La apuesta que me convirtió en su peor error

CAPÍTULO 16 La verdad detrás de la fotografía

La casa estaba en silencio.

Demasiado silencio.

Ana Julia permanecía de pie frente a Gael, con los brazos cruzados y una expresión que no dejaba espacio para dudas.

—Puedes ayudarme —dijo finalmente—. Pero bajo mis condiciones.

Gael asintió lentamente.

—Dime cuáles son.

Ana Julia respiró profundamente.

—No te vas a acercar a mi hijo.

Gael bajó la mirada por unos segundos.

Aquellas palabras dolían más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—Está bien.

—No vas a hablarle.

—Está bien.

—Y tampoco vas a decirle quién eres.

Gael levantó los ojos.

—Ana...

—No —lo interrumpió ella—. Esto no es negociable.

Él apretó la mandíbula.

—Entiendo.

Ana Julia sostuvo su mirada.

—Mi hijo no tiene la culpa de nada de lo que pasó entre nosotros.

—Lo sé.

—Y tampoco voy a permitir que vuelva a sufrir por algo que hicieron otras personas.

Gael se quedó callado.

Durante años había pensado que el mayor daño de aquella historia había sido el video.

Ahora comenzaba a entender que el video solo había sido una parte de algo mucho más grande.

—¿Qué quieres que haga? —preguntó.

Ana Julia caminó hasta la mesa y tomó la fotografía que Sofía le había dejado.

La observó nuevamente.

El número 27 seguía escrito detrás.

—Quiero saber qué significa esto.

Gael tomó la fotografía.

La giró.

—¿Veintisiete?

—Sofía me dijo que aquí estaba la primera respuesta.

Gael observó la imagen con atención.

Era una fotografía antigua.

Ana Julia aparecía sonriendo junto a Sofía y otros compañeros.

Gael también estaba allí.

Era el último día antes de que todo cambiara.

—Esta foto fue tomada antes de que ocurriera el problema —murmuró.

—Exactamente.

—¿Quién la tenía?

—Sofía.

Gael volvió a mirar el número.

—¿Por qué marcaría alguien una fotografía con un número?

—Eso es lo que tenemos que descubrir.

En ese momento, el teléfono de Ana Julia vibró.

Los dos miraron la pantalla.

Número desconocido.

Ana Julia sintió un escalofrío.

No quería contestar.

Pero algo dentro de ella le decía que debía hacerlo.

Presionó el botón.

—¿Sí?

Al principio no escuchó nada.

Solo respiración.

Luego una voz.

—Te dije que no regresaras.

Ana Julia se quedó inmóvil.

Gael inmediatamente se acercó.

—¿Quién eres?

La persona al otro lado soltó una pequeña risa.

—No eres la única que guarda secretos, Ana Julia.

La llamada terminó.

Ana Julia dejó lentamente el teléfono sobre la mesa.

—¿Qué dijo? —preguntó Gael.

Ella lo miró.

—Dijo que no debí regresar.

Gael tomó su teléfono.

—Tenemos que rastrear la llamada.

—¿Puedes hacerlo?

—Minho puede intentarlo.

Gael salió unos pasos de la habitación y llamó a su amigo.

Mientras esperaba respuesta, Ana Julia volvió a mirar la fotografía.

Algo no encajaba.

La imagen estaba vieja, pero había un detalle que nunca había notado.

En el fondo aparecía una persona.

Alguien que no pertenecía al grupo.

Ana Julia acercó la fotografía a sus ojos.

—Gael...

Él regresó.

—¿Qué pasa?

Ella señaló la imagen.

—Mira.

Gael se inclinó.

—¿Quién es ese?

—No lo sé.

En el fondo de la fotografía, detrás de varias personas, aparecía un hombre vestido de negro.

No se le veía claramente el rostro.

Pero parecía estar mirando directamente hacia la cámara.

—¿Lo conocías? —preguntó Gael.

Ana Julia negó con la cabeza.

—Nunca lo había visto.

Gael tomó la fotografía nuevamente.

—Tal vez Sofía sí.

—Tenemos que encontrarla.

—Ya la estoy buscando.

Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Sofía permanecía sentada frente a una ventana.

Tenía las manos temblando.

Había cometido un error.

Un error que podía costarle caro.

Su teléfono vibró.

Miró la pantalla.

Número desconocido.

No quería contestar.

Pero lo hizo.

—¿Sí?

—¿Por qué hablaste con Ana?

Sofía cerró los ojos.

—Porque ya no puedo seguir ocultándolo.

—No eres tú quien decide cuándo termina esto.

—Han pasado años.

—Y aun así sigues teniendo miedo.

Sofía permaneció callada.

—¿Creíste que porque Ana Julia regresó todo iba a terminar?

—No.

—Entonces sabes qué hacer.

—No voy a hacerlo.

Hubo un silencio.

—Sofía...

La voz al otro lado cambió.

Se volvió más fría.

—Recuerda lo que pasó con tu familia.

Sofía palideció.

—No los metas en esto.

—Entonces deja de hablar.

La llamada terminó.

Sofía comenzó a llorar.

Había pasado años intentando olvidar.

Pero algunas cosas nunca desaparecían.

Solo esperaban.

En la casa de Ana Julia, Gael recibió un mensaje de Minho.

“Encontré algo.”

Gael abrió inmediatamente la conversación.

Había una fotografía.

Era una imagen ampliada de la antigua fotografía.

Minho había logrado mejorar la calidad del fondo.

Ahora el rostro del hombre se veía un poco más claro.

Gael sintió que el corazón se le detenía.

—No puede ser...

Ana Julia lo miró.

—¿Qué pasa?

Gael no respondió.

Le mostró la pantalla.

Ana Julia observó la imagen.

Su rostro perdió el color.

—Yo lo conozco.

—¿Quién es?

Ella tardó unos segundos en responder.

—Era amigo de uno de tus amigos.

Gael frunció el ceño.

—¿Cuál?

Ana Julia tragó saliva.

—Daniel.

Gael se quedó inmóvil.

Daniel.

Uno de los chicos que había estado presente cuando comenzó aquella maldita apuesta.

Uno de los que siempre había estado cerca.




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