Ana Julia no podía apartar los ojos de la pantalla.
La grabación estaba congelada.
Dos hombres entrando al Hotel Hanseong.
Su padre.
Y el padre de Gael.
La misma noche en que ella había recibido la noticia de que su padre había muerto.
—Ponla otra vez —dijo Ana Julia.
Minho volvió a reproducir el video.
La imagen era antigua y la calidad no era perfecta, pero los rostros se distinguían.
Héctor Han entraba primero.
Unos segundos después aparecía el padre de Gael.
Ambos caminaban hacia el ascensor.
—¿A qué hora fue grabado? —preguntó Ana Julia.
Minho miró el registro.
—A las diez y diecisiete de la noche.
Ana Julia cerró los ojos.
Recordaba aquella noche.
Recordaba a su madre llorando.
Recordaba el teléfono sonando.
Recordaba que alguien les había dicho que su padre había tenido un accidente.
Pero había algo que nunca había entendido.
Nunca habían podido despedirse de él.
—¿A qué hora dijeron que murió? —preguntó Gael.
Ana Julia abrió los ojos.
—A las once y cuarenta.
Gael miró a Minho.
—Entonces tenemos más de una hora entre la grabación y la hora oficial de su muerte.
—Exactamente —respondió Minho.
Ana Julia sintió que las manos comenzaban a temblarle.
—¿Qué ocurrió durante esa hora?
Minho negó con la cabeza.
—Eso es lo que todavía no sabemos.
Minho amplió las imágenes.
El ascensor subía hasta el piso veintisiete.
Ana Julia lo observó.
—Veintisiete...
Gael asintió lentamente.
—El mismo número.
—No puede ser una coincidencia —dijo ella.
Minho abrió otro archivo.
—Hay algo más.
Apareció el plano del hotel.
—La habitación 2704.
Ana Julia se acercó.
—¿Qué tiene?
—Fue reservada aquella noche.
—¿A nombre de quién?
Minho miró a Gael.
—A nombre de una empresa.
—¿Cuál?
Minho mostró el documento.
Ana Julia sintió un escalofrío.
La empresa tenía el mismo nombre que la sociedad que había movido el dinero de la apuesta.
Gael se quedó inmóvil.
—La misma empresa...
—Sí —dijo Minho.
Ana Julia respiró profundamente.
—Entonces mi padre estuvo allí por una razón.
—Y mi padre también —añadió Gael.
Decidieron ir al hotel.
No podían esperar más.
Si aquella habitación todavía conservaba algún registro, quizá allí encontrarían la respuesta.
Cuando llegaron, el edificio parecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Ana Julia caminaba junto a Gael.
Cada paso le hacía sentir que estaba acercándose a una parte de su pasado que había intentado enterrar durante años.
En recepción, Minho mostró los documentos.
—Buscamos información de una reserva antigua.
El empleado revisó el sistema.
—Es demasiado antigua.
—Necesitamos los archivos físicos.
El empleado dudó.
—Tendría que hablar con el administrador.
Minho sacó una fotografía.
—Buscamos esta habitación.
El hombre observó la imagen.
Su expresión cambió.
—La 2704.
—Sí.
El empleado bajó la voz.
—Esa habitación no existe actualmente.
Ana Julia frunció el ceño.
—¿Cómo que no existe?
—Después de una remodelación, ese número fue eliminado.
—¿Por qué?
El empleado dudó.
—Hubo un incidente.
Gael dio un paso adelante.
—¿Qué clase de incidente?
—No puedo hablar de eso.
—Necesitamos saberlo.
El hombre miró alrededor.
Finalmente habló.
—Hace años hubo un incendio en ese piso.
Ana Julia sintió un nudo en el estómago.
—¿Un incendio?
—Sí.
—¿La noche del 27?
El empleado la miró sorprendido.
—¿Cómo sabe eso?
Ana Julia no respondió.
El hombre bajó la mirada.
—Esa noche desaparecieron algunos registros.
—¿Desaparecieron?
—Sí.
—¿Quién los retiró?
El empleado negó con la cabeza.
—No lo sé.
Gael observó a Minho.
—¿Puedes conseguir los registros antiguos?
—Voy a intentarlo.
Mientras Minho hablaba con el administrador, Ana Julia se quedó mirando el ascensor.
El número 27 estaba iluminado.
Sintió un escalofrío.
—¿Estás bien? —preguntó Gael.
—No.
—Lo siento.
Ana Julia lo miró.
—Deja de disculparte.
—No puedo.
—¿Por qué?
Gael tardó unos segundos en responder.
—Porque cada vez que descubro algo nuevo, siento que estoy entendiendo cuánto daño te hice.
Ana Julia bajó la mirada.
—Yo también cometí errores.
—Pero no hiciste lo que yo hice.
—No.
El silencio entre ellos fue incómodo.
—Gael.
—¿Sí?
—Si descubrimos que nuestros padres estaban involucrados...
Él esperó.
—¿Qué vas a hacer?
—Lo que sea necesario.
—Incluso si eso destruye a tu familia.
Gael la miró directamente.
—La verdad vale más que una familia construida sobre mentiras.
Ana Julia sintió que algo dentro de ella se movía.
Por primera vez, Gael no estaba intentando justificarse.
Estaba dispuesto a enfrentarse a su propia familia.
Minho regresó.
—Encontré al administrador de aquella época.
—¿Dónde está? —preguntó Gael.
—Vive fuera de Seúl.
—¿Podemos hablar con él?
—Sí.
—Entonces vamos.
Pero antes de salir, el empleado de recepción llamó a Ana Julia.
—Señorita.
Ella se giró.
El hombre sostenía un pequeño sobre.
—Encontré esto en un archivo antiguo.
Ana Julia lo tomó.
—¿Qué es?
—Estaba dentro de una carpeta relacionada con la habitación 2704.
Ella miró el sobre.
No tenía nombre.
Solo una fecha.
27 de agosto.
Ana Julia lo abrió.
Dentro había una pequeña llave.
Y una nota.
“Si estás leyendo esto, significa que él no cumplió su promesa.”