la orilla.

—¿Megan? —dice sorprendido—. ¿Qué haces aquí?

No respondo de inmediato.

Solo lo miro.

Él se da cuenta enseguida de que algo no está bien.

Se quita los guantes rápido y sale del hielo.

—¿Qué pasó?

Y no sé por qué, pero cuando me pregunta eso…

empiezo a llorar.

No fuerte.

Pero las lágrimas empiezan a salir solas y no puedo detenerlas.

—Hey, hey… —dice acercándose rápido—. ¿Qué pasó?

Niega con la cabeza.

—Megan, mírame.

Me limpia una lágrima con el pulgar.

—¿Alguien te dijo algo? ¿Te hicieron algo?

Niego con la cabeza.

—No.

—Entonces, ¿qué pasa?

Respiro profundo, intentando calmarme.

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Hablé con Scarlett.

Ander se queda completamente quieto.

Su expresión cambia un poco.

Más seria.

—¿Qué te dijo?

—Nada malo —digo rápido—. Bueno… no exactamente.

Él pasa una mano por su cabello, nervioso.

—Megan…

Lo miro.

—Me dijo que tú no te fuiste porque dejaste de amarla.

El silencio entre nosotros se vuelve pesado.

Muy pesado.

Ander no responde.

Y eso me duele un poco.

—¿Es verdad? —pregunto en voz baja.

Él suspira.

—Sí.

Siento que el pecho se me aprieta.

—Pero eso fue hace mucho —dice rápido—. Megan, mírame.

Lo miro.

—Eso fue antes de ti.

—Lo sé.

—No significa nada ahora.

—Lo sé —repito, pero mi voz suena triste igual.

Ander frunce el ceño.

—Entonces, ¿por qué estás llorando?

Y esa es la peor parte.

Porque ni yo misma estoy segura.

Bajo la mirada.

—Porque me dio miedo.

—¿Miedo de qué?

Lo miro otra vez.

—De que ella haya sido el amor de tu vida…
y yo solo sea la chica con la que te vas a casar.

—Megan, escúchame bien.

Traga saliva y dice despacio:

—Tú eres el amor de mi vida.

Siento que el corazón me late más fuerte.

—No Scarlett.

—No mi pasado.

—No nadie más.

Sus manos siguen en mi rostro y sus ojos no se apartan de los míos.

—Tú.

Se acerca un poco más.

—Yo tuve una vida antes de ti, sí.

—Pero desde que tú apareciste… todo cambió.

Siento otra lágrima caer, pero esta vez no es de tristeza.

—No quiero a nadie más —continúa—. No extraño a nadie más. No estoy pensando en nadie más.

Apoya su frente contra la mía.

—Estoy pensando en la chica con la que voy a casarme.

Cierro los ojos un segundo.

—Estoy pensando en la chica con la que vivo.

Su voz baja un poco.

—En la chica con la que quiero tener una familia algún día.

Abro los ojos otra vez.

—Estoy pensando en ti, Megan.

Me rodea con los brazos y me abraza fuerte.

—Tú eres el amor de mi vida.

Después de salir del estadio me siento mucho más tranquila.

Siento como si me hubiera quitado un peso de encima. A veces solo necesito escucharlo a él para recordar que todo está bien.

Más tarde voy a la biblioteca a encontrarme con Lily para estudiar literatura.

La encuentro en una mesa llena de libros, hojas y un café que ya debe estar frío.

—Llegas tarde —dice sin levantar la mirada del libro.

—Perdón.

Me siento frente a ella.

—Problemas de vida amorosa —añado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.