Jugada Prohibida

Capítulo 40

Megan me dijo en la mañana que había dejado su cargador en su antigua habitación de la universidad cuando estuvo allá con Lily, así que le dije que yo pasaba a buscarlo.

Tengo entrenamiento más tarde, así que aprovecho y paso por la residencia.

Camino por el pasillo y se me hace raro volver aquí. Hace unos meses todo empezó aquí. Megan, la universidad, Scarlett, los problemas, todo.

Llego a la puerta de la habitación y toco dos veces.

Espero escuchar la voz de Lily, pero quien abre la puerta no es Lily.

Es Scarlett.

Se queda mirándome en silencio unos segundos, claramente sorprendida de verme ahí.

—Ander.

—Scarlett.

Hay un silencio incómodo de esos que duran demasiado.

—Vine por el cargador de Megan —digo finalmente.

Ella asiente y abre más la puerta para dejarme pasar.

Entro a la habitación y todo se siente extraño. Como si estuviera entrando a una vida vieja que ya no me pertenece.

—Está en el escritorio —dice ella señalando.

Camino hasta el escritorio de Megan, veo el cargador enrollado al lado de unos cuadernos y lo tomo.

Cuando me giro para irme, Scarlett sigue mirándome.

—Te vas a casar —dice de repente.

No es una pregunta.

Es una afirmación.

—Sí.

Ella asiente despacio.

—Siempre pensé que tú y yo nos íbamos a casar.

No sé qué responder a eso, así que no digo nada.

—Tres años, Ander —continúa—. Tres años no se olvidan así de fácil.

—No los olvidé —respondo—. Pero eso no significa que quiera volver.

Ella baja la mirada un momento y luego vuelve a mirarme.

—¿La amas mucho?

La pregunta me sale fácil.

—Sí.

No tengo que pensarlo.

—Es el amor de mi vida.

Scarlett sonríe, pero es una sonrisa triste.

—Nunca me miraste así a mí.

Eso me deja callado.

Porque tal vez tiene razón.

—Con Megan eres diferente —dice—. Más tranquilo. Menos… frío.

No respondo.

—Solo quería saber si valió la pena perderte —añade.

La miro.

—No me perdiste, Scarlett. Lo nuestro simplemente se terminó hace mucho tiempo, solo que ninguno de los dos lo dijo en voz alta.

Ella asiente despacio.

—Supongo que sí.

Camino hacia la puerta, pero antes de salir ella vuelve a hablar.

—Espero que seas feliz, Ander.

La miro una última vez.

—Lo soy.

Miro mi celular para ver si Megan me ha escrito y cuando levanto la cara, de repente siento los labios de Scarlett sobre los míos.

Me quedo en shock un segundo, pero reacciono de inmediato y me alejo.

—¿Qué carajos haces?

Scarlett se queda mirándome, nerviosa.

—Yo…

—No, Scarlett —digo pasando una mano por mi cabello, frustrado—. Se supone que Megan es tu amiga. Además… ya supérame.

No espero a que diga nada más. Salgo de la habitación, camino rápido por el pasillo y salgo del edificio.

Me subo al carro y golpeo el volante suavemente.

—Mierda.

Arranco y manejo hasta el apartamento, pero en todo el camino voy pensando lo mismo.

Tengo que decirle a Megan.

Pero no sé cómo.

Cuando llego al apartamento y abro la puerta, Megan ya está ahí, sentada en el sofá con su laptop.

Levanta la mirada y sonríe.

—Hola, amor. ¿Encontraste el cargador?

Y en ese momento siento un nudo en el estómago.

Mierda.

—Sí —digo levantando el cargador—. Aquí está.

Camino hacia ella y dejo el cargador en la mesa, pero Megan me mira raro.

—¿Todo bien?

—Sí, ¿por qué?

—Porque tienes cara de que mataste a alguien o de que pasó algo.

Me paso la mano por la nuca.

—Tengo que contarte algo.

Ella cierra la laptop lentamente.

—Eso nunca suena bien.

Me siento frente a ella.

No sé ni por dónde empezar.

—Fui a la residencia… y Scarlett estaba en la habitación.

Megan no dice nada, pero su cara cambia un poco.

—Ok…

—Hablamos un momento… normal.

—Ok…

Trago saliva.

—Y cuando me iba… ella me besó.

El silencio que sigue es horrible.

Megan no habla.

No se mueve.

No parpadea casi.

—Pero me alejé de inmediato —digo rápido—. No la besé, Megan, te lo juro. Fue ella, yo la quité enseguida.

Megan baja la mirada al suelo.

—Megan…

Ella se levanta del sofá y camina un poco por la sala.

—Di algo, por favor.

Se gira para mirarme.

—¿Por qué siempre pasa algo con ella?

No sé qué responder.

—Yo no hice nada.

—Lo sé —dice, pero su voz suena triste—. Pero siempre está ahí. Siempre pasa algo con Scarlett.

Se cruza de brazos.

—Estoy cansada de sentir que hay otra historia en tu vida que no se ha cerrado del todo.

Eso me duele.

Me levanto y camino hasta quedar frente a ella.

—Ya se cerró. Hace mucho.

—Entonces ¿por qué me siento así?

No sé qué responder a eso, así que solo hago lo único que puedo hacer.

La abrazo.

Al principio no me devuelve el abrazo, pero después de unos segundos, se pega a mí.

—Te amo, Megan —le digo en voz baja—. Solo a ti. Siempre a ti.

Ella se queda en silencio, abrazándome.

—Lo sé —dice finalmente—. Pero no me gusta esa chica.

—A mí tampoco —respondo.

—Te juro que mañana…

—No vas a hacer nada.

—Sí, la voy a golpear.

—Megan…

Me paso las manos por la cara, frustrado.

—Esto no es gracioso.

—No estoy bromeando —dice ella cruzándose de brazos—. Estoy muy cerca de volverme loca.

Camina por la sala de un lado a otro.

—Primero aparece en la residencia, luego te busca, luego te besa… Ander, ¿qué sigue? ¿Que aparezca en nuestra boda?

—Eso no va a pasar.

—No lo sabes.

La miro y puedo ver que no está enojada solamente. Está herida. Insegura. Cansada.

—Megan —le digo acercándome—, mírame.

Ella me mira.

—Yo no quiero a Scarlett. No estoy enamorado de Scarlett. No quiero volver con Scarlett. No quiero absolutamente nada con Scarlett.




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