Cuando escuché que alguien del salón de clases dijo “¿Viste lo de Kendall?” me asusté pero luego de seguir escuchando, me di cuenta que no hablaban de mí.
La chica frente a mí y su amiga estaban hablando de él.
— ¿Crees que será cierto? —pregunta la chica de lentes.
La que está frente a mí, responde: —Yo creo que sí. Le pregunté a Manny y dijo que Cora se lo contó a Becky.
—Vaya, ¿Quién lo diría? —Le contesta—. Que feo, ¿no? Imagínate vivir con eso, que horror.
—Sí pero, no sé, una vez leí que los hijos de los asesinos también son así. Quizás Kendall…
Bajo la mirada. ¿De qué rayos están hablando? ¿Asesinos?
Mantengo los ojos en el escritorio fingiendo que estoy ocupada con la esquina y no en lo que están hablando.
—Sí, creo que Cora le dijo a Becky que él era violento con ella —susurra.
La clase comenzó y ellas dejaron de hablar pero no fue la última vez que escuché a gente hablando de Kendall. En el baño de chicas también escuché a tres compañeras hablando sobre ello.
Están diciendo que el padre de Kendall está en la cárcel, que él golpeaba a Cora, que él es una mala persona.
Cada vez que iba por los pasillos lo buscaba con la mirada pero no lo encontraba. No sé qué ha sucedido para que de pronto hablan de él y de todas esas cosas.
No me gusta creer en los chismes pero hay una posibilidad que sea verdad. Su madre tiene un novio, no es el padre de Kendall, así que quizás su padre biológico sí ha hecho algo así.
Tal vez.
No sé qué pensar y no sé qué hacer. La última vez que nos vimos él parecía estar mal y tal vez eso está relacionado con lo que están hablando.
No fue hasta el receso que pasé por su salón pero no estaba ahí, tampoco después de clases. Kendall no estaba en la escuela, tal vez no vino.
En el penúltimo periodo tomo mi teléfono y dudo si debo hacerlo pero no puedo evitarlo, le escribo un mensaje:
¿Faltaste?
No me responde. El profesor llega y tengo que dejar mi teléfono dentro de mi bolsa pero todo el tiempo pienso en él.
Cuando el periodo termina, me apresuro a tomar mi teléfono y veo que no hay repuesta.
Solo hay una cosa más por hacer, algo que quizás no debería pero no me puedo quedar solo así, sin respuesta. Quiero asegurarme que esté bien y que no haya hecho nada contra él mismo. Quiero comprobar que no esté pensando en el tipo de cosas que yo pensaría.
Así que cuando la escuela termina, en lugar de irme a casa, voy a la suya.
Frente a la puerta me tomo un momento para reunir valor y ordenar las palabras en mi mente. No quiero ser entrometida pero tampoco quiero irme sin asegurarme que todo esté bien. Al menos, que no esté mal.
Toco el timbre y espero varios segundos.
Quizás no esté aquí, quizás esté en otro lado. Quizás está su madre y he venido a interrumpir algo importante. Quizás no hay nadie en casa.
Quizás no me quiere ver, ni a mí ni a nadie.
El viento sopla, moviendo varios mechones frente a mi rostro. Me lo acomodo al mismo tiempo que la puerta se abre.
Kendall está frente a mí, luce como lo imaginaba. Cansado, triste y roto. Abre los ojos al reconocerme. —Ah… ¿Hola?
¿Qué digo? —Hola —empiezo.
Ninguno habla por un par de segundos. — ¿Qué pasa? —el borde de sus ojos está rojo.
Miro hacia los lados, no hay nadie por aquí. —Eh, uh, ¿faltaste hoy?
Asiente. —No me sentía muy bien.
— ¿Estás enfermo? —pregunto, sabiendo la respuesta.
Respira profundo. —Algo así —dice, bajando la voz.
Vamos, habla. Dile que quieres escucharlo, pregúntale cómo se siente, cuéntale acerca de todo lo que has oído que dicen de él.
Una ráfaga de viento sopla con fuerza, es como si el viento quisiera hablar por nosotros.
— ¿Estás solo? —pregunto.
Asiente, tirando el borde de su camiseta blanca y arrugada.
Observo su rostro por unos segundos y no sé por qué pero es la primera vez que noto unas pequeñas y casi transparentes pecas sobre sus pómulos. —Oye, ¿Estás bien?
Me mira a los ojos. —Siempre preguntas eso últimamente.
Me encojo de hombros. —Entonces debería preguntar algo más —digo—. ¿Ya comiste?
Frunce el ceño. —No.
Respiro profundo. — ¿Quieres comer algo?
Niega. —No tengo hambre —baja el rostro—. ¿Por qué estás aquí?
Suspiro. —Por ti —confieso—. Es obvio, ¿no? Pero sí, por ti.
No me contesta.
—Oye, ¿pasa algo? Creo que… bueno, si quieres hablar o algo así, yo… estoy aquí.
Kendall sube la mirada a mis ojos y mantiene el contacto visual. Da un paso y luego otro más, recorta la distancia y me rodea los hombros con sus brazos.
Él me abraza mientras yo permanezco de pie, congelada por la sorpresa pero cuando reacciono y deja de importarme todo, subo las manos a su espalda. Él me acerca más y cierro los ojos.
Él susurra algo que no entiendo, pero no interesa. Solo nos sostenemos por varios segundos, tal vez minutos. Se toma su tiempo y yo lo dejo, porque se siente como lo más correcto que puedo hacer ahora.
~
— ¿Quieres hablar? —pregunto, sentada a su lado en el sofá del sótano.
Estañaba estar en este lugar.
Él recuesta los codos sobre sus muslos y juega con sus dedos. —Estás sucediendo muchas cosas ahora.
Trago saliva. — ¿Está relacionado con tu novia?
Eleva una ceja y gira su rostro. — ¿Cora? —Aprieta la mandíbula—. ¿Por qué preguntas?
Muerdo mi labio inferior. —He escuchado algunas cosas, sobre ella y sobre ti.
Entorna los ojos. — ¿Cosas? ¿Cómo qué?
Tomo una larga respiración antes de contarle lo que escuché durante el día, él mantuvo una expresión fría mientras lo hacía. Sus ojos casi ni parpadeaban.
—Terminé con ella —admite—. Ella me ha estado engañando, con varios, no sé cuándo ni cómo se llaman pero lo dijo, lo admitió —deja caer su espalda en el respaldo—. Por supuesto que iba a hacer eso, ella… no puedo creerlo.