Jux:un contrato de 5 años

Capítulo 4

Elein se encontraba en medio de la sala, practicando lo que ella llamaba "el paso del millonario": caminar lentamente por el parqué con una taza de té en la mano, mirando al horizonte como si fuera la dueña de la mitad de las acciones de la ciudad.

Se sentía ligera, casi etérea.

Su nombre sentía que no contrastaba con su nueva vida. Pero cuando miró el contrato vio algo, quien firmaba era Elein Porls, pero quien sería era Jux Mwemer. Así desde ese día se llamaría así misma hasta que logrará convencerse que ella era Jux y no Elein.

​El sonido de un timbre electrónico, sutil pero imperativo, rompió su monólogo interno. Sus pensamientos sobre que deberia hacer de su vida cada día.

No trabajar más, solo existir.

No venía de la puerta principal, sino de una pequeña pantalla empotrada en la pared de la cocina.

​Jux se acercó, curiosa. En la pantalla apareció la imagen de un hombre de unos cuarenta años, vestido con un traje gris tan perfectamente planchado que daba envidia.

Sus facciones eran neutras, casi robóticas, y sostenía una tableta digital con la elegancia de un caballero de la corte.

​—Señora Mwerme, soy el asistente asignado para su gestión diaria. Traigo los suministros solicitados y algunos extras que la Administración consideró pertinentes. ¿Me permite el ingreso?

​Jux parpadeó. "Señora Mwerme". Le gustaba cómo sonaba, aunque técnicamente fuera un contrato de negocios.

Se dirigió a la puerta principal, esperando encontrar un pomo o una cerradura convencional. Para su sorpresa, la superficie de la puerta era totalmente lisa. No había manija, ni ojo de buey, ni siquiera una ranura para una llave.

​—¿Cómo abro esto? —preguntó Jux, alzando la voz.

​—No puede, señora. Solo necesito su aprobación, un asentimiento. —respondió la voz del hombre a través de un altavoz oculto—. La puerta principal está configurada para abrirse únicamente desde el exterior por personal autorizado. Desde el interior, solo se puede desbloquear mediante una contraseña , por el momento, no se le ha proporcionado por razones de seguridad.

​Jux se quedó mirando la madera oscura de la puerta. En cualquier otra historia, en cualquier otra mente, esto habría disparado las alarmas de un secuestro inminente. Pero Jux solo pensó en las veces que los cobradores de deudas habían pateado la puerta de su antigua casa mientras ella se escondía bajo la cama.

​—O sea, que nadie puede entrar a menos que tú lo permitas, y yo no tengo que preocuparme por cerrar con llave —concluyó Jux para sí misma—. Espectacular.

​Un chasquido metálico resonó y la puerta se deslizó hacia un lado con un siseo hidráulico. El asistente entró, seguido por dos hombres más que empujaban carritos llenos de cajas.

Si, no era por donde había subido antes. El elevador. Ese se había bloqueado justamente cuando ella dio un paso adentró.

Era la entrada principal, la cual esta plana. Y por el exterior tenia la superficie para colocar la tarjeta plateada que le habían dado al ayer.

​Las reglas del juego.

​El asistente, que se presentó como el Sr. Han, comenzó a supervisar la descarga de comida gourmet, productos de higiene de marcas francesas y hasta un juego de sábanas de repuesto con más hilos de los que Jux sabía contar.

​—Tengo un par de dudas, Sr. Han —dijo Jux, apoyándose en la isla de la cocina mientras observaba cómo llenaban su despensa de caviar y trufas como si fueran latas de atún—. La tarjeta negra que dejaron en la oficina. Intenté buscar una salida trasera o un balcón con escaleras, solo para conocer mi "reino", pero parece que estoy... bastante arriba.

​El Sr. Han dejó de anotar en su tableta y la miró con una cortesía profesional que no llegaba a sus ojos.

​—La tarjeta negra, Sra. Mwerme, es para su uso exclusivo en compras en línea. Puede adquirir lo que desee: libros, ropa, tecnología, arte. Todo lo que su corazón desee, siempre que pueda ser entregado por mensajería.

​—¿Y si quiero ir a una tienda física? —preguntó Jux, aunque en realidad no tenía muchas ganas de caminar bajo el sol.

​—No se le permite salir del departamento sin un permiso explícito de la Administración o del Presidente —respondió Han sin titubear—. El contrato especifica "residencia absoluta". Cualquier intento de forzar la salida será notificado inmediatamente y se considerará una violación de los términos, lo que cancelaría los pagos a su familia.

​Jux asintió lentamente. Así que la jaula no solo era de oro, sino que estaba sellada al vacío.

​—Entiendo. Y la tarjeta... ¿solo en línea?

​—Correcto. La logística de seguridad prefiere que usted no maneje efectivo ni realice transacciones físicas que puedan rastrear su ubicación exacta a nivel de calle. Sus pedidos llegarán a una zona de desinfección en la planta baja y yo mismo se los entregaré. Es por su propia seguridad, Sra. Mwerme. El Presidente tiene... muchos competidores.

​Jux no pudo evitar recordar de nuevo a las protagonistas de sus novelas. Ya se imaginaba a la "heroína" gritando: "¡No soy un objeto que puedas comprar! ¡Devuélveme mi libertad!".



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En el texto hay: secretos, gamers, matrimonioporcontrato

Editado: 19.03.2026

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