Jugada Prohibida

Capítulo 41

Yo no me considero una persona celosa.

O eso me gustaba pensar.

Pero hay una diferencia muy grande entre ser celosa y que tu prometido tenga una exnovia que aparece en todos lados, vive en la residencia, es ahora mi “amiga” y además lo besa.

Así que sí.

Voy a hablar con Scarlett.

Y no, no voy a darle ningun golpe… aunque Ander crea que sí.

Camino por el campus directo hacia la residencia. Todo el camino voy pensando qué decirle para no sonar como una loca, pero tampoco como una tonta.

Llego a la habitación, toco la puerta y Scarlett abre.

Cuando me ve, se sorprende.

—Megan…

—¿Podemos hablar?

Duda unos segundos, pero luego se hace a un lado para dejarme pasar.

Entro y cierro la puerta detrás de mí.

Hay un silencio incómodo.

—Ander me contó lo que pasó —digo directamente.

Ella baja la mirada.

—Megan, yo…

—No, déjame hablar a mí primero.

Mi voz suena más firme de lo que me siento por dentro.

—Yo no vine a gritarte, ni a insultarte, ni a pelear. Vine a dejar algo claro.

Scarlett me mira en silencio.

—Ander y yo nos vamos a casar.

Traga saliva.

—Lo sé.

—Vivimos juntos. Tenemos planes. Tenemos una vida. No es un novio de universidad, no es algo temporal, no es un juego.

No digo esto con rabia, lo digo tranquila, pero muy seria.

—Yo lo amo —continúo—. Y él me ama a mí. Y eso no va a cambiar.

Scarlett tiene los ojos un poco brillantes, pero no llora.

—Yo lo conocí antes que tú —dice en voz baja.

Asiento.

—Sí. Y tuviste tu historia con él. Y nadie te la quita. Pero esa etapa ya se terminó.

Se hace un silencio largo.

—Besándolo no vas a hacer que vuelva contigo —le digo—. Solo vas a hacer que te pierda el respeto y que yo no quiera volverte a hablar nunca más.

Eso parece dolerle más que cualquier insulto.

—Yo no quería hacerte daño —dice.

—Pero lo hiciste.

La miro directo a los ojos.

—Scarlett, te lo voy a decir de la forma más tranquila posible, pero también muy clara: no te acerques más a Ander.

Ella no dice nada.

—No lo busques. No lo llames. No lo beses. No inventes excusas para verlo. Déjalo en paz.

—Lo amo —dice ella en voz bajita.

Eso me duele un poco, pero igual respondo.

—Tal vez sí. Pero él me ama a mí.

El silencio que sigue es pesado.

—Tienes que dejarlo ir —le digo—. Porque él ya te dejó ir hace mucho tiempo, solo que tú todavía no lo aceptas.

Scarlett finalmente se sienta en la cama, como si estuviera cansada de repente.

—Nunca pensé que iba a terminar así.

—Yo tampoco pensé que me iba a enamorar de él —respondo—. La vida cambia muy rápido.

Camino hacia la puerta, pero antes de salir me volteo y le digo lo último:

—No somos enemigas, Scarlett. Pero tampoco somos amigas.
Así que por favor… no vuelvas a meterte en mi relación.

Salgo de la habitación con el corazón latiendo rápido, las manos un poco temblando, pero con una sensación nueva.

Miro mi celular y veo un mensaje de Ander.

“Hoy vienen los reclutadores. Si puedes venir al partido, me haría feliz verte en la grada.”

Sonrío sin darme cuenta.

“Ahí estaré.”

Camino hacia el estadio de hockey de la universidad y cuando entro, ya hay mucha gente. Más de lo normal. Se nota que hoy no es un partido cualquiera.

Me siento en la grada con Lily y Sophie, que ya están ahí.

—Hoy Ander tiene que lucirse —dice Sophie—. Tyler dice que vinieron cazatalentos de equipos grandes.

—No lo pongas más nervioso —le digo.

Los jugadores salen al hielo y automáticamente busco a Ander con la mirada.

Lo encuentro rápido.

Número 17.

Como siempre.

Cuando levanta la cabeza y mira hacia las gradas, me ve y sonríe un segundo antes de ponerse el casco.

Mi corazón hace lo mismo de siempre.

Late más rápido.

El partido empieza y Ander juega increíble. Más rápido que todos, más concentrado, más agresivo, como si supiera que hoy lo están observando.

En el descanso, veo a un grupo de hombres trajeados hablando con el entrenador. Uno de ellos no deja de mirar la pista.

Pero más específicamente…

no deja de mirar a Ander.

Cada vez que Ander toca el puck, ese hombre lo sigue con la mirada. Cuando Ander anota el primer gol, el hombre asiente y anota algo en una carpeta.

—¿Viste eso? —le digo a Lily.

—Sí. Creo que están mirando mucho a tu futuro esposo.

En el segundo tiempo Ander vuelve a anotar.

Y en el tercero hace una asistencia.

El estadio está gritando, el equipo lo rodea, el entrenador está sonriendo y yo siento que el pecho me va a explotar de orgullo.

Cuando el partido termina, ganan.

Me levanto inmediatamente para bajar a la zona donde salen los jugadores.

Cuando Ander sale, sudado, despeinado y sonriendo, corro hacia él y prácticamente me lanzo a abrazarlo.

—Jugaste increíble —le digo.

Él me abraza fuerte.

—Estabas mirándome todo el partido.

—Siempre te miro todo el tiempo.

Se ríe y me besa la frente.

En ese momento el entrenador se acerca.

—Reed, buen partido. Ven un momento.

Ander me mira.

—No te vayas.

—No me voy.

Ander se va con el entrenador y con los hombres de traje.

Los veo hablar unos minutos.

Uno de ellos le da la mano.

Otro también.

El entrenador le da una palmada en la espalda.

Y aunque no puedo escuchar lo que dicen…

tengo la sensación de que la vida de Ander está a punto de cambiar.

Los veo hablar unos minutos desde lejos.
Uno de los hombres le da la mano a Ander, luego otro también. El entrenador está sonriendo, y eso solo puede significar algo bueno.

Mi corazón empieza a latir rápido porque tengo el presentimiento de que algo importante está pasando.

Unos minutos después, Ander se gira y me busca con la mirada. Cuando me ve, sonríe y camina rápido hacia mí.




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