La apuesta que me convirtió en su peor error

CAPÍTULO 4 El secreto que salió a la luz

Ana Julia llegó a la universidad antes de lo habitual.

Había dormido poco.

No porque estuviera preocupada.

Todo lo contrario.

Había pasado gran parte de la noche pensando en Gael.

En la conversación que habían tenido.

En la forma extraña en que él había dicho:

«Necesito hablar contigo».

Una parte de ella estaba nerviosa.

Otra estaba convencida de que no había nada malo.

Porque Gael la quería.

O al menos eso era lo que ella creía.

Entró al edificio con el cuaderno que él le había regalado apretado contra el pecho.

Dentro llevaba algunos diseños nuevos.

Quería enseñárselos.

Incluso había pensado en hacerle una pequeña sorpresa.

—Buenos días.

Ana Julia levantó la cabeza.

Hana caminaba hacia ella.

—Buenos días.

Hana la miró detenidamente.

—No has dormido.

—Sí dormí.

—Tienes cara de no haber dormido.

—Estoy bien.

—¿Es por Gael?

Ana Julia sonrió.

—No.

—Entonces sí es por Gael.

—No todo gira alrededor de él.

Hana arqueó una ceja.

—Ayer hablaste de él durante cuarenta minutos.

—No fueron cuarenta.

—Treinta y ocho.

Ana Julia comenzó a reír.

—Estás loca.

—Y tú estás enamorada.

Ana Julia bajó la mirada.

—Sí.

Hana dejó de bromear.

—¿De verdad?

Ana Julia asintió.

—De verdad.

Su amiga suspiró.

—Entonces espero que él sepa lo que tiene.

Ana Julia no respondió.

Porque aquella frase le provocó una sensación extraña.

Como una pequeña advertencia.

Pero la apartó de su mente.

—Tengo que encontrarlo.

—¿Ahora?

—Sí.

—¿No dijo que quería hablar contigo?

—Precisamente.

—Ana Julia…

—¿Qué?

—Nada.

Ana Julia la miró.

—¿Por qué haces eso?

—¿Qué?

—Decir “nada” cuando claramente quieres decir algo.

Hana guardó silencio unos segundos.

—Solo… ten cuidado.

Ana Julia sonrió.

—Siempre me dices lo mismo.

—Porque siempre haces lo mismo.

—¿Qué hago?

—Confías demasiado.

Ana Julia negó con la cabeza.

—En él sí.

Hana no contestó.

Ana Julia tomó su bolso.

—Nos vemos después.

—Ana.

Ella se giró.

—¿Sí?

Hana dudó.

—Si alguna vez pasa algo, me lo dices.

Ana Julia sonrió.

—Claro.

Y se marchó.

Hana se quedó mirándola.

No sabía qué iba a pasar.

Pero tenía una sensación que no podía explicar.

Algo estaba mal.

Gael estaba esperándola en el lugar que habían acordado.

Parecía no haber dormido.

Ana Julia lo vio desde lejos.

Se detuvo.

Su sonrisa desapareció poco a poco.

Gael estaba sentado solo.

Los codos apoyados sobre las rodillas.

Miraba fijamente el suelo.

—Gael.

Él levantó la cabeza.

Al verla, se puso de pie.

—Hola.

Ana Julia se acercó.

—¿Estás bien?

—Sí.

Ella lo miró.

—No pareces estar bien.

—Estoy bien.

—No me mientas.

Aquella palabra lo golpeó.

Mentir.

Gael apartó la mirada.

Ana Julia se acercó un poco más.

—¿Qué pasó?

—Necesito decirte algo.

—Está bien.

—Pero tienes que dejarme hablar hasta el final.

Ella frunció el ceño.

—Me estás asustando.

—No quiero asustarte.

—Entonces dime qué pasa.

Gael respiró profundamente.

Había imaginado aquel momento muchas veces.

Había pensado en confesar.

Decirle que todo había comenzado por una apuesta.

Que sus amigos lo habían retado.

Que él había aceptado.

Que al principio solo quería conquistarla para demostrarles que podía hacerlo.

Y que después…

Después había cambiado.

Pero ninguna de esas palabras parecía suficiente.

Porque había una parte de la verdad que todavía no sabía cómo contar.

—Ana Julia…

—Gael.

—Yo…

Su teléfono vibró.

Gael lo ignoró.

Volvió a vibrar.

Y otra vez.

Ana Julia miró el aparato.

—¿No vas a contestar?

—No.

—Quizá sea importante.

—No lo es.

El teléfono vibró nuevamente.

Gael lo sacó del bolsillo.

La pantalla mostraba un mensaje.

MINHO: Última oportunidad.

Gael sintió que el estómago se le cerraba.

Bloqueó el teléfono.

Ana Julia lo observó.

—¿Qué sucede?

—Nada.

Ella frunció el ceño.

—Otra vez “nada”.

—Ana, por favor.

—No. Si tienes un problema, puedes decírmelo.

Gael levantó la mirada.

—Precisamente por eso estoy aquí.

—Entonces habla.

Gael abrió la boca.

Pero antes de que pudiera pronunciar una palabra, escucharon risas.

Minho apareció al otro lado del pasillo.

Junto a él estaban Jae-hyun y Seung.

Ana Julia los conocía.

Eran amigos de Gael.

Minho levantó la mano.

—Gael.

Gael se puso rígido.

—¿Qué quieres?

Minho sonrió.

—Nada.

Ana Julia miró a Gael.

Él comprendió inmediatamente.

La misma palabra.

Nada.

—Tengo que irme —dijo Gael.

Ana Julia lo miró sorprendida.

—¿Qué?

—Hablamos después.

—Pero dijiste que…

—Después.

—Gael.

Él comenzó a alejarse.

Ana Julia lo siguió con la mirada.

Algo había cambiado.

No sabía qué.

Pero lo había sentido.

Gael alcanzó a Minho detrás del edificio.

Lo agarró del brazo.

—¿Qué hiciste?

Minho se soltó.

—Nada.

—No vuelvas a decirme eso.

—¿Por qué? ¿Te molesta?

—¿Publicaste algo?

Minho sonrió.

—Todavía no.

Gael respiró.

—Entonces bórralo.

—No.

—Minho.

—Ya te dije lo que quería.

—No voy a hacerlo.

—Entonces será publicado.




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