La apuesta que me convirtió en su peor error

CAPÍTULO 11 La sospecha

Gael no había dormido en toda la noche.

La fotografía seguía abierta en su teléfono.

Ana Julia.

Y aquel niño.

Volvió a ampliar la imagen.

Esta vez se fijó en cada detalle.

Los ojos.

La forma de las cejas.

El cabello.

Incluso la pequeña expresión seria que tenía el niño mientras miraba hacia otro lado.

Gael dejó escapar lentamente el aire.

—No puede ser…

Apagó la pantalla.

Intentó convencerse de que estaba imaginando cosas.

Después de tantos años, era absurdo pensar que aquel niño podía ser suyo.

Ana Julia podía haber conocido a otra persona.

Podía haberse casado.

Podía haber formado una familia.

Era completamente posible.

Pero entonces recordó algo.

Ella había descubierto la apuesta poco después de que todo ocurriera.

Después se había marchado.

Y nunca había regresado.

Gael cerró los ojos.

No quería hacer cálculos.

Pero su mente los hacía por él.

La edad del niño.

El tiempo que había pasado.

Las fechas.

Todo parecía coincidir.

Se levantó de la cama.

—Necesito saberlo.

A la mañana siguiente, Gael llegó temprano a la empresa.

Minho ya estaba allí.

Cuando lo vio entrar, supo inmediatamente que algo había ocurrido.

—¿Qué pasó?

Gael dejó el teléfono sobre el escritorio.

—Mira.

Minho tomó el teléfono.

Observó la fotografía.

Su expresión cambió.

—¿Quién es?

—El hijo de Ana Julia.

Minho levantó la mirada.

—¿Tiene un hijo?

—Sí.

—¿Y qué tiene que ver eso contigo?

Gael permaneció callado.

Minho volvió a mirar la fotografía.

—No.

—Yo tampoco quiero pensarlo.

—Gael…

—Pero mira la fotografía.

Minho la observó nuevamente.

—Se parecen.

Gael cerró los ojos.

—Demasiado.

—¿Sabes quién es el padre?

—No.

—Entonces no puedes asumir nada.

—Lo sé.

—¿Ana Julia está casada?

—No encontré información sobre ningún esposo.

—¿Pareja?

—Tampoco.

Minho dejó el teléfono.

—Entonces averigua.

Gael lo miró.

—¿Cómo?

—Sin acercarte a ella todavía.

—¿Por qué?

—Porque si ese niño es tuyo, no puedes aparecer de repente y arruinarlo todo.

Gael bajó la mirada.

Sabía que tenía razón.

—Necesito una prueba.

Mientras Gael buscaba respuestas, Ana Julia terminaba una entrevista.

La periodista sonrió.

—Tu regreso ha sido todo un éxito.

—Estoy muy agradecida.

—Después de tantos años fuera, ¿cómo te sientes al volver?

Ana Julia pensó unos segundos.

—Es extraño.

—¿Por qué?

—Porque hay lugares que uno recuerda de una manera y cuando vuelve los encuentra diferentes.

—¿Te refieres a Corea?

—Sí.

—¿Te trae buenos recuerdos?

Ana Julia sonrió débilmente.

—Algunos.

—¿Y malos?

Su sonrisa desapareció durante un instante.

—También.

La periodista no insistió.

—¿Qué significa para ti esta nueva colección?

Ana Julia miró hacia los vestidos.

—Una nueva etapa.

—¿Una etapa de tu vida?

—Sí.

—¿Y tu hijo forma parte de esa nueva etapa?

Ana Julia se quedó quieta.

No esperaba aquella pregunta.

—Mi hijo es parte de toda mi vida.

—¿Él viajó contigo?

—Sí.

—¿Podemos conocerlo?

Ana Julia sonrió.

—Es muy pequeño para estar frente a tantas cámaras.

La periodista asintió.

—Lo entiendo.

Ana Julia respiró tranquila.

No quería que su hijo se convirtiera en una noticia.

Mucho menos ahora.

Después de la entrevista, Ana Julia salió del lugar.

Su hijo estaba esperándola con su abuela.

Cuando la vio, corrió hacia ella.

—¡Mamá!

Ana Julia se agachó.

—Hola, mi amor.

—¿Ya terminaste?

—Sí.

—¿Podemos ir a conocer la ciudad?

Ana Julia sonrió.

—Claro.

—Quiero ver todo.

—Entonces tendremos que caminar mucho.

—No me importa.

Ella tomó su mano.

—Vamos.

Los tres salieron.

Ana Julia no sabía que un fotógrafo los observaba desde lejos.

Tomó varias fotografías.

Una de Ana Julia.

Otra del niño.

Y otra de ambos caminando juntos.

Esa tarde, las fotografías comenzaron a circular por internet.

No tardaron en aparecer comentarios.

“¿Quién es el hijo de Ana Julia?”

“La famosa diseñadora reaparece en Corea con un niño.”

“¿Quién es el padre?”

Ana Julia no vio nada de aquello.

Estaba cenando con su hijo.

Pero Gael sí.

Uno de sus empleados le envió un enlace.

Gael lo abrió.

La fotografía ocupaba toda la pantalla.

Ana Julia caminaba tomada de la mano del niño.

Gael sintió un nudo en el pecho.

Había algo en aquella escena que le dolía.

No sabía si era tristeza.

Celos.

O miedo.

Quizá un poco de todo.

—¿Por qué nunca me dijiste?

La pregunta salió de sus labios aunque ella no estaba allí.

Más tarde, Gael recibió una llamada.

—Encontré algo.

—Habla.

—Revisé las fechas.

Gael se puso de pie.

—¿Y?

—El niño nació aproximadamente nueve meses después de que Ana Julia se fue de Corea.

Gael dejó de respirar.

—¿Estás seguro?

—Sí.

—¿Y ella estuvo con alguien después?

—No encontré ninguna relación pública.

Gael apretó el teléfono.

—Eso no significa nada.

—Lo sé.

—Necesitamos más.

—Hay otra cosa.

—¿Qué?

—La fecha exacta de nacimiento del niño.

Gael se quedó inmóvil.

—¿Cuál?

La persona al otro lado se la dijo.

Gael sintió que las manos le temblaban.

Era demasiado cercana a la fecha que él estaba pensando.

—Consígueme todo.




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