Nunca pensé que este día llegaría.
Y mucho menos… que llegaría así.
Estoy de pie frente al espejo, acomodándome el traje por tercera vez en menos de cinco minutos.
—Te ves igual que hace dos minutos —dice Tyler desde la cama.
—No es verdad.
—Sí lo es.
Me mira unos segundos y luego sonríe.
—Estás nervioso.
Exhalo.
—Un poco.
—Mentira. Estás muerto del susto.
No respondo.
Porque tiene razón.
Pero no es miedo de equivocarme.
Es miedo de que todo sea tan perfecto… que parezca irreal.
—Oye —dice Tyler levantándose—. Vas a casarte con la mujer que amas. Relájate.
Asiento.
—Lo sé.
—Entonces deja de mirarte como si fueras a salir corriendo.
—No voy a salir corriendo.
—Más te vale.
Se ríe y me da una palmada en la espalda.
—Vamos. Es hora.
Mi corazón empieza a latir más rápido mientras salimos.
Camino hacia el altar y cuando me detengo ahí… todo se vuelve silencio.
La música empieza.
Y entonces la veo.
Megan.
Está al final del pasillo, caminando hacia mí.
Vestida de blanco.
Perfecta.
Como si todo en el mundo se hubiera detenido solo para este momento.
Y por un segundo… dejo de respirar.
Porque no es solo lo hermosa que se ve.
Es todo lo que representa.
Nuestro inicio.
Nuestro caos.
Nuestro amor.
Todo.
Cuando llega frente a mí, sonríe.
Y eso… eso es todo lo que necesito.
El sacerdote empieza a hablar, pero honestamente no escucho mucho.
Porque estoy demasiado concentrado en ella.
En sus ojos.
En su sonrisa.
En la forma en que sostiene mi mano.
—Escribe tus votos —nos dijo alguien.
Y ahora… es mi turno.
Trago saliva y la miro.
—Megan…
Su nombre ya suena diferente.
Más real.
Más mío.
—Nunca pensé que lo nuestro empezaría con una mentira.
Ella sonríe un poco.
—Fingir ser tu novio… fue la mejor decisión de mi vida.
Se ríe suave.
—Porque en el momento en que te conocí… algo cambió.
Respiro hondo.
—Intenté convencerme de que eras una distracción.
—Pero te volviste todo.
Sus ojos brillan un poco.
—Me enseñaste lo que es amar de verdad. Sin condiciones. Sin miedo. Sin dudas.
Aprieto su mano.
—Y hoy… no solo quiero casarme contigo.
—Quiero elegirte todos los días de mi vida.
Su respiración se entrecorta un poco.
—En los días buenos… y en los que no lo sean tanto.
—En los momentos fáciles… y en los que tengamos que luchar.
—Porque contigo… todo vale la pena.
Hago una pequeña pausa.
—Eres el amor de mi vida, Megan.
El silencio es total.
—Y no hay ningún lugar en el que prefiera estar… que contigo.
Sus ojos ya están llenos de lágrimas.
Y los míos… también.
—Prometo amarte… siempre.
El sacerdote asiente.
—¿Aceptas a Megan como tu esposa?
No dudo.
—Sí, acepto.
Megan dice sus votos, su voz temblando, pero hermosa.
Y cuando dice “sí, acepto”…
todo encaja.
—Pueden besarse.
No espero ni un segundo.
La beso.
Y en ese beso…
está todo.
El inicio.
El camino.
El final…
y el comienzo de algo mucho más grande.
Cuando nos separamos, la miro.
—Hola, esposa.
Se ríe entre lágrimas.
—Hola, esposo.
Y en ese momento entiendo algo con total claridad.
Todo lo que vivimos…
valió la pena.
Los aplausos llenan el lugar.
Pero yo solo la veo a ella.
Sigo sosteniendo su mano, como si en algún momento pudiera desaparecer si la suelto.
—¿Estás bien? —le pregunto en voz baja.
Asiente, riéndose entre lágrimas.
—Sí… solo no puedo creerlo.
—Yo tampoco.
Salimos del altar mientras todos nos miran, sonríen, celebran.
Tyler grita algo que no logro entender y Sophie está llorando sin disimulo.
Megan se ríe.
—Sophie está peor que yo.
—Siempre lo estuvo.
Cuando salimos, el aire se siente diferente.
Más ligero.
Más real.
—Señor y señora Reed —dice alguien detrás de nosotros.
Megan se queda quieta un segundo.
—Eso suena raro.
—A mí me gusta.
La abrazo por la cintura y ella apoya su cabeza en mi hombro.
—A mí también —dice en voz bajita.
La fiesta empieza y todo pasa rápido.
Música.
Risas.
Abrazos.
Fotos.
Pero hay momentos que se quedan grabados.
Como cuando bailamos por primera vez.
Ella apoya su cabeza en mi pecho y yo la rodeo con mis brazos.
—¿Te acuerdas del trato? —le digo.
—¿Cuál? ¿El peor o el mejor?
—El mejor.
Sonríe.
—Fingir ser tu novia.
—Y míranos ahora.
Levanta la mirada.
—Casados.
—Casados.
Nos quedamos mirándonos unos segundos.
—Te amo —dice.
—Te amo más.
—No.
—Sí.
Se ríe y me besa.
Más tarde, estoy hablando con Tyler cuando la veo a lo lejos.
Megan está con Sophie, riéndose, feliz… completamente feliz.
Y algo en mi pecho se acomoda.
Porque eso es todo lo que siempre quise.
Que ella esté bien.
Que ella sonría.
Que ella sea feliz.
Y que esa felicidad… tenga que ver conmigo.
—Te sacaste la lotería —dice Tyler a mi lado.
—Lo sé.
—No la arruines.
Lo miro.
—No lo haré.
Porque ahora entiendo algo que antes no.
El amor no es solo encontrar a alguien.
Es elegirlo.
Todos los días.
Vuelvo con Megan, la tomo de la mano y la acerco a mí.
—¿Nos escapamos un momento?
—¿A dónde?
—A cualquier lugar contigo.
Sonríe.
—Siempre.
Salimos un momento del salón, lejos del ruido.
Solo nosotros.
Como al inicio.
Como siempre.
La miro.
—Somos esposos.
—Sí.