La pantalla permaneció completamente negra.
Ana Julia no podía moverse.
Seguía mirando el computador como si, al hacerlo durante suficiente tiempo, pudiera cambiar lo que acababa de ver.
Pero no podía.
La persona del video era real.
La voz era real.
Y el rostro también.
Gael estaba de pie a su lado.
Su expresión había cambiado por completo.
—No puede ser —murmuró.
Ana Julia sintió que las lágrimas comenzaban a caer.
—Sí puede.
—Ana...
—Lo conocemos.
Gael cerró los ojos.
—Desde hace años.
Ella asintió.
Durante unos segundos ninguno pudo pronunciar el nombre.
Porque decirlo significaba aceptar que todo aquello había sido una mentira.
Una mentira que había estado frente a ellos durante años.
Finalmente, Ana Julia habló.
—Fue Sofía.
Gael abrió los ojos.
—Sí.
La puerta se abrió de repente.
Minho entró.
—¿Qué ocurrió?
Gael giró el computador hacia él.
—Mira el video.
Minho observó la grabación.
Su rostro cambió al reconocer a la persona.
—Sofía...
Ana Julia asintió.
—Ella estaba allí.
—Pero eso no tiene sentido —dijo Minho—. Sofía dijo que la habían amenazado.
—Quizá estaba diciendo la verdad —respondió Ana Julia.
Gael frunció el ceño.
—¿Cómo puede estar diciendo la verdad si ella fue quien organizó todo?
Ana Julia negó.
—No sabemos si lo organizó.
—La grabación demuestra que estaba involucrada.
—No demuestra que fuera la persona que comenzó todo.
Minho volvió a mirar el video.
—Entonces hay algo que todavía no estamos viendo.
Ana Julia se levantó.
—Tenemos que encontrarla.
Gael la miró.
—¿Estás segura?
—No.
Respiró profundamente.
—Pero necesito escucharla.
La llamaron.
Una vez.
Nada.
Dos veces.
Nada.
A la tercera llamada, Sofía respondió.
—¿Qué quieres?
Ana Julia sintió que la voz se le quebraba.
—Ya lo sé.
Silencio.
—Sé que estabas en el hotel.
Sofía respiró profundamente.
—¿Viste el video?
—Sí.
—Entonces ya no tiene sentido que siga escondiéndome.
Gael tomó el teléfono.
—¿Por qué lo hiciste?
Sofía comenzó a llorar.
—Yo no hice la apuesta.
—Pero estabas allí.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque me obligaron.
Ana Julia cerró los ojos.
—¿Quién?
Sofía tardó en responder.
—Tu padre.
Ana Julia sintió que el mundo se detenía.
—¿Mi padre?
—Sí.
—Eso no puede ser.
—Tu padre descubrió que alguien estaba utilizando a tu familia.
—¿Quién?
—No lo sé.
—¡Sofía!
—¡Te estoy diciendo la verdad!
La voz de Sofía se quebró.
—Tu padre quería protegerte.
Ana Julia apretó el teléfono.
—Entonces, ¿por qué participaste?
—Porque tenía miedo.
—¿De quién?
Sofía guardó silencio.
—Sofía.
—De la misma persona que ahora está detrás de ti.
Gael tomó el teléfono.
—¿Dónde estás?
—No puedo decirlo.
—Necesitamos hablar contigo.
—No puedo volver.
—Sofía...
—Gael, escucha.
La voz de Sofía se volvió seria.
—La apuesta no fue creada para que tú estuvieras con Ana.
Gael frunció el ceño.
—¿Entonces para qué?
—Para grabarla.
Ana Julia sintió un escalofrío.
—Eso ya lo sabíamos.
—No.
Sofía respiró profundamente.
—No querían simplemente grabar un video.
—¿Qué querían? —preguntó Ana Julia.
—Querían una prueba.
—¿Una prueba de qué?
Sofía no respondió.
—¡Habla!
—De que tú eras hija de Héctor Han.
Ana Julia quedó paralizada.
—¿Qué?
—Querían demostrar que tu padre tenía una relación con una persona de la familia de Gael.
Gael abrió los ojos.
—¿Qué estás diciendo?
—Lo que escuchaste.
—¿Qué relación?
Sofía comenzó a llorar.
—No lo sé.
—¡Sofía!
—Yo nunca supe toda la historia.
—Pero estabas allí.
—Sí.
—Entonces dime qué ocurrió.
Hubo un largo silencio.
Finalmente, Sofía dijo:
—La noche del 27, nuestros padres discutieron porque tu padre quería romper un acuerdo.
—¿Qué acuerdo?
—No lo sé.
—¿Y el padre de Gael?
—Él tampoco quería continuar.
Gael sintió un nudo en el estómago.
—¿Continuar con qué?
—Con el silencio.
Ana Julia se llevó una mano al pecho.
—¿Silencio sobre qué?
Sofía respiró profundamente.
—Sobre la verdadera razón por la que tu padre fingió su muerte.
Ana Julia dejó caer el teléfono.
Gael la miró.
—Ana...
Ella apenas podía respirar.
—Mi padre...
Gael recogió el teléfono.
—Sofía, termina la frase.
Pero la llamada ya había terminado.
Ana Julia se quedó inmóvil.
Todo lo que había creído durante años se estaba derrumbando.
Su padre podía estar vivo.
Había fingido su muerte.
Había estado relacionado con el padre de Gael.
Y alguien había utilizado a sus propios hijos para mantener un secreto.
—No entiendo —susurró.
Gael se acercó.
—Lo vamos a descubrir.
Ana Julia lo miró.
—¿Y si mi padre realmente hizo todo esto?
—Entonces tendremos que saber por qué.
—¿Y si él fue quien empezó la apuesta?
Gael negó.
—Sofía dijo que no.
Ana Julia bajó la mirada.
—Pero ya no sé qué creer.
Minho recibió un mensaje.
—Encontré a Sofía.
Ana Julia levantó inmediatamente la cabeza.
—¿Dónde?
—En un apartamento al sur de la ciudad.
Gael tomó las llaves.
—Vamos.
—No —dijo Ana Julia.
Gael se detuvo.
—¿Qué?
—Yo voy sola.
—Es peligroso.
—Precisamente por eso.
—Ana...
—Necesito hablar con ella sin que tenga miedo de ti.