Jugada Prohibida

Capítulo 42

No pensé que este momento fuera a llegar tan rápido.

Estoy sentado en el vestuario con el celular en la mano, mirando el correo una y otra vez como si en algún momento fuera a desaparecer.

Pero no desaparece.

Sigue ahí.

La oferta.

Los Toronto Wolves quieren que firme.

No es una prueba.

No es una invitación.

Es un contrato real.

Trago saliva y paso la mano por mi cabello.

—¿Vas a abrirlo o solo lo vas a mirar toda la vida? —dice Tyler desde su casillero.

—Cállate.

—Llevas como diez minutos así.

No respondo.

Porque no es tan fácil como parece.

Esto es todo lo que siempre quise.

Hockey profesional.
Un equipo grande.
Otra ciudad.
Otra vida.

Y aún así…

estoy nervioso.

—¿Y Megan? —pregunta Tyler.

—No le he dicho.

—¿Qué? —dice girándose hacia mí—. ¿Estás loco?

—Quería estar seguro primero.

—¿Seguro de qué? ¿De que es real? Obvio es real, idiota, te quieren firmar.

Exhalo lento.

—Es que no es solo eso.

Tyler se queda en silencio unos segundos.

—Es por ella, ¿verdad?

Asiento.

—Si firmo… nos tenemos que ir.

—¿Y?

—Tiene su carrera, su vida, sus amigas…

—Y tú eres su prometido —interrumpe—. Esa chica te seguiría al fin del mundo.

Bajo la mirada.

Sé que tiene razón.

Pero igual…

quiero hacerlo bien.

Me levanto del banco.

—Voy a verla.

—Eso debiste hacer hace una hora.

No le respondo. Salgo del vestuario, me subo al carro y manejo directo al apartamento.

Todo el camino voy pensando en lo mismo.

En cómo decirle.

En su reacción.

En si estoy siendo egoísta.

Cuando llego, abro la puerta y la veo en la sala, sentada en el piso con telas, revistas y bocetos alrededor.

Está concentrada, con el cabello recogido y un lápiz en la mano.

Y por un segundo…

todo se calma.

—Hola —digo.

Levanta la mirada y sonríe inmediatamente.

—Hola, amor.

Deja todo a un lado y se levanta.

—¿Cómo te fue?

No respondo de inmediato.

Solo la miro.

—¿Qué pasó? —pregunta acercándose.

Trago saliva.

—Me ofrecieron el contrato.

Se queda completamente quieta.

—¿Qué?

—Los Toronto Wolves… quieren que firme.

El silencio dura un segundo.

Dos.

Y luego…

Megan sonríe.

Pero no una sonrisa pequeña.

Una sonrisa enorme.

—¡Ander!

Se lanza a abrazarme.

—Eso es increíble.

La abrazo fuerte.

—¿De verdad?

Se separa un poco y me mira como si estuviera loco.

—¿Cómo que “de verdad”? ¡Claro que sí!

—Es que… —dudo— eso significa que tenemos que mudarnos.

—Ok.

—¿Ok?

—Sí, ok.

—¿No te importa?

Niega con la cabeza sin pensarlo.

—Ander, este es tu sueño.

—Nuestro —corrijo.

—Exacto —dice sonriendo—. Nuestro.

Me mira a los ojos.

—Yo puedo estudiar moda en cualquier lugar. Puedo empezar de nuevo. Puedo hacer amigos nuevos. Puedo construir mi vida otra vez.

Pone sus manos en mi cara.

—Pero oportunidades como esta… no se repiten.

Siento un nudo en la garganta.

—No quiero que sientas que estás sacrificando algo por mí.

—No es un sacrificio —dice—. Es una elección.

Se acerca un poco más.

—Y te elijo a ti.

Cierro los ojos un segundo, apoyando mi frente en la suya.

—No sé qué hice para merecerte.

—Existir —dice riéndose un poco.

La abrazo fuerte.

—Entonces voy a firmar.

—Vas a romperla —responde.

Me separo un poco y la miro.

—¿Estás lista para mudarte conmigo?

Sonríe.

—Estoy lista para todo contigo.

—Tenemos que celebrar, amor.

Saca su celular con mucha emoción.

—Debo de llamar a Sophie.

Media hora después estamos los cuatro en un restaurante cerca del campus. Tyler ya sabe la noticia porque se lo conté en el vestuario, pero Sophie no.

—Bueno —dice Megan sonriendo—. Ander tiene algo que decir.

Sophie nos mira a los dos.

—¿Se van a casar antes?

—No —me río—. Me ofrecieron contrato con los Toronto Wolves.

Sophie abre la boca.

—¡¿QUÉ?!

Tyler levanta su vaso.

—Yo ya sabía, pero igual: felicidades, hermano.

Chocamos los vasos.

—Esto es muy grande —dice Sophie mirando a Megan—. Te vas a casar con un jugador profesional.

Megan sonríe orgullosa.

—Yo siempre supe que él iba a lograrlo.

La miro.

—¿Sí?

—Sí. Desde el primer partido que te vi.

Tyler se ríe.

—Mentira, al principio fingían ser novios.

Sophie abre los ojos.

—Esa historia nunca va a dejar de ser chistosa.

Megan me mira sonriendo.

—Lo mejor que nos pasó fue ese trato estúpido.

—El mejor trato de mi vida —le digo.

Tyler levanta otra vez el vaso.

—Quiero proponer un brindis.

Todos levantamos los vasos.

—Por Ander, que se va a volver famoso y no nos va a contestar el celular.

—Por Megan, que se va a casar con él antes de que se vuelva insoportable.

—Por Sophie —digo yo—, que lo aguantó a Tyler todos estos años.

—Oye —dice Tyler.

Todos nos reímos.

Y luego Tyler levanta el vaso otra vez.

—Y por nosotros… que empezamos la universidad juntos y ahora ya estamos hablando de bodas, contratos profesionales y mudanzas.

Nos quedamos en silencio un segundo.
Porque es verdad.
Todo pasó muy rápido.

Levanto mi vaso.

—Por el futuro.

Todos chocamos los vasos.

—Por el futuro.

No quería volver a tener esta conversación.

Pero es necesario.

Camino por el pasillo de la residencia con una sola idea en la cabeza: cerrar esto de una vez por todas.

La veo al final del pasillo, sentada en el mismo lugar donde hablamos la última vez. Como si el tiempo no hubiera pasado.




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