La apuesta que me convirtió en su peor error

CAPÍTULO 15 La persona que nunca olvidó

Ana Julia permaneció inmóvil con el teléfono pegado al oído.

No podía hablar.

No podía siquiera respirar con normalidad.

Aquella voz pertenecía a alguien que había formado parte de una de las etapas más importantes de su vida.

Alguien en quien había confiado.

Alguien a quien había considerado su mejor amiga.

—¿Ana? —volvió a preguntar la mujer.

Ana Julia cerró los ojos.

—¿Qué quieres?

Hubo unos segundos de silencio.

—Pensé que te alegraría escucharme.

Ana Julia soltó una pequeña risa amarga.

—¿Alegrarme?

—Han pasado muchos años.

—Precisamente.

—Sigues siendo igual.

—Y tú sigues teniendo la misma voz.

La mujer rio.

—Me alegra saber que todavía me recuerdas.

Ana Julia apretó el teléfono.

—¿Cómo conseguiste mi número?

—Tengo mis métodos.

—¿Por qué me llamas?

—Quería saber cómo estabas.

—Estoy bien.

—Lo sé.

Ana Julia abrió los ojos.

—¿Qué quieres decir?

—Sé muchas cosas sobre ti.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Ana Julia.

—¿Qué sabes?

—Que regresaste a Corea.

Ana Julia miró hacia la ventana.

—¿Quién te dijo?

—No importa.

—Para mí sí.

—También sé que tienes un hijo.

Ana Julia sintió que el corazón se le detenía.

Miró hacia el pasillo.

Su hijo todavía estaba en su habitación.

—No vuelvas a mencionarlo.

—¿Por qué? ¿Te preocupa que descubra quién es su padre?

Ana Julia apretó los dientes.

—No tienes derecho a hablar de él.

—¿Y Gael sí?

Ana Julia quedó completamente en silencio.

La mujer había pronunciado su nombre.

Eso significaba que sabía demasiado.

—¿Qué quieres de mí?

—Solo quiero hablar.

—No tenemos nada de qué hablar.

—Claro que sí.

—Después de todos estos años, no.

—Ana, tú nunca supiste toda la verdad.

Aquellas palabras hicieron que Ana Julia sintiera un vacío en el estómago.

—¿Qué verdad?

La mujer guardó silencio.

—La verdad sobre aquella noche.

Ana Julia comenzó a recordar.

La escuela.

Los amigos de Gael.

Las risas.

El teléfono.

El video.

La humillación.

Las palabras que había escuchado.

“Ella cumplió el reto.”

Había creído que lo sabía todo.

Pero ahora aquella mujer decía que no.

—¿Tú sabías lo de la apuesta?

—Sí.

Ana Julia sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—¿Desde cuándo?

—Desde el principio.

Ana Julia cerró los ojos.

—Entonces eras tú.

—¿Yo qué?

—La persona que sabía todo.

—Sabía algunas cosas.

—Me viste destruirme y no hiciste nada.

La mujer suspiró.

—No fue tan sencillo.

—Para mí sí.

Ana Julia sintió que la voz le temblaba.

—Yo confiaba en ti.

—Y yo confiaba en ti.

Ana Julia frunció el ceño.

—¿De qué estás hablando?

—Algún día lo entenderás.

—No. Dímelo ahora.

La llamada quedó en silencio.

Después la mujer dijo:

—Busca la fotografía del último día que estuvimos juntas.

Ana Julia sintió un escalofrío.

—¿Qué fotografía?

—La que tomamos antes de que todo cambiara.

—¿Por qué?

—Porque detrás de esa fotografía está la primera respuesta.

La llamada terminó.

Ana Julia se quedó mirando el teléfono.

—¿Hola?

Nada.

Había colgado.

Su madre apareció en la cocina.

—¿Quién era?

Ana Julia levantó la mirada.

—Ella.

Su madre supo inmediatamente de quién hablaba.

—¿Tu antigua amiga?

Ana Julia asintió.

—Me llamó.

—¿Qué quería?

—Dice que sabe la verdad.

—¿Qué verdad?

Ana Julia tragó saliva.

—Sobre la apuesta.

Su madre se acercó.

—¿Te dijo algo más?

—Sabe que regresé.

—Eso puede saberlo cualquiera.

Ana Julia negó con la cabeza.

—También sabe que tengo un hijo.

Su madre se quedó inmóvil.

—¿Cómo?

—No lo sé.

—¿Mencionó a Gael?

Ana Julia asintió.

Su madre respiró profundamente.

—Ana, esto ya no parece una coincidencia.

—Lo sé.

—Tenemos que descubrir quién es esa mujer.

—Lo haré.

—Pero no sola.

Ana Julia la miró.

—¿Qué quieres decir?

—Que ya no eres la chica de aquella época.

—Lo sé.

—Ahora tienes una familia.

Ana Julia miró hacia la habitación de su hijo.

—Y por eso tengo más miedo.

En otra parte de la ciudad, Gael observaba el mismo nombre escrito en una hoja.

Sofía Han.

Su antigua compañera de escuela.

La chica que siempre había estado cerca de Ana Julia.

La amiga que parecía saberlo todo.

Minho estaba frente a él.

—¿Estás seguro de que es ella?

—Sí.

—¿Qué recuerdas de ella?

Gael se quedó pensando.

—Era muy cercana a Ana.

—¿Y después?

—Desapareció.

—¿Cuándo?

Gael revisó algunos documentos.

—Poco después de que Ana Julia se fue.

Minho frunció el ceño.

—Eso es demasiada coincidencia.

—Lo sé.

—¿Y dónde está ahora?

Gael levantó la mirada.

—No lo sé.

—Entonces tenemos que encontrarla.

—Ya la estamos buscando.

Minho tomó el teléfono.

—Tengo una dirección.

Gael se levantó inmediatamente.

—Vamos.

—Espera.

—¿Qué?

—No sabemos qué quiere.

Gael respiró profundamente.

—Precisamente por eso quiero hablar con ella.

Mientras tanto, Ana Julia abrió una caja que había guardado durante años.

Estaba en el fondo de un armario.

Había fotografías antiguas.

Cartas.

Algunos recuerdos de la escuela.

Ana Julia comenzó a revisarlos.

Hasta que encontró una fotografía.

Ella y Sofía.

Las dos sonriendo.

Era la última fotografía que habían tomado juntas.




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