La apuesta que me convirtió en su peor error

CAPÍTULO 3 La mentira perfecta

Ana Julia no sabía que, mientras dormía aquella noche con una sonrisa en los labios, Gael había permanecido despierto mirando el techo.

Tampoco sabía que, a pocos kilómetros de su casa, tres personas estaban hablando de ella.

Y mucho menos podía imaginar que su nombre había dejado de ser simplemente el nombre de una chica.

Ahora era el nombre de alguien que tenía que demostrar que una apuesta podía ganarse.

—¿Entonces?

Gael levantó la mirada.

Minho estaba sentado frente a él.

—¿Entonces qué?

—No me digas que vas a empezar otra vez con eso.

—¿Con qué?

—Con hacerte el desentendido.

Gael dejó el teléfono sobre la mesa.

—No estoy haciendo nada.

Jae-hyun soltó una carcajada.

—Ese es precisamente el problema. Llevas semanas haciendo de novio perfecto y todavía no tenemos lo que necesitamos.

Gael apretó la mandíbula.

—No vuelvas a hablar así.

—¿Así cómo?

—Como si ella fuera una cosa.

El silencio apareció de repente.

Minho lo miró fijamente.

—¿Qué te pasa?

Gael no respondió.

—Hace un mes eras tú quien decía que esto iba a ser divertido —continuó Minho—. Tú pediste duplicar la apuesta. Tú dijiste que ella caería en dos semanas.

—Ya cayó.

—Entonces termina.

Gael se levantó.

—No voy a hablar de esto aquí.

—¿Por qué?

—Porque no quiero.

Minho también se levantó.

—No puedes cambiar las reglas ahora.

Gael giró lentamente.

—Las reglas las pongo yo.

—No. Las reglas son las mismas para todos.

Jae-hyun intervino antes de que la discusión aumentara.

—Déjalo, Minho.

Pero Minho no quería dejarlo.

—Solo quiero saber una cosa —dijo—. ¿Estás enamorado?

Gael soltó una risa fría.

—No.

—Entonces ¿por qué estás actuando como si te importara?

Gael no respondió.

Porque esa era la pregunta que llevaba días evitando.

¿Por qué recordaba qué comida le gustaba?

¿Por qué sabía exactamente qué canción podía hacerla sonreír?

¿Por qué había comprado aquel vestido?

¿Por qué aquella noche había sentido un nudo en el estómago cuando ella le dijo que confiaba en él?

Y, sobre todo…

¿Por qué la idea de verla llorando por su culpa comenzaba a resultarle insoportable?

—No estoy enamorado —repitió.

Minho sonrió.

—Perfecto.

Sacó su teléfono.

—Entonces no tendrás ningún problema con esto.

Gael miró la pantalla.

—¿Qué es?

—Una fecha.

—¿Para qué?

—Para terminar la apuesta.

Gael sintió que algo se tensaba dentro de él.

—No.

—¿Otra vez no?

—Dije que yo decidiré cuándo.

—Pues decide pronto.

Minho guardó el teléfono.

—Porque el dinero está listo.

Gael no contestó.

Ana Julia, mientras tanto, estaba viviendo el mejor momento de su vida.

O al menos eso creía.

Había empezado a salir oficialmente con Gael.

Ahora caminaban juntos por los pasillos.

Él la esperaba después de clases.

Le enviaba mensajes por la noche.

A veces aparecía con algo pequeño que sabía que le gustaba.

Y Ana Julia estaba descubriendo una versión de sí misma que nunca había conocido.

Se estaba enamorando.

Completamente.

Sin reservas.

Sin imaginar que cada gesto de Gael tenía una historia detrás que ella desconocía.

—¿Vas a seguir mirándome? —preguntó Gael.

Ana Julia parpadeó.

Estaban sentados en la biblioteca.

—No te estaba mirando.

—Llevas cinco minutos mirándome.

—Estaba pensando.

—¿En mí?

Ella bajó la mirada.

—No.

Gael sonrió.

—Mentira.

Ana Julia cerró su libro.

—Eres insoportable.

—Y tú estás enamorada de mí.

Ella se quedó quieta.

—No digas eso.

—¿Por qué?

—Porque…

—Porque es verdad.

Ana Julia intentó ocultar una sonrisa.

—Tal vez.

Gael se inclinó hacia ella.

—¿Tal vez?

—Tal vez.

—Eso no me sirve.

—Pues tendrás que conformarte.

Gael sonrió.

Ana Julia volvió a abrir el libro.

Pero él continuó observándola.

—¿Qué? —preguntó ella.

—Nada.

—Me estás mirando.

—Puedo hacerlo.

—Sí, pero me pones nerviosa.

—¿Todavía?

Ana Julia levantó la mirada.

—Sí.

Gael sonrió.

Ella no podía saberlo, pero aquella respuesta le gustó demasiado.

Esa tarde, Ana Julia recibió una llamada de su madre.

—¿Dónde estás?

—Voy saliendo.

—¿Con quién?

Ana Julia miró a Gael.

Él estaba esperando a unos metros.

—Con un amigo.

—¿Un amigo?

Ana Julia sonrió.

—Sí.

—¿Es el mismo chico del que me hablaste?

Ella se quedó en silencio.

—Mamá.

Su madre rio.

—Así que sí.

—No es nada.

Gael levantó una ceja desde lejos.

Ana Julia se giró para que no escuchara.

—Es mi novio.

Hubo silencio al otro lado.

—¿Tu novio?

Ana Julia cerró los ojos.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Hace unos días.

—¿Y no pensabas contarme?

—Claro que sí.

—¿Cómo se llama?

Ana Julia miró nuevamente a Gael.

—Gael.

—¿Es bueno contigo?

La pregunta hizo desaparecer un poco su sonrisa.

Ana Julia respondió sin dudar.

—Sí.

Gael la estaba observando.

Y por un instante, Ana Julia quiso que él pudiera escuchar aquellas palabras.

Sí. Es bueno conmigo.

—Entonces quiero conocerlo —dijo su madre.

Ana Julia abrió los ojos.

—¿Qué?

—Algún día puedes traerlo.

—Mamá…

—¿Qué?

—Es demasiado pronto.

—No estoy diciendo que mañana tengas que casarte con él.

Ana Julia rio.

—No digas eso.

—Solo quiero conocer al chico que consiguió que mi hija sonriera tanto.

Ana Julia miró a Gael.

—Está bien.




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