Jugada Prohibida

Epílogo

Epílogo — Narrado por Megan

—¡Gol!

El grito llena todo el estadio.

Sonrío sin poder evitarlo mientras me cruzo de brazos, mirando la pantalla gigante.

Ahí está él.

Ander Reed.

Número 17.

Jugador profesional.

Mi esposo.

Sigo sin acostumbrarme a verlo ahí, rodeado de miles de personas, con su nombre en la espalda y todo el mundo coreándolo.

Pero hay algo que nunca cambia.

La forma en que me busca entre la multitud.

Y lo hace.

Como siempre.

Levanta la mirada después de anotar y por un segundo… sus ojos se encuentran con los míos.

Y sonríe.

Y ahí estoy yo otra vez.

La chica que fingió ser su novia en una fiesta.

Solo que ahora…

soy la mujer con la que construyó su vida.

Más tarde, estoy en mi estudio.

Mi lugar favorito.

Telas por todas partes.
Bocetos pegados en las paredes.
Colores, texturas, ideas.

Mi marca.

Mi sueño.

Mi realidad.

Estoy sentada en el piso, dibujando un nuevo diseño, cuando escucho la puerta abrirse.

—¿Diseñadora ocupada? —dice su voz.

Sonrío sin levantar la mirada.

—Jugador estrella.

Siento sus pasos acercarse y luego sus brazos rodeándome por detrás.

Apoya la barbilla en mi hombro.

—Ganamos.

—Lo vi.

—¿Sí gritaste mi gol?

—Obvio. Soy tu fan número uno.

Se ríe suave.

—Eso me gusta.

Dejo el lápiz a un lado y me giro para mirarlo.

—Estoy orgullosa de ti.

—Y yo de ti.

Mira alrededor del estudio.

—Mira todo esto, Megan… lo lograste.

—Lo logramos.

Niega con la cabeza.

—No. Esto es tuyo.

Sonrío.

—Pero tú eres parte.

Se inclina y me besa.

Un beso tranquilo. Familiar. Nuestro.

—Siempre voy a ser parte —dice en voz baja.

Apoyo mi frente en la suya.

—Siempre.

Se queda mirándome unos segundos.

—¿Te acuerdas de cómo empezó todo?

—¿El trato?

—Sí.

Me río.

—El peor trato de la historia.

—El mejor.

—Fingir ser tu novia.

—Y terminaste siendo mi esposa.

—Y tú mi problema de por vida.

—Tu favorito.

—Mi favorito.

Nos quedamos en silencio unos segundos.

—Oye —dice de repente.

—¿Qué?

—¿Te volverías a casar conmigo?

Levanto una ceja.

—¿Otra vez?

—Todas las veces que sea necesario.

Sonrío.

—Sí.

Se acerca y me besa otra vez.

Y en ese momento…

todo se siente exactamente como debería.

Porque lo nuestro empezó como una mentira.

Pero terminó siendo la verdad más grande de mi vida.

Salimos del estudio tomados de la mano.

—¿Vamos a casa? —pregunta Ander.

—Sí.

El camino se siente tranquilo, como siempre después de sus partidos. Yo manejo mientras él juega con mis dedos, distraído, feliz.

—Te ves bonita cuando conduces —dice.

—Concéntrate en no distraerme.

Se ríe.

—No puedo. Es mi talento.

—Tu talento es meter goles.

—Y enamorarte todos los días.

Ruedo los ojos, pero sonrío.

Cuando llegamos a casa, las luces están encendidas.

—¿Dejamos algo prendido? —pregunto.

—No…

Abro la puerta.

—¡SORPRESA!

Me sobresalto.

Tyler y Sophie están en la sala… y Sophie tiene su bebé en brazos.

Y corriendo hacia nosotros..

—¡MAMÁ!

—¡PAPÁ!

Masón.

Nuestro hijo de tres años.

Se lanza directo a nuestras piernas y Ander lo alza inmediatamente.

—¡Hey, campeón! —dice riéndose—. ¿Qué haces despierto?

—Tío Tyler dijo que hoy ganaste.

—Claro que gané.

—¡Yo lo vi! —dice emocionado—. ¡Gol!

Me acerco y le doy un beso en la mejilla.

—Hola, mi amor.

—Hola, mami.

Sophie se acerca con el bebé en brazos.

—Perdón por invadir, pero queríamos sorprenderlos.

—¿Y esa cosita hermosa? —pregunto.

—Tu sobrino favorito —dice Tyler orgulloso—. Bueno, el único.

—Es perfecto.

Ander se acerca y mira al bebé.

—¿Otro Reed en camino? —dice Tyler.

—Ni lo sueñes —respondo rápido.

—Ey —dice Ander riéndose—, a mí no me molestaría.

Lo miro.

—Después hablamos.

Todos se ríen.

Masón se acomoda en los brazos de Ander, abrazándolo.

—Papá, yo también voy a jugar hockey.

—Claro que sí.

—Y voy a ser mejor que tú.

Ander sonríe.

—Eso espero.

Me quedo mirándolos.

A ellos.

A Tyler y Sophie en el sofá con su bebé.

A Ander con Masón en brazos.

A nuestra casa llena.

Llena de vida.

Llena de amor.

Y por un momento…

todo se siente completo.

Me acerco a Ander y apoyo mi cabeza en su hombro.

—¿Sabes qué? —le digo en voz baja.

—¿Qué?

—Esto es todo lo que siempre quise.

Él besa mi cabeza.

—Y apenas estamos empezando.

Sonrío.

Porque ahora lo entiendo.

El amor no era solo el inicio.

No era solo la boda.

No era solo sobrevivir al pasado.

Era esto.

La vida que construimos después.

Y mientras miro a nuestra familia…

sé que no cambiaría absolutamente nada.

Porque lo nuestro…

valió cada segundo.

Masón se baja de los brazos de Ander y corre por la sala con una energía que no parece acabarse nunca.

—¡Mira, papá! —dice señalando su juguete de hockey—. Yo soy tú.

Ander se agacha frente a él.

—¿Ah sí?

—Sí. Yo hago gol.

—A ver.

Masón patea la pelota con toda su fuerza… que no es mucha, pero él levanta los brazos como si hubiera ganado un campeonato.

—¡GOOOL!

Todos nos reímos.

Tyler levanta su celular.

—Eso va directo a video para cuando seas famoso.

—Ya es famoso —dice Sophie señalando a Ander.

—No, él —dice Tyler señalando a Masón—. El futuro.

Masón sonríe orgulloso.

Me acerco a Sophie y me siento a su lado, mirando al bebé.




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