Jugada Prohibida

Capítulo 43

Hay cajas por todas partes.

En la sala.
En la cocina.
En el pasillo.

Y aun así… no me molesta.

Porque esto no se siente como un caos.

Se siente como un nuevo comienzo.

—¿Esto va en la caja de “ropa” o en la de “cosas que Megan no usa pero no quiere botar”? —dice Ander desde el cuarto.

Sonrío.

—No tengo esa caja.

—Sí la tienes. Y es grande.

Me río mientras cierro una de las cajas con cinta.

—No te metas con mis cosas.

Ander aparece en la puerta con una camisa en la mano.

—¿Esto es moda o es una fase rara?

Le lanzo un cojín.

—Es moda. Tú no entiendes.

—Claro que entiendo —dice acercándose—. Entiendo que voy a vivir con una diseñadora famosa.

—Todavía no soy famosa.

—Todavía.

Me sonríe de esa forma que hace que todo se sienta bien.

Y por un segundo… me quedo mirándolo.

—¿Qué? —pregunta.

—Nada.

Pero no es verdad.

Estoy pensando en todo lo que ha pasado.

En la universidad.
En Scarlett.
En las peleas.
En los miedos.

Y en cómo, a pesar de todo… seguimos aquí.

Juntos.

—¿Estás bien? —pregunta acercándose un poco más.

Asiento.

—Sí. Solo… estaba pensando.

—Eso es peligroso.

—Oye.

Se ríe y luego pasa sus manos por mi cintura.

—¿En qué pensabas?

Lo miro.

—En que nos vamos.

—Sí.

—En que vamos a empezar de cero en otra ciudad.

—Sí.

—En que todo está cambiando.

Ander baja la mirada un segundo y luego vuelve a mirarme.

—Pero nosotros no.

Esa frase se me queda en el pecho.

—Nosotros no cambiamos —repite—. Solo crecemos.

Sonrío un poco.

—Eso suena muy profundo para alguien que hace dos minutos estaba criticando mi ropa.

—Puedo ser profundo y guapo al mismo tiempo.

—Claro.

Se acerca y me besa la frente.

—Todo va a estar bien.

Cierro los ojos un segundo.

—Lo sé.

—Y si algo sale mal…

—Lo arreglamos juntos —termino la frase.

Él sonríe.

—Exacto.

Nos quedamos así un momento, en medio de cajas, sin muebles completos, sin todo organizado…

pero con algo que sí está completamente claro.

Nosotros.

Más tarde, Tyler y Sophie llegan para ayudar con lo último.

—No puedo creer que se vayan —dice Sophie abrazándome—. Voy a llorar.

—No llores —le digo riéndome—. No es un funeral.

—Para mí sí.

Tyler choca el hombro con Ander.

—Jugador profesional, ¿ah? No te olvides de nosotros cuando seas famoso.

—Nunca —responde Ander.

—Más te vale.

Terminamos de subir las últimas cajas al carro y nos quedamos los cuatro un momento en silencio.

Mirando el apartamento.

El lugar donde empezó todo de verdad.

—Fue aquí, ¿no? —dice Sophie—. Donde empezó lo de ustedes.

—Más o menos —respondo.

Miro a Ander.

—Sí —dice él—. Aquí fue donde todo se volvió real.

Le aprieto la mano.

—Y ahora se vuelve más grande.

Subimos al carro.

Las cajas, nuestras cosas, nuestra vida… todo está ahí.

Pero no se siente como una despedida.

Se siente como un paso adelante.

Mientras el carro arranca y dejamos atrás la universidad…

miro a Ander.

Él me mira.

Y sonríe.

—¿Lista? —pregunta.

Sonrío.

—Siempre.

Y por primera vez…

no tengo miedo de lo que viene.

Porque sé que lo voy a vivir con él.

El camino se siente diferente.

No sé si es porque realmente estamos dejando todo atrás… o porque ahora todo es más real.

Apoyo la cabeza en la ventana un momento, mirando cómo la universidad se va haciendo cada vez más pequeña en el espejo.

Ahí empezó todo.

El trato.
Las peleas.
Las risas.
El primer “te amo”.

Y ahora… nos vamos.

Siento la mano de Ander buscar la mía.

—¿En qué piensas? —pregunta sin dejar de mirar la carretera.

—En todo.

—¿Todo bueno o todo malo?

—Todo importante.

Él sonríe un poco.

—Me gusta cómo suena eso.

Lo miro.

—¿Estás nervioso?

—Un poco.

—¿Por el equipo?

—Por todo.

Hace una pausa.

—Nueva ciudad. Nuevo equipo. Nueva vida…

Aprieta un poco mi mano.

—Pero contigo.

Sonrío.

—Siempre contigo.

Después de unas horas llegamos.

La ciudad es más grande. Más ruidosa. Más… diferente.

Pero no se siente extraña.

Se siente como una oportunidad.

El apartamento al que llegamos no es enorme, pero es bonito. Tiene ventanas grandes y entra mucha luz.

—¿Lista para ver nuestra nueva casa? —dice Ander.

—Nuestra casa —repito sonriendo.

Entramos con las primeras cajas y dejamos todo en la sala.

Está vacío.

Pero no se siente vacío.

Se siente… nuestro.

—Aquí va el sofá —dice Ander señalando.

—Y allá mi espacio de diseño.

—¿Ya te estás adueñando?

—Obvio.

Se acerca y me abraza por detrás.

—Me gusta.

—¿Qué cosa?

—Esto.

Mira alrededor.

—Nuestra vida.

Me giro dentro de sus brazos.

—A mí también.

Nos quedamos unos segundos en silencio.

—Oye —digo—.

—¿Qué?

—Cuando todo esto sea un desastre lleno de ropa, cosas de hockey y caos…

—Va a seguir siendo perfecto —termina él.

—Exacto.

Se inclina y me besa.

Un beso tranquilo. Sin prisa.

Como todo lo que somos ahora.

Cuando nos separamos, apoyo mi frente en la suya.

—Lo logramos.

—No —dice él—.

—¿No?

—Apenas estamos empezando.

Sonrío.

Y tiene razón.

Porque esto…

no es el final.

Es el comienzo de todo.

El silencio del apartamento dura unos segundos más.

No es incómodo.

Es… nuevo.

Diferente.

Miro alrededor otra vez, intentando imaginar cómo se verá todo cuando esté lleno de muebles, de ropa, de nuestras cosas… de nuestra vida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.