Justicia

Justicia

“Andrea era empleada de una cafetería. Había veinte clases de café. Los más vendidos eran el cortado, el café con leche, el cappuchino y el latte. A ella en particular le gustaba el irlandés que llevaba café, whisky y crema batida. Pero no lo tomaba mientras trabajaba. Se lo llevaba cuando terminaba su turno para cortar un poco el frío. A veces, a la salida, la esperaba Tomás, su novio. Pero aquella noche él no había ido porque salía más tarde del trabajo. Era cocinero en un restaurante de mariscos. Así que Andrea caminó por las solitarias calles del barrio Chacao. Pero esa noche no llegó a su casa. Un hombre encapuchado la apuntó con un arma y la llevó a un callejón donde la violó.

A Tomás lo llamaron de un hospital diciéndole que Andrea estaba internada. Fue hasta allí y lloró junto a ella por lo sucedido. Tenía que haber una justicia por lo que había pasado. Y si, había una justicia y era divina. Un ángel bajó del cielo la misma noche en que habían abusado de la muchacha. Fue hasta donde vivía el violador, lanzó un rayo por los ojos a la casa del maleante y el techo se le cayó encima. Andrea nunca supo de esto y su corazón nunca alivió pero siempre hay justicia aunque no la veamos. De alguna u otra manera el que las hace, las paga.”



Valeria O.

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En el texto hay: cafe, abuso, justicia divina

Editado: 08.05.2019

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